1. El pasado 19 de abril publiqué una entrada , titulada “La historia de diez años de vida laboral y sindical a través de las Jornadas jurídicas de Derecho Laboral y Sindical organizadas por el gabinete técnico-jurídico de Comisiones Obreras de Cataluña (2017-2026)”, con motivos de la celebración de las novenas Jornadas los días 28 y 29 de mayo , en la que tengo la satisfacción de intervenir en el acto de inauguración en mi condición de Presidente del Consejo Económico y Social de Barcelona https://www.barcelona.cat/cesb/es/saludo-del-presidente-del-cesb-eduardo-rojo-torrecilla
Las novenas
Jornadas están dedicadas al impacto de la inteligencia artificial en las
relaciones laborales y en la jurisdicción social. Se abordarán por ponentes de
reconocido prestigio y con la participación de las y los miembro del gabinete
jurídico de CCOO (puede consultarse aquí el programa ) temáticas tan relevantes como la incidencia de la IA en la representación y
participación en la empresa, es decir la centralidad de los derechos de
información y consulta”; el impacto en la prevención de riesgos laborales desde
una perspectiva de género”; su relevancia en el sistema judicial y su
aplicación en la resolución de conflictos laborales”; su afectación a la
Seguridad Social.
2. En muy pocas
ocasiones la celebración de unas Jornadas de contenido laboral sobre el impacto
de la Inteligencia Artificial, y ya se han celebrado muchos y están programadas
más en poco tiempo (muy importante, sin duda, es el II Congreso sobre IA yDigitalización del Trabajo , que se celebrará en Valencia los días
25 y 26 de junio, dirigido por los profesores Adrián Todoli e Ignasi Beltrán)
habrá coincidido en el tiempo con un documento muy importante que aborda, de
forma concreta en una parte de su contenido y siendo a mi parecer de interés
general, la misma temática.
Estoy (casi) seguro)
de que los lectores y lectoras saben que me refiero a la Encíclica “Magnifica Humanitas” , presentada el 25 de mayo por el PapaLeón XIV y firmada el día 15, fecha en la que se
cumplían 135 años de la Encíclica Rerum Novarum, de León XIII.
Durante el acto de
presentación, León XIV recordó que
“mi venerable
predecesor León XIII observó la situación de los obreros, sus familias
desarraigadas y las nuevas formas de pobreza generadas por la rápida
transformación industrial. Comprendió que la Iglesia no podía permanecer al
margen. En un punto de inflexión trascendental que amenazaba la dignidad
humana, la encíclica Rerum Novarum pronunció su mensaje evangélico y social
sobre las «novedades» que se avecinaban”,
añadiendo después
que
“... Hoy nos
encontramos ante una transformación de magnitud similar, con consecuencias
quizás aún mayores. La inteligencia artificial ya influye en muchos ámbitos de
nuestra vida y afecta a las decisiones que configuran la convivencia humana.
También está cambiando drásticamente la forma en que se libra la guerra”, y que
“... Al igual que el anterior «León», siento la responsabilidad de contemplar
otra gran transformación con ojos de fe, con lucidez racional, con apertura al
misterio y con el clamor de los pobres y de la tierra resonando en mi corazón”.
3. Dediqué gran parte
de la tarde del lunes 25 y de la mañana del día 26 a la lectura de la Encíclica.
Lo hice con la necesaria calma y tranquilidad para leer un documento que requiere
“saborear”, si me permiten la expresión, cada párrafo y pararte además a reflexionar
sobre el mensaje que hay detrás de la gran parte de ellos. Convertido el texto
publicado en la página web de la Santa Sede a formato times new roman 12,
párrafo sencillo, el documento tiene un total de 83 páginas, siendo 70 las de
la Encíclica y 13 de nada más ni nada menos que 224 notas a pie de página.
Una parte de la Encíclica, como recogeré
más adelante, está dedicada a efectuar un recordatorio de las Encíclicas
anteriores que desde la Rerum Novarum han abordado la cuestión social y también
una síntesis de aquellos contenidos que pueden ponerse en perfecta relación con
la realidad social actual. Me ha sido particularmente gratificante la lectura
de este bloque de la Encíclica, ya que hace muchos años, publicaba el Cuaderno
núm. 1 del centro de estudios Cristianismo y Justicia (1982) titulado “El sindicalismo en la década de los ochenta
(Algunos retos planteados)” , en el que dediqué una amplia parte de su contenido al “Reconocimiento
de los derechos sindicales de asociación y de huelga en las Encíclicas y demás
documentos eclesiales. especial referencia a la “Laborem Exercens”.
En mi referencia a la Rerum Novarum exponía que
“... el Papa reconoce el derecho natural a la asociación (y se remite para ello a las Sagradas Escrituras). El Estado no puede prohibir este derecho "porque el derecho de formar sociedades privadas es un derecho natural al hombre, y la sociedad civil ha sido instituida para defender, no aniquilar el derecho natural..." (n. 65). Sólo puede oponerse a su creación "cuando de propósito pretendan algo que a la probidad, a la justicia, al bien común del Estado claramente contradiga..." (n. 66).
Se pronuncia León XIII por la urgente necesidad de las asociaciones obreras católicas, e incita a los obreros católicos a que formen las mismas y junten sus fuerzas. Su fin "debe ser el conseguir el mayor beneficio posible, tanto físico como económico y social para cada uno de los asociados" (n 72). El Papa se muestra partidario del establecimiento de medidas especiales de arbitraje y previsión para resolver todos los problemas entre empresas y trabaja dores. Al mismo tiempo, y en una clara opción ideológica, pone en guardia a los trabajadores contra las asociaciones socialistas, por entender que éstas no pueden representar los intereses del mundo del trabajo”.
Y, dando un gran salto en el tiempo, en el citado Cuaderno me refería a la “Laborem Excercens” de Juan Pablo II (14 de septiembre de 1981), en la que el Papa defendió a los sindicatos Juan, Pablo II defendió a los sindicatos para la defensa de los intereses profesionales "como un elemento indispensable de la vida social, especialmente en las sociedades modernas industrializadas...".
También me refería en el Cuaderno, y leyéndolo en perspectiva actual sigue habiendo cuestiones que tienen la misma, o incluso más, relevancia, para el mundo sindical, a que nos encontrábamos en
“... "(la) Tercera Revolución Industrial o la sociedad post-industrial" (D. Bell), y que lleva consigo: una sociedad multitecnificada, con sofisticados avances tecnológicos de gran impacto (especialmente la microelectrónica y la robótica); un cambio acelerado en la composición de la clase trabajadora y en sus pautas de vida y conducta social, con una mayor presencia de trabajadores altamente cualificados (técnicos, cuadros, mandos intermedios); reducción de la jornada laboral, a fin de poder disponer de más tiempo libre y propio, lo cual supone cuestionarse la organización del ocio; una nueva división internacional del trabajo en la que cada vez cobran más fuerza las sociedades transnacionales, lo que significa que decisiones que afectan a diferentes países pueden adoptarse a miles de kilómetros de los mismos”
4. He considero útil, tanto para utilizarlo (obviamente de forma muy esquemática) en la presentación de las novenas Jornadas como para resaltar la importancia del contenido sociopolítico y laboral de la Encíclica, seleccionar aquellos fragmentos que guardan relación directa o indirecta con el mundo del trabajo, y les puedo asegurar que tal selección no ha sido en absoluto fácil, ya que prácticamente toda ella afecta al mundo laboral.
Aquello que recojo
a continuación en esta entrada es mi parecer personal y muy subjetivo de las
partes, contenidos, fragmentos, que creo más relevantes y que merecerían sin
duda una jornada monográfica dedicada al texto íntegro de la Encíclica. Y como
la selección es personal y muy subjetiva, no le he pedido ayuda a la IA, con la
que últimamente tengo algún “desencuentro”: en una consulta realizada
justamente sobre “la Encíclica del Papa León XIV”, me respondió que “no hay
ningún Papa con el nombre de León XIV”. Muy sorprendido por mi parte de la “falta
de cultura” de la IA, le formulé una segunda pregunta en la que introduje la
denominación literal de la Encíclica, y como un buen alumno o alumna respondió
que me pedía “disculpas por el error cometido en la primera pregunta” y que
efectivamente sí “hay un Papa León XIV”. Traigo a colación esta anécdota como
reflejo de aquello que puede ocurrir cuando trabajamos con la IA.
