domingo, 25 de octubre de 2026

UE. Jubilación forzosa de un funcionario de la carrera diplomática. Inexistencia de discriminación por razón de edad. Notas a la sentencia del TJUE de 22 de octubre de 2026 (asunto C-359/25).

 

1. Es objeto de anotación en esta entrada del blog la sentencia  dictada por la Sala décima del Tribunal de Justicia de la Unión Europea, presidida por la magistrada española María Lourdes Arastey, el 22 de octubre, con ocasión de la petición de decisión prejudicial planteada, al amparo del art. 267 del Tratado de funcionamiento de la UE, por el Consejo de Estado de Grecia mediante resolución de 8 de mayo de 2025.

El litigio versa sobre la interpretación de la Directiva 2000/78/CE del Consejo, de 27 de noviembre de 2000, relativa al establecimiento de un marco general para la igualdad de trato en el empleo y la ocupación, y se suscita entre un antiguo funcionario de la carrera diplomática del Ministerio de Asuntos Exteriores, y el ministro titular de dicha cartera ministerial, “en relación con un recurso de anulación de un decreto presidencial sobre cuya base (el citado funcionario) fue jubilado de oficio”.

El resumen oficial de la sentencia, dictada sin conclusiones del abogado general, que ya permite conocer las líneas básicas del conflicto y el fallo, es el siguiente: “Procedimiento prejudicial — Política social — Igualdad de trato en el empleo y la ocupación — Directiva 2000/78/CE — Artículo 1 — Prohibición de discriminación por razón de la edad — Jubilación de oficio de los funcionarios de un servicio diplomático que hayan alcanzado la edad de 65 años y hayan cumplido 35 años de servicio público efectivo computable a efectos de pensión — Artículo 6 — Objetivos legítimos que justifican una diferencia de trato por motivos de edad”.

2. En los apartados 12 a 26 de la sentencia conocemos todos los pormenores del conflicto y la respuesta judicial hasta llegar al Consejo de estado, que expone su parecer sobre la adecuación de la normativa griega a la europea, y por ello plantea dos cuestiones prejudiciales al TJUE en el apartado 27.

En aprestada síntesis, conocemos que el funcionario afectado fue declarado en situación de jubilación forzosa con efectos de 31 de diciembre de 2017, al haber cumplido 65 años y también 35 años de servicio público efectivo computable a efecto de pensión.

Disconforme con tal decisión, interpuso recurso ante el Tribunal de Apelación de lo Contencioso-Administrativo de Atenas, apoyándose en dos argumentos, uno de ellos el del incumplimiento por la normativa que había sido aplicada de la de la prohibición de discriminación por razón de la edad establecida en la Directiva 2000/78. Esta tesis fue rechazada por el tribunal.

Más adelante, el funcionario afectado interpuso recurso de apelación ante el Consejo de Estado, insistiendo en la vulneración de la normativa comunitaria por establecer una diferencia de trato no justificada con respecto a otros funcionarios y que por ello no cumplía el “objetivo legítimo” para justificarla y respetar el art. 6 de la Directiva. Tesis, rechazada por la parte demandada.

Las dudas del Consejo de Estado se ponen de manifiesto en el apartado 26: “El órgano jurisdiccional remitente recuerda, al igual que el ministro de Asuntos Exteriores, que el objetivo de la normativa nacional controvertida en el litigio principal consiste en garantizar una estructura de edades equilibrada entre los funcionarios más jóvenes y los de mayor edad, lo que permite la transmisión de la experiencia de los funcionarios de mayor edad a los más jóvenes y facilita el acceso de los funcionarios jóvenes a la carrera diplomática. Afirma, por otra parte, que el legislador nacional tuvo en cuenta la necesidad de que los funcionarios de la carrera diplomática cumplan un período de servicio suficiente para disfrutar de una pensión adecuada y la importancia del pago de cotizaciones de un importe suficiente para reforzar el sistema de seguridad social. Por estas razones, el legislador nacional adoptó como criterio principal el cumplimiento de 35 años de servicio público efectivo computable a efectos de pensión, así como las edades límite de 65 años (mínimo) y 67 años (máximo). Además, dicho órgano jurisdiccional sostiene, con carácter subsidiario, que la naturaleza particular del servicio diplomático justifica la diferencia de trato por razón de la edad en lo que concierne a la jubilación de los funcionarios de la carrera diplomática respecto de la de los demás funcionarios”.