5. Antes de reproducir
la selección efectuada, me permito recomendar una vez más nuevas lecturas de
las que he tenido conocimiento (leídas total o muy parcialmente) y que versan
sobre el impacto de la inteligencia artificial en el mundo del trabajo. Continúo
de esta forma con las anteriores recomendaciones efectuadas en
Entrada “Sobre
tecnología, inteligencia artificial y gestión algorítmica. Impacto en el mundo
del trabajo. Presentación, y ordenación y recopilación de artículos publicados
en el blog (2020-2026)”
Entrada “Nuevas
aportaciones legales y doctrinales sobre el impacto de la Inteligencia
Artificial en las relaciones de trabajo y en la vida política, económica y
social”
Entrada “A vueltas
con los debates sobre la Inteligencia Artificial (y en especial su impacto
sobre la vida laboral). A propósito del Anteproyecto de Ley para su buen uso y
gobernanza, y otros documentos de interés”
Entrada “La
inteligencia artificial a debate en la próxima Conferencia anual de la OIT.
Notas descriptivas de la Memoria del Director General, y repaso a nuevas
aportaciones de interés laboral”
A) El Consejo de
Ministros celebrado el 26 de mayo aprobó el proyecto de Ley Orgánica para el
buen uso y la gobernanza de la inteligencia artificial, que adapta al
ordenamiento jurídico español el Reglamento europeo de Inteligencia Artificial
(RIA), en vigor desde agosto de 2024 En la nota de prensa de presentación del proyecto se expone que
“La Ley establece
un marco de gobernanza mediante la designación de autoridades notificantes y
autoridades de vigilancia del mercado, encargadas de supervisar el cumplimiento
de la normativa. Establece que aquellos productos ya regulados por normas
sectoriales, como maquinaria, juguetes, vehículos o productos sanitarios,
mantendrán su misma Autoridad notificante y Autoridad de Vigilancia del
Mercado, en línea con la propuesta del Reglamento de IA.
El resto de los
sistemas no regulados por legislación de producto, como los relativos al empleo, biometría o
educación, se atribuyen principalmente a la Agencia de Supervisión de
Inteligencia Artificial (AESIA), así como a la Agencia Española de Protección
de Datos (AEPD) y el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), en función
del ámbito a supervisar. También promueve un modelo de colaboración
institucional reforzado, incluyendo mecanismos de coordinación entre
autoridades y un punto de contacto único para cuestiones de supervisión a
través de la AESIA” (la negrita es mía).
B) El Consejo de
la UE aprobó el 11 de mayo sus conclusiones “sobre el profesorado en la era de la Inteligencia Artificial”, publicadas el
26 de mayo en el Diario Oficial UE, en las que, entre otras medidas, invita a
los Estados miembros a que
“48. exploren y
aprovechen el potencial de la IA para respaldar enfoques inclusivos,
personalizados y centrados en el alumnado, también en la educación profesional
y el aprendizaje en el trabajo;
49. tengan
debidamente en cuenta los efectos de la IA en la carga de trabajo, las
actividades de evaluación y las tareas administrativas del profesorado, con
vistas a garantizar sus derechos a través de unas condiciones de trabajo
sostenibles y favorables;
50.apoyen el
bienestar del profesorado, velando por que la IA contribuya a mejorar los
procesos de enseñanza y aprendizaje sin crear presiones indebidas”.
C) Dos artículos
de un destacado ex dirigente sindicalista; Joaquím González, en su blog, deben
merecer en especial la atención de las personas asistentes a las novenas
Jornadas jurídicas y sindicales de CCOO de Catalunya.
a) "La IA, cita
histórica para los sindicatos" . Subrayo, dado que las comparto plenamente, estas reflexiones:
“... la respuesta
no puede limitarse a resistir. Claro que hay que impedir despidos encubiertos
bajo la etiqueta de innovación, evitar que la automatización sirva para
precarizar el trabajo, y exigir transparencia en los sistemas algorítmicos que
evalúan personas, asignan turnos o fijan objetivos.
Pero no basta.
El reto consiste
en participar en el diseño del cambio, no solo gestionar sus daños. Hay una
diferencia profunda entre negociar consecuencias y participar en decisiones. Lo
primero reduce impactos. Lo segundo reparte poder...
... La IA ya está
llamando a la puerta de los centros de trabajo. La cuestión no es si entrará.
La cuestión está en qué condiciones entra y si, cuando se abra esa puerta,
estarán también sentados quienes trabajan, con sus sindicatos y con la fuerza y
la representación suficiente para garantizar una transición justa”.
b) “El riesgo delos textos impecables y las ideas vacías” .
Al explicar una
anécdota (¿o algo más) de una negociación de convenio colectivo, expone que
“... El problema
no es usar inteligencia artificial. El problema empieza cuando se usa mal —o
cuando se deja de usarla para pensar y se empieza a usarla para no hacerlo”, y también
que “... La pregunta ya no es si la IA va a cambiar nuestras vidas, porque lo
está haciendo mientras escribo esto. La pregunta verdadera es si permitiremos
que sustituya aquello que nos hace irreemplazables: la capacidad de pensar por
nosotros mismos, de asumir lo que pensamos y de defenderlo con convicción”.
D) En el primer
artículo citado de Joaquím González se encuentra el enlace a un documento
elaborado por OpenAi, la creadora de ChatGPT, de muy recomendable lectura, “Industrial
Policy for the Intelligence Age: Ideas to Keep People First” (Política
industrial para la era de la inteligencia artificial. Ideas para poner a las
personas en el centro”) , del que reproduzco un fragmento:
“Debemos aspirar a
un futuro en el que la superinteligencia beneficie a todos y en el que:
1. Compartamos la
prosperidad de forma generalizada. La promesa de la IA avanzada o es solo el
progreso tecnológico, sino una mayor calidad de vida para todos. Todo el mundo
debería tener la oportunidad de participar en las nuevas oportunidades que crea
la IA. El nivel de vida debería aumentar y las personas deberían experimentar
mejoras materiales a través de menores costes, mejor salud y educación, y mayor
seguridad y oportunidades. Si la IA acaba controlada por unos pocos y
beneficiando solo a estos, mientras que la mayoría de la gente carece de
capacidad de acción y de acceso a las oportunidades impulsadas por la IA,
habremos fracasado a la hora de cumplir su promesa.
2. Mitigar los
riesgos. La transición hacia la superinteligencia conllevará graves riesgos:
desde la perturbación económica hasta el uso indebido en ámbitos como la
ciberseguridad y la biología, pasando por la pérdida de alineación o control
sobre sistemas cada vez más potentes. Sin una mitigación eficaz, la gente se
verá perjudicada. Para evitar estos resultados es necesario crear nuevas
instituciones, salvaguardias técnicas y marcos de gobernanza, de modo que los
sistemas avanzados sigan siendo seguros, controlables y alineados, reduciendo
así el riesgo de daños a gran escala, protegiendo los sistemas críticos y
garantizando que las personas puedan confiar en la IA en su vida cotidiana. A
medida que aumenta la capacidad, la seguridad debe aumentar con ella.
3. Democratizar el
acceso y la capacidad de acción. A medida que avancen las capacidades, puede
que sea necesario controlar algunos sistemas por motivos de seguridad. Sin
embargo, la participación generalizada en la economía de la IA no debería
depender del acceso a los modelos más potentes, sino del acceso a una IA que
sea útil, asequible, respete la privacidad de las personas y amplíe su
capacidad de acción individual. Para evitar la concentración de riqueza y
control, será necesario garantizar que las personas de todo el mundo puedan
utilizar la IA de manera que les otorgue una influencia real en el trabajo, en
los mercados y a través de los procesos democráticos”.