Por ello, decidió plantear al TJUE esta cuestión prejudicial:

“¿Se opone la [Directiva 2000/78] a una [normativa nacional] conforme a la cual los funcionarios de la carrera diplomática del Ministerio de Asuntos Exteriores [son jubilados obligatoriamente] cuando han acumulado 35 años de servicio público efectivo computable a efectos de pensión, si bien no antes de cumplir 65 años ni después de haber cumplido 67 años, porque discrimina de manera injustificada a quienes forman parte de esa carrera y deben cesar en sus funciones a los 65 años si han acumulado 35 años de servicio efectivo computable a efectos de pensión,

–        frente a [los funcionarios] que forman parte de esa misma carrera y [que son jubilados obligatoriamente de oficio] a los 67 años, al no haber acumulado aún 35 años de servicio efectivo computable a efectos de pensión;  

__        frente a [los funcionarios] que forman parte de esa misma carrera y no han cumplido 65 años y, por lo tanto, no [son jubilados obligatoriamente];

–        frente a [los funcionarios] de la Administración Pública o [los agentes al servicio] de personas jurídicas de Derecho público, los altos cargos de la magistratura [de grado superior a los magistrados con el grado de consejero o de fiscal adjunto del Tribunal de Apelación y los profesores universitarios, que [son jubilados obligatoriamente de oficio] a los 67 años, con independencia de que, al cumplir 65 años o en cualquier otro momento, hayan acumulado 35 años de servicio público efectivo computable a efectos de pensión?”.

3. La Sala pasa revista primeramente a la normativa europea y estatal aplicable.

De la primera, en concreto de la Directiva 2000/78, son referenciados el considerando núm. 14 y los arts. 1 (objeto), 2 (definiciones), 3 (ámbito de aplicación, es decir “todas las personas, por lo que respecta tanto al sector público como al privado, incluidos los organismos públicos...”), 6.1 (posibilidad de diferencia de trato por razón de la edad).

De la segunda, de la Constitución griega los arts. 6,6, párrafo tercero, y 88.5. Del   Código de Organización del Ministerio de Asuntos Exteriores, el art. 98, 1.y 3, que por su importancia para el litigio ahora examinado es conveniente reproducir:

“1.      Las funciones de los funcionarios de la carrera diplomática que hayan alcanzado la edad de 65 años finalizarán siempre que hayan cumplido treinta y cinco (35) años de servicio público efectivo computable a efectos de pensión. Si, a la edad de 65 años, los funcionarios de la carrera diplomática no han cumplido treinta y cinco (35) años de servicio en esta, su permanencia en el servicio se prorrogará hasta que hayan cumplido treinta y cinco (35) años de servicio, pero no más allá de su sexagésimo séptimo (67) año de vida. […]

[…] 3.      Mediante decreto, adoptado a propuesta del ministro de Asuntos Exteriores, se podrá, para necesidades particulares del servicio, prorrogar la duración del servicio de los funcionarios de la carrera diplomática con rango de embajador por un máximo de dos (2) años después de haber cumplido treinta y cinco (35) años de servicio público, pero, en cualquier caso, no más allá de los 67 años de edad.”.

También, del Código del Estatuto de los Funcionarios Civiles de la Administración Pública y Agentes al Servicio de Personas Jurídicas de Derecho Público, el art. 155, 1 y 2.

4. Al entrar en la resolución del litigio, el TJUE se plantea en primer lugar si la normativa nacional controvertida está comprendida dentro del ámbito de aplicación de la Directiva, y si así fuera deberá analizar si establece una diferencia de trato por razón de la edad, y en tal caso si está justificada, con apoyo en su sentencia de 20 de abril de 2023 (asunto C-52/22), para cuyo examen remito a la entrada “UE. Discriminación por razón de edad. Nota descriptiva de dos sentencias del TJUE de 20 de abril de 2023 (asuntos C-52/22 y C-650/21)”  . En esta sentencia, el TJUE recuerda su consolidada jurisprudencia sobre que las diferencias de trato por razón de la edad “no constituirán discriminación si están justificadas objetiva y razonablemente, en el marco del Derecho nacional, por una finalidad legítima, incluidos los objetivos legítimos de las políticas de empleo, del mercado de trabajo y de la formación profesional, y si los medios para lograr este objetivo son adecuados y necesarios”.