E) Dos nuevas
aportaciones doctrinales son de indudable interés.
a) La monografía
de la profesora Ana García, “Inteligencia artificial y derechos colectivos. El impacto de la gestión laboral algorítmica
en los derecho colectivos” . Ha sido objeto de una excelente recensión por el profesor Antonio Baylos en su
reconocido blog. El prólogo de la obra, a cargo del director de la tesis doctoral
que está en el origen del libro, profesor Wilfredo Sanguinetti, está disponible
en este enlace . También dediqué mi atención a la tesis doctoral, a su síntesis y a las
conclusiones, en la entrada ante citada ““Nuevas aportaciones legales y
doctrinales sobre el impacto de la Inteligencia Artificial en las relaciones de
trabajo y en la vida política, económica y social”
b) La muy reciente
monografía de la profesora María José Romero, “Inteligencia artificial, género
y trabajo: propuestas jurídicas para la protección de la igualdad y la no
discriminación” El sumario permite conocer todo el contenido de la obra:
“1. Introducción.
2. Marco jurídico de la IA laboral: datos sensibles, supervisión y límites del
secreto empresarial. 3. Discriminación algorítmica y “problema del proxy” en el
reglamento europeo de inteligencia artificial. 4. Discriminación algorítmica.
5. Experiencias comparadas en la regulación de la IA laboral con perspectiva de
igualdad. 6. Gobernanza feminista de la IA en la empresa: más allá del
cumplimiento técnico. propuestas. 7. Igualdad y negociación colectiva ante la
IA: cláusulas de no discriminación algorítmica. Propuestas. 8. IA, cuidados y
organización del tiempo de trabajo: riesgos de discriminación indirecta.
Propuestas. 9. Autoridades de control y perspectiva de género: hacia una
supervisión proactiva de la IA laboral. 10. Conclusiones”.
F) Artículo de Valerio Di Stefano. “Labour Law, technology, and the attack on the rules-bases- order” (El Derecho laboral, la tecnología y el ataque al orden basado en las normas)
Su claro y
detallado resumen es el siguiente:
“Este artículo
sostiene que los debates actuales sobre la inteligencia artificial y la gestión
algorítmica en el ámbito laboral son también debates sobre el poder privado,
las prerrogativas directivas y la democracia. Sitúa los recientes ataques de
las grandes empresas tecnológicas y sus aliados políticos contra la Unión
Europea y otras instituciones internacionales basadas en normas en el marco de
una lucha más amplia sobre quién debe regular la tecnología y gobernar la
sociedad. Sostiene que el giro antidemocrático de algunos sectores del mundo
tecnológico está estrechamente relacionado con ideas autoritarias sobre el
trabajo, la jerarquía y la obediencia. El lugar de trabajo es uno de los
principales escenarios donde se ejerce la autoridad, se normaliza la vigilancia
y se forman hábitos de subordinación, con consecuencias que se extienden más
allá de las relaciones laborales hacia la vida democrática en general. En este
contexto, el artículo examina cómo la IA y la gestión algorítmica intensifican
el poder de los empleadores a través de la vigilancia omnipresente, la
evaluación automatizada, el análisis predictivo y la disciplina basada en
datos. Sostiene que los marcos jurídicos existentes, especialmente la
legislación sobre protección de datos, siguen siendo insuficientes a menos que
se les incorporen conceptos del derecho laboral que aborden el desequilibrio
estructural de poder en el trabajo. Por lo tanto, aboga por una mejora
sustancial del derecho laboral, límites más estrictos a la vigilancia digital y
un papel más sólido de la negociación colectiva, la codeterminación y la voz de
los trabajadores en la gobernanza de las tecnologías en el lugar de trabajo”. Sostiene que la legislación laboral es una de
las principales vías por las que el Estado de derecho se aplica al ámbito
laboral y permite que los trabajadores sigan siendo ciudadanos, y no súbditos,
mientras están en el trabajo. La regulación de la IA en el ámbito laboral es,
por lo tanto, una cuestión constitucional y democrática tanto como económica o
tecnológica”.
G) Emilio García “¿Un
punto de partida? Samsung y la primera huelga por los beneficios de la IA” publicado en Agenda Pública, el 27 de mayo. En
este artículo, su autor, que fue director del gabinete de la Secretaría de
Estado de Telecomunicaciones e Infraestructuras digitales (2020-2021), explica
el conflicto suscitado en la empresa coreana y enfatiza que su núcleo reside “en
el reparto equitativo de los réditos generados por la Inteligencia Artificial”,
concluyendo que
“... La falta de
un nuevo modelo de distribución justa de la riqueza generada por la IA será una
de las principales fuentes de tensión mientras no se resuelva. La huelga de
Samsung ha sido solo la avanzadilla de conflictos por llegar. El movimiento
ludita en el siglo XIX no fue un levantamiento contra el avance tecnológico.
Los obreros alzaron su voz contra la falta de respuestas políticas a la
precarización, los despidos masivos y la reducción de sus sueldos por la
introducción de las máquinas en los telares. No solo hay que debatir cuáles son
los guardarraíles para un uso seguro de una nueva tecnología sino también como
sus beneficios de todo tipo –especialmente los económicos— alcanzan a toda la
sociedad y generan bienestar”.
H) Artículo del profesor Daniel Pérez, “Representación de las personas trabajadoras e IA: derechos de información y consulta en un marco normativo en “red”, publicado el 28 de mayo en el reconocido blog del Foro de Labos. El artículo forma parte de la “Segunda iniciativa Interblogs de Derecho del Trabajo”, y el propósito del autor, muy bien logrado a mi parecer, es
“dejar encima de la mesa algunas líneas de reflexión sobre la vertiente colectiva, esto es, cómo cristaliza este principio en los derechos de información, también en ocasiones de consulta, de la representación de las personas trabajadoras”.
I) Por último, añado que en la página web https://layoffs.fyi/ se lleva a cabo “un seguimiento de los despidos en el sector tecnológico desde 2020”. Los datos disponibles de 2026 son “115 430 empleados del sector tecnológico despedidos; 152 empresas tecnológicas con despidos”. Para todo el 2025, estos fueron los datos recogidos: “124 636 empleados del sector tecnológico despedidos; 275 empresas tecnológicas con despidos”
6. Regreso ya a la Encíclica Magnífica Humanitas y adjunto a continuación la selección referenciada. En el texto adjunto hay partes sin destacar, otras que aparecen en negrita (importantes) y otras en negrita y subrayadas (muy importantes).
Buena, y tranquila,
lectura.
“Introducción
... Las “res novae” de nuestro tiempo
4.
Si en su momento León XIII hablaba de “nuevos asuntos”
( rerum novarum), hoy no podemos limitarnos simplemente a repetir
sus valiosas enseñanzas, sino que debemos pedirle a Dios la sabiduría para
interpretar las grandes tendencias de nuestro tiempo, en particular los avances
de la técnica. En los últimos años se ha hecho cada vez más evidente cuán
rápida y profundamente la digitalización, la inteligencia artificial (IA) y la
robótica están transformando nuestro mundo. La técnica no debe considerarse, en
sí misma, como una fuerza antagónica respecto a la persona; por el contrario,
está arraigada en nuestra historia desde el principio, en cuanto es «un hecho
profundamente humano, vinculado a la autonomía y libertad del hombre». [5] A
lo largo de los siglos, el desarrollo tecnológico ha contribuido a una mejora
significativa de las condiciones de vida de la humanidad; al mismo tiempo, cada
etapa del progreso también ha puesto de manifiesto el lado ambiguo de
instrumentos capaces de causar daño cuando no se orientan hacia el bien. Hoy,
sin embargo, nos encontramos ante una situación nueva, en la que el poder y la
omnipresencia de las tecnologías emergentes se entrelazan con el tejido de la
vida cotidiana, moldean los procesos de toma de decisiones e inciden
profundamente en el imaginario colectivo: «Nunca la humanidad tuvo tanto poder
sobre sí misma». [6]Las
nuevas tecnologías abren un horizonte que se extiende en direcciones que,
aunque intuibles, aún no podemos prever por completo. Esto hace que sea más
complejo evaluar su impacto y sus efectos a largo plazo sobre la dignidad de
las personas y el bien común.