5. De acuerdo a lo dispuesto en el art. 3.1 c), la normativa controvertida entrará en el ámbito de aplicación de la Directiva. No olvida el TJUE ciertamente las competencias nacionales sobre la fijación de la edad de jubilación, pero ello no obsta que pueda aplicarse a “las medidas nacionales que establecen los requisitos para la extinción de un contrato de trabajo por alcanzarse la edad de jubilación así determinada”, apoyándose en la sentencia de 5 de marzo de 2009 (asunto C-388/07)  , en la que el TJUE declaro que

“El artículo 6, apartado 1, de la Directiva 2000/78 debe interpretarse en el sentido de que no se opone a una medida nacional que, al igual que el artículo 3 del Reglamento controvertido en el litigio principal, no contiene una enumeración precisa de los objetivos que justifican el establecimiento de excepciones al principio de prohibición de la discriminación por razón de edad. Sin embargo, el mencionado artículo 6, apartado 1, restringe la posibilidad de establecer tales excepciones a las medidas justificadas por objetivos legítimos de política social, como los vinculados a las políticas de empleo, del mercado de trabajo o de la formación profesional. Corresponde al juez nacional comprobar si la normativa controvertida en el litigio principal responde a un objetivo legítimo de este tipo y si la autoridad legislativa o reglamentaria nacional podía estimar legítimamente, habida cuenta del margen de apreciación de que disponen los Estados miembros en materia de política social, que los medios escogidos eran adecuados y necesarios para lograr tal objetivo.

El artículo 6, apartado 1, de la Directiva 2000/78 reconoce a los Estados miembros la posibilidad de prever, en el marco del Derecho nacional, ciertas formas de diferencias de trato por razón de edad cuando estén "objetiva y razonablemente" justificadas por una finalidad legítima, como las políticas de empleo, del mercado de trabajo o de la formación profesional, y si los medios para lograr este objetivo son adecuados y necesarios. Impone a los Estados miembros la carga de demostrar la legitimidad del objetivo invocado como justificación a un nivel elevado de exigencia probatoria. No debe reconocerse especial significación a la circunstancia de que el término "razonablemente", empleado en el artículo 6, apartado 1, de dicha Directiva, no figure en el artículo 2, apartado 2, letra b), de ésta”.

6. ¿Implica la normativa nacional una diferencia de trato por razón de la edad? El TJUE (apartados 37 a 43) recuerda en primer lugar que existirá discriminación por razón de edad (art. 2.2.a) si una persona “es tratada de manera menos favorable que otra en situación análoga por alguno de los motivos mencionados en el art. 1”.

Repasa detalladamente los datos fácticos recogidos en la resolución de remisión del tribunal nacional, así como el parecer del Consejo de estado, para llegar a la conclusión de que la diferencia de trato entre el funcionario afectado y otros no se basa en la edad “sino en el número de años de servicio público efectivo computable a efectos de pensión, o en el tipo de servicio prestado”. Y dado que estos no figuran en el art. 1, subraya que la diferencia de trato que se suscita en este litigio “no está comprendida en el marco general establecido por el artículo 2, apartado 2, de dicha Directiva para luchar contra determinadas formas de discriminación en el lugar de trabajo”, apoyándose en la sentencia de 17 de octubre de 2024 (asunto C‑349/23)  , en la que el TJUE declaró que el art. 2.2. a) debe interpretarse en el sentido de que “una normativa nacional en virtud de la cual los jueces federales no pueden aplazar su jubilación, mientras que funcionarios federales y jueces de los estados federados sí pueden hacerlo, no establece una diferencia de trato basada directamente en la edad, en el sentido de esa disposición”.

Sí considera la Sala que existe un trato menos favorable para el funcionario afectado con respecto a quienes no han alcanzado la edad de 65 años y por tanto no son susceptibles de ser jubilados de oficio, por cuanto aquel sufrió una pérdida de ingresos en comparación con los que se mantuvieron en activo. Aquí, la Sala trae a colación la sentencia de 16 de octubre de 2007 (asunto C-411/05)  , en la que el TJUE declaró que la prohibición de toda discriminación por razón de edad, “debe interpretarse en el sentido de que no se opone a una normativa nacional, como la controvertida en el litigio principal, que considera válidas las cláusulas de jubilación forzosa establecidas en los convenios colectivos que exijan, como únicos requisitos, que el trabajador haya alcanzado el límite de edad a efectos de jubilación, fijado en 65 años por la normativa nacional, y que cumpla con las demás condiciones en materia de seguridad social para acceder a la prestación de jubilación en su modalidad contributiva, siempre que -    dicha medida, pese a basarse en la edad, esté justificada objetiva y razonablemente, en el marco del Derecho nacional, por una finalidad legítima relativa a la política de empleo y al mercado de trabajo y -    los medios empleados para lograr este objetivo de interés general no resulten inadecuados e innecesarios a este respecto”.

7. Y dado que existe tal diferencia de trato por razón de la edad, la Sala se pregunta si puede estar justificada en función de las posibilidades que permite el art. 6.1 a).