5.
Ahora nos corresponde asumir con lucidez y responsabilidad los retos de nuestro
tiempo. Es necesario adoptar instrumentos normativos adecuados, capaces de
salvaguardar la justicia y de contener los efectos distorsionadores del poder
tecnológico. Pero la cuestión no se limita a la regulación. Como advertía
el Papa Francisco, debemos
preguntarnos con realismo quién detenta hoy ese poder y hacia qué fines lo
orienta.
6.
Precisamente por eso se imponen en nuestra conciencia preguntas decisivas, que
ya no pueden eludirse: ¿Hacia dónde vamos? ¿Hacia qué meta deseamos
orientarnos? ¿Qué dirección elegir como comunidad humana y como pueblos?
UN
PENSAMIENTO DINÁMICO FIEL AL EVANGELIO
17..
En cada época, de hecho, las res novae instan a esta enseñanza
a medirse con las preguntas de la historia a la luz de la Verdad revelada. Por
eso, también la IA debe entenderse no como un apéndice temático, o como una
emergencia que hay que gestionar, sino como una transformación que interpela
desde dentro las categorías de la Doctrina social y exige un mayor desarrollo
de la misma, en fidelidad al Evangelio.
18.
Sin embargo, este itinerario no sería realmente comprensible si, antes de
detenernos en la contribución de cada uno de los Pontífices y en los documentos
más relevantes, no aclaráramos algunas convicciones fundamentales sobre la
forma en que la Iglesia habita la historia y se relaciona con el mundo. Sin
esta aclaración, la Doctrina social correría el riesgo de parecer una
injerencia indebida en cuestiones temporales o un código ético externo que se
aplica arbitrariamente. En realidad, surge de una Iglesia que camina con la
humanidad, reconoce la autonomía de las realidades terrenas y la distinción
entre comunidad eclesial y comunidad política y, precisamente por eso, aspira a
servir al bien común.
La
Doctrina social como discernimiento comunitario
El
desarrollo del Magisterio social desde León XIII hasta hoy
28.
Tras haber recordado la forma en que la Iglesia se sitúa en la historia y
entabla diálogo con el mundo, deseo ahora detenerme en el desarrollo de la
Doctrina social en el Magisterio, que, desde el siglo XIX hasta nuestros días,
ha acompañado las grandes transformaciones sociales.
Los
primeros pasos de la Doctrina social de la Iglesia
30. La Encíclica Rerum novarum de León XIII constituye un hito en la
evolución del Magisterio social. El documento sitúa en el centro de su
reflexión la dignidad del trabajo y del trabajador, afirma el derecho a un
salario justo para uno mismo y para la propia familia, reconoce en las personas
un valor esencial que prevalece sobre el capital y el beneficio, defiende la
propiedad privada junto con su indispensable función social, aprecia las
asociaciones de trabajadores y propone formas de colaboración entre los
diversos componentes de la sociedad como alternativa a la lógica de la “lucha
de clases”. No sorprende, por tanto, que Pío XI la haya definido como la « Magna Charta» [25] de
la acción social de los cristianos: en Rerum novarum, la sabiduría ancestral de
la Iglesia sobre la persona y la vida en sociedad adquiere una nueva forma,
capaz de enfrentarse a la era industrial y de ofrecer el primer gran marco
sistemático de esa Doctrina social que las décadas siguientes desarrollarían
aún más. Aunque muchas de las condiciones históricas descritas por León XIII han
cambiado, al menos dos de sus principios siguen siendo de gran actualidad: la
primacía del trabajo humano sobre cualquier lógica puramente productiva o
financiera, con la consiguiente atención a las personas y a las familias más
expuestas a la explotación, y el vínculo indisoluble entre el anuncio
evangélico y la búsqueda de un orden social más justo.
31.
La Encíclica Quadragesimo anno de Pío XI, publicada en 1931 con motivo del 40° aniversario
de Rerum novarum y en pleno apogeo de la
gran crisis económica mundial, da un paso más en el desarrollo del Magisterio
social. Para nuestra época siguen siendo particularmente actuales al
menos tres intuiciones de su enseñanza social: la conciencia de que las
injusticias no se refieren sólo a los comportamientos individuales, sino
también a las estructuras económicas e institucionales; el valor del principio
de subsidiariedad, que invita a fortalecer el tejido asociativo y comunitario,
evitando nuevas concentraciones de poder; y el vínculo entre la dignidad del
trabajo, la justa remuneración y la posibilidad real para las familias de
llevar una vida humana digna.
32.
En el contexto dramático de la Segunda Guerra Mundial y de los años de la
reconstrucción, el Magisterio de Pío XII ofrece una contribución significativa al
desarrollo de la Doctrina social, sobre todo a través de los Mensajes
radiofónicos navideños, en los que esboza las líneas generales de un orden
internacional basado en el reconocimiento de la dignidad humana, la justicia y
la paz.
En
nuestra época, marcada por nuevas formas de poder global y por desigualdades
crecientes, siguen siendo especialmente significativos tres principios: la
exigencia de que el derecho prevalezca sobre el interés, la conciencia de que
las disparidades económicas son terreno fértil para las tensiones y la
violencia, y el valor de un tejido asociativo capaz de mediar entre el
individuo y el Estado. Estos siguen ofreciendo a la Doctrina social criterios
importantes para interpretar las dinámicas de la globalización y para promover
un orden internacional más justo y pacífico.
Los años del Concilio Vaticano II
33.
Con san Juan XXIII se abre
una nueva etapa del Magisterio social, marcada por una atención más explícita a
la dimensión mundial de las cuestiones sociales y al lenguaje de los derechos.
En Mater et magistra ..
Pocos años después, con Pacem in terris,... En nuestra época,
marcada por conflictos generalizados y nuevas formas de interdependencia
global, siguen siendo especialmente significativos el alcance universal de su
llamamiento, la referencia a los derechos humanos como lengua común y la convicción
de que una paz duradera requiere instituciones y relaciones entre los pueblos
inspiradas en la dignidad de cada persona.
34.
El Concilio Vaticano II marcó
un punto de inflexión en la forma en que la Iglesia se entiende a sí misma en
el mundo contemporáneo. En la Constitución pastoral Gaudium et spes nos presentó la
imagen de una Iglesia cercana a la humanidad, comprometida con el mundo y
dedicada a reflexionar no a partir de esquemas abstractos, sino de la realidad
concreta de las situaciones históricas. ...En este horizonte se inscribe
también la Declaración Dignitatis humanae, en la que el Concilio
reconoce que la libertad religiosa es un derecho fundamental arraigado en la
dignidad de la persona, que debe ser garantizado por el ordenamiento jurídico
para que nadie sea obligado a actuar en contra de su conciencia ni impedido de
buscar y profesar la verdad en privado y en público. [30] Este
principio, de gran relevancia para nuestro tiempo, sigue ofreciendo a la
Doctrina social criterios decisivos para la protección de la persona y para la
construcción de sociedades pluralistas y pacíficas.
35.
En el Pontificado de san Pablo VI surge una concepción de la
paz que no se reduce a la ausencia de guerra, sino que se concreta en el camino
hacia un desarrollo humano integral. En Populorum progressio, ...También la
creación de la Pontificia Comisión Iustitia et Pax debe
interpretarse en este sentido, como un intento de dar una forma estable, a
nivel eclesial e internacional, a esta intuición, manteniendo viva la
conciencia sobre la brecha creciente entre países ricos y países pobres y sobre
la necesidad de políticas que promuevan condiciones de vida realmente más
humanas para todos.
36.
Con la Octogesima adveniens, escrita con motivo
del 80° aniversario de la Rerum novarum, Pablo VI traslada esta perspectiva a
la sociedad postindustrial, marcada por transformaciones urbanas, nuevas formas
de pobreza, cambios en el mundo laboral y rápidos cambios culturales que ponen
en tela de juicio el futuro de las personas y las comunidades.... Para la
Doctrina social de la Iglesia, el legado más exigente de Pablo VI es
precisamente este: mientras en el mundo haya pueblos excluidos de un desarrollo
digno del ser humano, la comunidad cristiana no podrá contentarse con proclamar
la paz en abstracto, sino que deberá dejar que el Evangelio juzgue, a partir de
quienes quedan al margen, aquellas estructuras económicas y políticas que, como
recordaría Juan Pablo II, pueden convertirse en auténticas «estructuras de
pecado», [34] para
que ninguna persona ni ningún pueblo sea tratado como prescindible en los
procesos de desarrollo.
37.
El fecundo Magisterio social de san Juan Pablo II se
sitúa en la encrucijada entre la crisis de los grandes sistemas ideológicos del
siglo XX y el inicio de la globalización económica. En la Encíclica Laborem exercens, escrita noventa años
después de la publicación de Rerum novarum, se abre una nueva vía de
reflexión sobre el trabajo. El salario justo se presenta en ella como una
prueba concreta de la equidad de todo el sistema socioeconómico, ya que muestra
si al trabajador se le trata como persona o como un simple costo de producción. [35] El
trabajo no es considerado sólo un problema que hay que gestionar o un
medio para obtener ingresos, sino un bien fundamental para la persona,
principio de la actividad económica y clave de toda la cuestión social. En él,
el ser humano pone en juego su libertad, su creatividad y su capacidad de
cooperar, contribuyendo a la elevación cultural y moral de la sociedad. [36] En
vista de ello, las diversas formas de precariedad, la fragmentación de las
trayectorias profesionales y la automatización no pueden evaluarse únicamente
en términos de eficiencia, sino partiendo de la dignidad del trabajador, del
derecho a una remuneración suficiente y de la posibilidad efectiva de
participar en la vida social.
38.
En el 20º aniversario de la Populorum progressio, con la
Encíclica Sollicitudo rei socialis, Juan Pablo II...
Denuncia, además, los mecanismos económicos, financieros y comerciales
que, gestionados por los países más fuertes, favorecen estructuralmente sus
intereses y asfixian a las economías más débiles, y pide que sean sometidos
también a un juicio ético riguroso, y no sólo técnico.
39.
En el centenario de Rerum novarum, la Encíclica Centesimus annus ofrece, por último,
una reflexión sobre el colapso del sistema soviético y el afianzamiento de la
democracia y la economía de mercado. ...Para la Doctrina social de la Iglesia
esto supone un legado de especial actualidad: la afirmación del vínculo
entre la dignidad del trabajo, la solidaridad entre los pueblos y la evaluación
crítica de la democracia y la economía de mercado sigue ofreciendo criterios
para juzgar las nuevas formas de explotación, exclusión y crisis de la representación
política.
40.
El Papa Benedicto XVI, en su
Encíclica social Caritas in veritate,
quiso retomar y profundizar en el concepto de desarrollo presentado en Populorum progressio, reinterpretándolo en
el contexto de la globalización... Observa, además, que el nuevo
sistema económico-financiero mundial, caracterizado por una gran movilidad de
los capitales y los medios de producción, ha reducido el poder político de los
estados y su capacidad para orientar los procesos económicos. [44] Por
eso reitera que la actividad económica no puede pretender resolver los
problemas sociales simplemente ampliando la lógica del mercado, sino que debe
estar orientada al bien común, respecto al cual la comunidad política tiene una
responsabilidad propia e insustituible. [45]
41.
En el centro de esta reinterpretación, Benedicto XVI sitúa la
caridad, afirmando que esta «es la vía maestra de la doctrina social de la
Iglesia», [46] siempre
que vaya unida a la verdad; ... En la actualidad ―marcada por crecientes
desigualdades, la presión de los mercados financieros, la crisis medioambiental
y la desconfianza en la política―, esta enseñanza sigue vigente porque exige
juzgar cada modelo de desarrollo por su capacidad de ser inclusivo y
sostenible, recomponer la relación entre economía y política en torno al bien
común y reconocer a la caridad un papel crítico y generativo en la vida pública.
42.
El Magisterio social del Papa Francisco se
desarrolla en la línea de Gaudium et spes, que invita a contemplar
la historia partiendo de las heridas y las esperanzas de las personas y a
ponerlas en diálogo con el Evangelio. Esta orientación se pone de manifiesto
con especial claridad en Evangelii gaudium, donde se afirma que el
anuncio cristiano tiene una dimensión social intrínseca y hace referencia a una
Iglesia capaz de escuchar el clamor de los pobres, de los migrantes y de las
víctimas de las nuevas formas de esclavitud.
43.
En Laudato si’, Francisco ofrece el primer gran
análisis sistemático de la crisis medioambiental en una Encíclica social,
demostrando que no se trata de una cuestión sectorial, sino del aspecto
ecológico de la crisis socioeconómica contemporánea. En este sentido, vuelven a
cobrar protagonismo el destino universal de los bienes, la crítica a un
paradigma tecnocrático que pretende reducirlo todo a un objeto de dominio, la
defensa del trabajo humano amenazado por la lógica del descarte, la exigencia
de una justicia intergeneracional y el llamamiento a un diálogo auténtico entre
política y economía, para que ninguna de las dos se encierre en su propia
autorreferencialidad.
44.
Ante la desintegración del tejido social, la “guerra mundial a pedazos”, la
globalización individualista y las consecuencias de la pandemia sobre los lazos
comunitarios, Francisco relanza en Fratelli tutti el
sueño de una humanidad capaz de optar por la amistad social y la fraternidad
universal. Propone la cultura del encuentro, una “mejor política” capaz de
buscar el bien común, caminos de reconciliación y un mundo que garantice
«tierra, techo y trabajo para todos». [49] Con Dilexit nos, por último, muestra que estos
grandes compromisos sociales no pueden separarse de la relación personal con
Cristo: al volver a la Palabra de Dios, recuerda que la respuesta más auténtica
al amor del Corazón de Jesús es el amor concreto hacia los hermanos y afirma
que «no hay mayor gesto que podamos ofrecerle para devolver amor por
amor». [50]
Una
lectura de la historia a la luz de la fe
45.
cada Pontífice —junto con el Concilio Vaticano II—
ha aportado una contribución original a la luz de los “nuevos asuntos” de su
tiempo. Cada uno, asumiendo los retos de su época e interpretando los cambios
históricos a la luz del Evangelio, ha puesto de relieve diferentes aspectos de
un patrimonio único: la dignidad de la persona, el valor del trabajo, el
destino universal de los bienes, la solidaridad y la subsidiariedad, el cuidado
de la creación, la centralidad de la paz y la fraternidad.
FUNDAMENTOS
Y PRINCIPIOS DE LA DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA
Los
fundamentos de la Doctrina social
Los
principios de la Doctrina social
El
principio del destino universal de los bienes
67. Hoy, entre los bienes que están destinados
universalmente a todos, debemos incluir también las nuevas formas de propiedad:
patentes, algoritmos, plataformas digitales, infraestructuras tecnológicas,
datos. En un contexto donde la riqueza de las naciones depende cada vez más de
conocimientos y tecnologías, cuando estos bienes quedan concentrados en las
manos de unos pocos, sin adecuadas formas de intercambio y de acceso, se crea
un nuevo desequilibrio que contradice el destino universal de los bienes y alimenta
la brecha entre incluidos y excluidos, entre quienes pueden participar en la
revolución digital y quienes permanecen al margen. Además, el cuidado de la
Casa común y la responsabilidad hacia los pobres y hacia las generaciones
futuras requieren que el uso de los bienes de la creación y de las nuevas
posibilidades ofrecidas por la técnica esté regulado de tal modo que respete el
ambiente y evite despilfarros y nuevas formas de estafa.
El principio de subsidiariedad
72. En este contexto, los estados y
las instituciones supranacionales están llamados a garantizar reglas justas y
mecanismos de protección eficaces para que las comunidades locales, los cuerpos
intermedios, las escuelas y las universidades, así como las realidades
eclesiales y asociativas puedan tener voz y contribuir al discernimiento de las
decisiones que inciden en la vida de las personas: trabajo, acceso a los
servicios, gestión de los datos y ambientes digitales. En las decisiones que
se refieren a los flujos económicos, las plataformas digitales, la gestión de
los datos y los algoritmos, no se puede dejar que pocos actores por sí solos
orienten los procesos, sino que es necesario construir formas de cooperación
que respeten los diversos niveles de la comunidad mundial y los hagan
corresponsables del bien común. [97]
76. En un mundo marcado por relaciones cada vez más
estrechas entre personas, comunidades y naciones, la solidaridad asume también
una dimensión global. ... Hoy esta
responsabilidad se extiende también a las infraestructuras digitales e
informativas; como el ambiente natural, también el “ecosistema digital” puede
ser cuidado o explotado, compartido o monopolizado. La solidaridad
requiere que las decisiones en materia de datos, algoritmos, plataformas e IA
tengan en cuenta no sólo el beneficio inmediato de algunos, sino el impacto en
todos los pueblos y en las generaciones futuras.
El
principio de la justicia social
80. En este tiempo, la justicia social debe
confrontarse también con el ambiente creado por las tecnologías digitales. La
difusión de redes globales, plataformas y sistemas de IA cambia el modo de
informarse, de comunicar y de acceder a los servicios. La justicia exige que se
impida el surgimiento de nuevas formas de exclusión y privación de la libertad:
personas y pueblos a los que se les niega o dificulta el acceso a las
tecnologías básicas, comunidades expuestas a vigilancia invasiva y grupos
sociales perjudicados por algoritmos opacos que reproducen prejuicios y
discriminaciones. Un orden social justo en la era digital es aquel que
garantiza a todos un acceso igualitario a las oportunidades, protege a los más
pequeños y a los más frágiles, se opone al odio y a la desinformación, y somete
a control público el uso de los datos y de las tecnologías, de modo que el
criterio no sea sólo el beneficio sino la dignidad de cada persona y el bien de
los pueblos.
81.
Un examen decisivo para la justicia social hoy está representado por la
condición de los migrantes, de los refugiados y de cuantos son obligados a
desplazarse a causa de la pobreza, la violencia, el cambio climático y los
desastres naturales. ..La justicia social, en este campo, implica al menos
dos compromisos complementarios. Por una parte, proteger el derecho a la
esperanza de quien está obligado a partir, garantizándole vías seguras y
legales, condiciones de acogida dignas y procesos reales de integración. Por
otra, promover también el derecho a permanecer en la propia tierra en paz y
seguridad, afrontando las causas profundas que obligan a migrar, incluidas las
causas vinculadas a las injusticias económicas y a la crisis climática. Cuando
estos derechos son respetados, las migraciones pueden ser una ocasión de
encuentro y enriquecimiento mutuo entre los pueblos.
85. Así comprendido, el desarrollo humano
integral es el horizonte en el cual se han de leer las transformaciones de
nuestro tiempo, incluyendo las de la revolución digital. Las innovaciones
tecnológicas —incluida la inteligencia artificial— no son neutrales; pueden
aumentar la participación y la justicia, o ampliar las desigualdades, el
control y la exclusión. Por eso, han de ser examinadas con una pregunta
decisiva: ¿contribuyen realmente a hacer crecer a las personas y a los pueblos
en humanidad y fraternidad, en el respeto a la Casa común y a las generaciones
futuras? Es aquí donde los principios de la Doctrina social se vuelven
criterios concretos de discernimiento en los ámbitos que afrontaremos en los
próximos capítulos.
TÉCNICA
Y DOMINIO.
LA GRANDEZA DE LA PERSONA HUMANA
ANTE LAS PROMESAS DE LA IA
90.
Después de haber recordado los principios que iluminan la Doctrina social,
deseo dirigir la mirada hacia algunos desafíos que afectan a nuestro modo de
vivir este tiempo. ...No se trata de una decisión sobre nuestro futuro, sino
sobre nuestro presente, porque la IA y las demás tecnologías emergentes ya son
parte de nuestra vida cotidiana.
El
paradigma tecnocrático y el poder digital
92.
En la Encíclica Laudato si’ el Papa Francisco denunciaba
el creciente afianzamiento de un paradigma tecnocrático [119] en
el mundo globalizado: la tendencia a dejar que la lógica de la eficiencia, del
control y del lucro gobierne por sí sola las decisiones personales, sociales y
económicas. Así se manifiesta con mayor evidencia que la técnica no es un
simple instrumento y que, cuando se vuelve criterio, termina por establecer qué
cuenta y qué puede descartarse, reduciendo la creación a un objeto de
explotación y a las personas a engranajes de un sistema que sea cada vez más
eficaz.
95. Aquí es necesario reconocer un aspecto decisivo,
que ya he mencionado antes: en muchos casos, en el contexto digital, el control
de las plataformas, las infraestructuras, los datos y la capacidad de cálculo
no es prerrogativa de los estados, sino de grandes actores económicos y
tecnológicos que, de hecho, determinan las condiciones de acceso, las reglas de
visibilidad y las mismas posibilidades de participación. Cuando un poder de tal
magnitud se concentra en pocas manos, tiende a hacerse opaco y a eludir el
control público, y crece el riesgo de un desarrollo distorsionado que provoca
nuevas dependencias, exclusiones, manipulaciones y desigualdades.
98. Es oportuno anteponer dos consideraciones: la
primera es que cualquier afirmación sobre la IA corre el riesgo de quedar
obsoleta en poco tiempo, dada la impresionante velocidad de desarrollo de estos
sistemas. En segundo lugar, todos nosotros, incluidos quienes los diseñan,
sabemos muy poco sobre su funcionamiento efectivo.
99.
No es posible dar una definición única y completa de la IA. Lo que podemos
decir es que hay que evitar el equívoco de equiparar esta “inteligencia” a la
humana....
Responsabilidad,
transparencia y gobernanza de la IA
102.
El uso de la IA nunca es un hecho puramente técnico:
103.
Confiar, en la práctica, a un algoritmo el poder de seleccionar quién es digno
y quién no, sin que nadie asuma el peso de la decisión, significa encomendarle
la tarea de redefinir los límites de las posibilidades humanas.
104.
De esto se deriva una consecuencia sencilla pero apremiante: no podemos
considerar a la IA como moralmente neutra. En realidad, todo artefacto técnico
lleva consigo decisiones y prioridades: lo que mide, lo que ignora, lo que
optimiza y el modo en que clasifica personas y situaciones.
109. En un mundo donde pocos sujetos concentran datos,
capital informático y capacidad normativa, hablar de bien común significa
desenmascarar esta nueva asimetría epistémica, económica y política, nombrando
los nuevos monopolios de la IA. Hablar de destino universal de los bienes
significa encontrar modos de asegurar el acceso universal a las tecnologías y a
la formación. Hablar de subsidiariedad exige proteger la capacidad de las
comunidades de decidir y corregir, sin relegar su intervención a una vigilancia
posterior, una vez que los estándares hayan sido establecidos en otro sitio. Hablar
de solidaridad obliga a reconocer el trabajo invisible, a menudo explotado, que
alimenta los modelos algorítmicos. Hablar de justicia pide cuestionar las
geografías del poder que definen quién puede programar los modelos y quién es
sólo objeto de esa programación, y reconocer que la justicia social no es sólo
un objetivo que hay que tutelar después de la adopción de las tecnologías, sino
una condición que se debe poner en práctica desde su diseño.
CUSTODIAR
LO HUMANO EN LA TRANSFORMACIÓN.
VERDAD, TRABAJO, LIBERTAD
131. A la luz de los principios de la Doctrina
social de la Iglesia, la transformación digital nos pide redescubrir la verdad
como bien común, proteger la dignidad del trabajo y salvaguardar la libertad
frente a toda dependencia y mercantilización.
La
dignidad del trabajo en la transición digital
148.
Desde el nacimiento de la Doctrina social, con la Rerum novarum, la Iglesia ha llamado la
atención sobre la protección de los trabajadores y la necesidad de combatir
toda forma de explotación. Pero, sobre todo, el Magisterio ha reconocido en el
trabajo «la clave esencial» [150] para
comprender la cuestión social en su totalidad, ya que a través de él la persona
desarrolla muchas dimensiones de su propia existencia. Desde esta perspectiva
se comprende también la gran intuición de san Benito de Nursia, quien unió la
oración y el trabajo, señalando la actividad cotidiana como parte de la
respuesta de la persona a la llamada de Dios. Creados a imagen del Creador,
mediante nuestras obras prolongamos de algún modo la suya: contribuimos al
progreso de la sociedad y a la construcción del bien común, ponemos en práctica
las capacidades recibidas, mejoramos y embellecemos el mundo, sostenemos a
nuestras familias, entablamos relaciones de cooperación y aprendemos a
construir juntos, en la escucha y el diálogo, algo que nadie podría realizar
por sí solo.
149.
Por estas razones, el trabajo no es un simple instrumento, sino que expresa y
acrecienta la dignidad de nuestra vida. Es una necesidad inherente a la
condición humana, un camino habitual hacia la madurez, el desarrollo y la
realización personal. En esta óptica, las ayudas económicas a los pobres siguen
siendo a veces necesarias en situaciones de emergencia, pero no pueden
convertirse en la única respuesta, ya que el objetivo es ofrecer a cada persona
las condiciones para vivir dignamente a través de su propio trabajo. [151]
150.
Hoy en día, la combinación de la automatización, la robótica y la IA está
transformando rápidamente la estructura misma del trabajo. Se dice que esto
traerá grandes mejoras para todos. En realidad, los “nuevos modos” de trabajar
no son necesariamente mejores, porque «mientras la IA promete impulsar la
productividad haciéndose cargo de tareas ordinarias, a menudo los trabajadores
se ven obligados a adaptarse a la velocidad y a las exigencias de las máquinas,
en lugar de que estas últimas estén diseñadas para ayudar a quienes trabajan.
Así, contrariamente a los beneficios anunciados sobre la IA, los enfoques
actuales de la tecnología pueden paradójicamente desespecializar a los
trabajadores, someterlos a una vigilancia automatizada y relegarlos a tareas
rígidas y repetitivas. La necesidad de seguir el ritmo de la tecnología puede
erosionar el sentido de la propia capacidad de obrar de los trabajadores y
ahogar las capacidades innovadoras que están llamados a aportar en su
trabajo». [152] Precisamente
para evitar esta deriva, es necesario diseñar sistemas centrados en la persona
y no sólo en el rendimiento.
152. Sin duda, es deseable que la tecnología libere al
hombre de trabajos especialmente pesados, repetitivos o peligrosos y que
ofrezca un apoyo inteligente a la actividad humana, pero la norma general debe
seguir siendo la protección de los puestos de trabajo y del papel insustituible
de la persona. El objetivo de obtener mayores beneficios no puede justificar
decisiones que sacrifiquen sistemáticamente el empleo, porque la persona humana
es un fin y no un medio, y el orden económico debe permanecer subordinado a su
dignidad y al bien común.
153.
Simultáneamente, debemos reconocer que toda transición real se produce a través
de una discontinuidad: es desigual, fragmentaria y, a veces, conflictiva. Por
lo tanto, no existe un modelo de cambio único, ni una solución global; hay
territorios e historias que exigen respuestas diferentes. Dada la desigualdad
que caracteriza a nuestro mundo, la difusión de la IA y de los sistemas
computacionales produce efectos distintos en cada lugar. Las sociedades ricas
se automatizan rápidamente y de forma caótica, reduciendo la necesidad de mano
de obra y generando zonas de desempleo y fricciones institucionales. En cambio,
vastas regiones del mundo permanecen atrapadas en economías híbridas, donde el
trabajo humano mal remunerado y las tecnologías parciales conviven sin llegar a
transformarse realmente. Estos territorios se convierten en reservas de mano de
obra precaria y focos de inestabilidad y migraciones forzadas. Las soluciones,
por tanto, deben encontrarse a nivel nacional y local, involucrando a las comunidades
intermedias. Se necesitan herramientas capaces de adaptarse: modelos
articulados, experimentos locales, redistribuciones progresivas, nuevos
derechos de acceso a los bienes esenciales. Sin perseguir una armonía
abstracta, se trata de construir formas concretas de convivencia humana en la
transformación.
154.
El trabajo sigue siendo una dimensión fundamental de la experiencia humana; no
es sólo un medio de subsistencia, sino también un espacio de expresión, de
relaciones y de contribución a la comunidad. Por eso, los problemas vinculados
con el trabajo no se limitan únicamente a los ingresos necesarios para la
supervivencia de las familias. Una sociedad que garantizara trabajo sólo a una
pequeña parte de la población expondría a muchos a una situación de inactividad
forzada, de ausencia de responsabilidades, de falta de compromiso y de
estímulos cotidianos, con consecuencias de empobrecimiento humano y cultural en
contraste con el elevado nivel de desarrollo técnico. Nos encontraríamos ante
una paradoja de progreso material y regresión antropológica, en la que
desaparecerían las condiciones para una paz social justa y estable. Por eso, la
Doctrina social de la Iglesia insiste en que el acceso al trabajo para todos
debe seguir siendo un objetivo prioritario de las políticas públicas y de los
procesos económicos, criterio de juicio para evaluar la calidad humana de un
modelo de desarrollo. [155]Por
otra parte, en aquellas partes del mundo en las que el empleo tiende a
reducirse o a transformarse radicalmente, como consecuencia de procesos
tecnológicos y organizativos que escapan al control democrático, es necesario
replantearse el propio concepto de trabajo y su relación con la ciudadanía,
para que la falta de empleo no menoscabe la participación social.
155.
A la luz de esta convicción, podemos también reinterpretar la historia de la
Doctrina social de la Iglesia tras la Rerum novarum. Las iniciativas surgidas en
ese contexto —asociaciones, sindicatos, cooperativas, obras de asistencia
social— han contribuido de manera decisiva a mejorar la legislación laboral, a
proteger a los más vulnerables y a promover condiciones más humanas. [156]Hoy
en día, sin embargo, tales instrumentos ya no bastan por sí solos ante las
transformaciones provocadas por la IA, la nueva organización de los mercados y
la competitividad que rara vez se preocupa por la sostenibilidad social. Es
necesario un nuevo esfuerzo conjunto por parte de los responsables políticos,
las organizaciones de trabajadores, el mundo empresarial y la comunidad
científica para elaborar con celeridad normas y medidas de protección adecuadas
y consensuadas, también a nivel internacional. [157]Las
organizaciones sindicales, a las que la Iglesia siempre ha apoyado, están
llamadas a abrirse a las nuevas formas de trabajo y a los nuevos trabajadores,
para representarlos y defenderlos en un contexto en el que, sin decisiones
valientes, surgen más pobreza y más desigualdades, con una multitud de
excluidos rodeados de máquinas y sistemas automatizados que han ocupado su
lugar.
156. En esta transición, no basta con reaccionar
cuando desaparecen los puestos de trabajo, sino que es necesario gestionar la
transformación de forma proactiva. Una forma viable consiste, en primer lugar,
en establecer criterios sociales para la innovación: toda introducción de
automatización y de IA debería ir acompañada de medidas verificables de
protección del empleo, de recualificación y de participación de los
trabajadores, para que la tecnología se oriente a liberar tiempo y capacidades
humanas, no a generar exclusión. En segundo lugar, es necesario que políticas
activas hagan accesibles a todos la formación continua y las transiciones
profesionales, sin descargar sobre los individuos todo el coste de la
adaptación a las transformaciones. Por último, se necesita una responsabilidad
empresarial que incluya la calidad y la dignidad del trabajo entre los
indicadores de éxito. Cuando se dan estas condiciones, la innovación puede
convertirse en aliada de un trabajo más seguro, más creativo y más digno; cuando
faltan, tiende a transformarse en una aceleración de la injusticia.
Una
economía que valore la dignidad
161... Pensar que las nuevas tecnologías
beneficiarán automáticamente a todos significa ignorar una evidencia: si no se
gestionan las transformaciones fijando como objetivo prioritario, desde la fase
de planificación, la prevención de nuevas y mayores desigualdades, el progreso
tecnológico genera automáticamente desigualdades estructurales. Hoy la justicia
pasa también por el acceso a los beneficios de la innovación: cuidados,
conocimiento, herramientas y oportunidades.
Familia
y jóvenes: condiciones sociales de la esperanza
167. Para los jóvenes, la precariedad laboral es
especialmente grave. Como recuerdan los obispos de Estados Unidos de América,
el trabajo no es sólo fuente de ingresos, sino un ámbito decisivo en el que se
forma la identidad, se tejen amistades y relaciones, se aprenden
responsabilidades concretas y se discierne la propia vocación. [169] Cuando
el acceso al empleo se ve obstaculizado por altas tasas de desocupación,
sistemas de formación inadecuados o barreras estructurales, muchos jóvenes ven
bloqueado su camino hacia la realización personal y profesional. La
necesidad de cambiar de trabajo varias veces a lo largo de la vida exige
itinerarios de actualización y recualificación permanentes, que hagan capaces a
las nuevas generaciones de asumir, con competencia y autonomía, los riesgos de
un contexto económico cambiante y a menudo impredecible. [170]
168.
De ahí se deriva una específica responsabilidad pública. El Estado tiene el
deber de apoyar la actividad de las empresas creando condiciones favorables
para el empleo, fomentando el trabajo donde escasea y defendiéndolo en tiempos
de crisis, ya que este es un bien primario para las familias y para la
sociedad. [171] Especialmente
en una época de profundos cambios tecnológicos, se necesita una creatividad
política “a favor del empleo” que sitúe en el centro a la familia y a las
nuevas generaciones, si no queremos que los avances económicos se traduzcan en
nuevas formas de inseguridad y exclusión.
169.
Sostener a las familias y a los jóvenes en esta transición requiere medidas que
hagan posible la estabilidad. Como ya se mencionó anteriormente, se
necesitan políticas laborales que favorezcan la continuidad y la calidad del
empleo, combatiendo la precariedad como condición normal de vida y promoviendo
itinerarios realistas de acceso y desarrollo profesional. En segundo lugar, se
necesitan medidas que garanticen ritmos humanos: sin un equilibrio entre
trabajo, servicios y descanso, la familia se debilita y a los jóvenes les
cuesta madurar el sentido de responsabilidad. Además, es fundamental invertir
en formación y capacitación profesional accesibles, para que la movilidad
profesional que exige la economía digital no se convierta en una selección cruel
entre quienes pueden actualizarse y quienes no.
Custodiar
la libertad frente a la dependencia y la mercantilización
Romper
las cadenas de las nuevas esclavitudes
173.
Una parte significativa del funcionamiento de la economía digital se
sustenta en el trabajo silencioso de millones de seres humanos, empleados en
actividades poco visibles pero esenciales: etiquetado de datos, moderación de
contenidos —a menudo pésimos— y entrenamiento de modelos. En muchos casos
se trata de jóvenes, en su mayoría mujeres, que trabajan duro a cambio de
remuneraciones mínimas. A este arduo trabajo invisible se suma la tarea, aún
más brutal, de la extracción de los recursos necesarios para la producción de
los dispositivos y microprocesadores en los que se basa la IA. En algunas
regiones del mundo, adolescentes y niños trabajan en condiciones peligrosas en
la trituración de los materiales de los que se obtienen las tierras raras.
Cuerpos marcados, mutilados, consumidos para que el flujo de los cálculos no se
interrumpa. Además, las redes criminales utilizan plataformas en internet,
sistemas de mensajería, pagos anónimos y técnicas de perfilado para reclutar,
controlar y trasladar a víctimas de la trata, muchas veces menores de edad,
convirtiendo a hombres y mujeres en “datos” que rastrear y “paquetes” para
transferir dentro de los mismos circuitos digitales que sustentan gran parte de
la economía global. Esta realidad interpela profundamente la conciencia moral
de nuestro tiempo. No basta con invocar la eficiencia ni con alabar los
beneficios de la innovación, si estos se basan en una cadena de explotación que
se mantiene deliberadamente oculta. Si una tecnología promete emancipación,
pero produce nuevas formas de subordinación global, contradice el principio
fundamental de la dignidad de la persona.
179. Las nuevas esclavitudes se alimentan de cadenas
económicas e infraestructuras digitales. Por lo tanto, es necesario actuar en
varios frentes: en primer lugar, para exigir una mayor transparencia de las
cadenas de suministro que sustentan la industria tecnológica y la economía
digital, de modo que ninguna ventaja competitiva se construya sobre la
explotación invisible. En segundo lugar, es necesario que las empresas y los
inversionistas adopten criterios claros de verificación ética preventiva (due
diligence), incluyendo entre las prioridades la protección de los
trabajadores, la lucha contra el trabajo forzoso y el impacto social de los
modelos de negocio basados en datos. Además, se debe exigir a las
plataformas digitales que cooperen de manera responsable con las autoridades y
con la sociedad civil para impedir que las herramientas de comunicación, pago y
elaboración de perfiles se conviertan en canales de captación y control de las
víctimas. Cuando estas decisiones convergen, el entorno digital puede transformarse
de espacio de depredación en espacio de protección, prevención y promoción de
la dignidad.
LA
CULTURA DEL PODER Y LA CIVILIZACIÓN DEL AMOR
La
civilización del amor en la era digital
La
crisis del multilateralismo
204.
Vivimos en una época de notable ceguera espiritual y cultural. Un falso
pragmatismo invita a cortar las raíces de la memoria, como si se pudiera
inaugurar una especie de “nueva creación” desvinculada del pasado; incluso
quienes invocan grandes principios morales pueden caer en este nihilismo
histórico, creyendo ilusoriamente que las atrocidades del siglo XX ya no pueden
repetirse. En realidad, las mismas dinámicas resurgen bajo nuevas formas.
Parece volver a imponerse la lógica del equilibrio armado y de la disuasión.
Pero, a diferencia del escenario bipolar de la Guerra Fría, hoy la
multiplicación de los actores y de los frentes de conflicto hace que esta
lógica sea cada vez más frágil. La conflictividad exacerbada empuja hacia
guerras asimétricas e “híbridas”, libradas también en el terreno económico,
financiero e informático, con el uso de la desinformación y campañas que
alimentan el miedo para influir en la opinión pública. En muchos países,
incluso en el Sur global, el aumento del gasto militar se presenta como la
única respuesta a un futuro incierto o a amenazas percibidas, mientras que el
costo real recae sobre los más pobres, que ven reducirse los recursos
destinados a la salud, a la educación y a los servicios sociales.
240. ¡Amemos la justicia y la paz! Las mismas
tecnologías que facilitan la comunicación y el acceso a los recursos pueden
sustentar modelos que explotan a los más vulnerables, alimentan nuevas
esclavitudes y transforman el conflicto en oportunidad de lucro. Cada decisión
técnica o económica se convierte en un punto de discernimiento espiritual, una
ocasión para verificar si los avances de la IA abren espacios de justicia y
participación o concentran la riqueza y el poder en manos de unos pocos. Invito
a mirar con lucidez las redes de producción digital, las condiciones de trabajo
ocultas detrás de nuestros dispositivos, los mecanismos que se aprovechan de la
manipulación y la guerra y, al mismo tiempo, a buscar vías concretas para hacer
crecer la equidad, la participación y el cuidado de la creación”.
No hay comentarios:
Publicar un comentario