¿Cuáles fueron los argumentos expuestos por el gobierno griego, en el trámite de observaciones ante el TJUE, para sostener la adecuación de la medida nacional a la comunitaria? Los encontramos en el apartado 46: “... “facilitar la renovación generacional y el rejuvenecimiento no puede cuestionarse razonablemente, habida cuenta de que figura entre los objetivos expresamente enumerados en el artículo 6, apartado 1, de la Directiva 2000/78 y de que, con arreglo al artículo 3 TUE, apartado 3, párrafo primero, la promoción de un alto nivel de empleo se cuenta entre las finalidades de la Unión”.

A partir de aquí, el TJUE pasa amplia revista a su jurisprudencia sobre los “objetivos legítimos” que permiten justificar la diferencia de trato. Acude en primer lugar a su sentencia de 3 de junio de 2021 (asunto C-914/19)  , aceptando la diferencia si permite “facilitar la renovación generacional y el rejuvenecimiento”, que “... no puede cuestionarse razonablemente, habida cuenta de que figura entre los objetivos expresamente enumerados en el artículo 6, apartado 1, de la Directiva 2000/78 y de que, con arreglo al artículo 3 TUE, apartado 3, párrafo primero, la promoción de un alto nivel de empleo se cuenta entre las finalidades de la Unión"  

En segundo término, la mención a la misma sentencia se utiliza para recordar que “... no puede negarse que la promoción de la contratación constituye un objetivo legítimo de la política social o de empleo de los Estados miembros, en particular, cuando se trata de fomentar el acceso de los jóvenes al ejercicio de una profesión”.

En tercer lugar, y como síntesis de las dos argumentaciones anteriores, el TJUE es del parecer que “... el objetivo consistente en establecer una estructura de edades equilibrada entre los funcionarios de la carrera diplomática más jóvenes y los de más edad con el fin de favorecer el empleo y la promoción de los primeros, optimizar la gestión del personal, así como evitar los litigios relativos a la aptitud de dichos agentes para ejercer su actividad superada cierta edad, al tiempo que se pretende mantener un servicio diplomático operativo, puede constituir un objetivo legítimo de la política de empleo y del mercado de trabajo”, por lo que la medida adoptada por el gobierno griego persigue “un objetivo legítimo”. Se apoya en la sentencia de 21 de julio de 2011 (asunto C-159/10)  , en la que el TJUE declaró que la  Directiva “... no se opone a una Ley, como la Ley relativa a la función pública del Land de Hesse ... que establece la jubilación forzosa de los funcionarios vitalicios, concretamente de los fiscales, cuando éstos han alcanzado la edad de 65 años, aunque les permita seguir trabajando hasta la edad máxima de 68 años, si el interés del servicio lo requiere, siempre que esta Ley tenga por objetivo establecer una estructura de edades equilibrada para favorecer el empleo y la promoción de los jóvenes, optimizar la gestión del personal, así como prevenir los posibles litigios relativos a la aptitud del empleado para ejercer su actividad superada cierta edad, y que permita alcanzar dicho objetivo por medios adecuados y necesarios. Para demostrar el carácter adecuado y necesario de la medida de que se trata, ésta no debe resultar irrazonable en relación con el objetivo perseguido y debe basarse en elementos cuyo valor probatorio corresponde apreciar al juez nacional” (la negrita es mía).

8. Ahora bien, no basta, recordemos, con que el objetivo sea legítimo, sino que los medios empleados para lograrlo deben ser “adecuados y necesarios”.

Llegará a una conclusión afirmativa el TJUE, siempre partiendo de los datos contenidos en la Resolución de remisión de la cuestión prejudicial,  así como también de su jurisprudencia sobre “la amplia facultad de apreciación de que gozan los Estados miembros en materia de política social y de empleo”, afirmando que la medida cuestionada “(puede) considerarse adecuada para lograr los objetivos perseguidos por esta, a saber, garantizar una estructura de edades equilibrada entre los funcionarios de la carrera diplomática más jóvenes y los de mayor edad y facilitar el acceso de los funcionarios jóvenes a dicho servicio diplomático”, precisando que “... dado que para contratar a un funcionario de ese tipo debe existir una vacante, procede considerar que un Estado miembro puede fijar un límite de edad para alcanzar unos objetivos de política de empleo”, con apoyo en la sentencia de 18 de noviembre de 2010 (asuntos C- 250/09 y C‑268/09)  , en la que el TJUE declaró que la Directiva, y en particular el art. 6.1, debe interpretarse “en el sentido de que no se opone a una normativa nacional como la controvertida en el litigio principal, que establece la jubilación forzosa de los catedráticos universitarios al cumplir 68 años de edad y la continuación de su actividad más allá de los 65 años únicamente mediante contratos de duración determinada de un año prorrogables dos veces como máximo, por cuanto dicha normativa persigue un objetivo legítimo vinculado, en particular, con la política de empleo y del mercado de trabajo, como el establecimiento de una enseñanza de calidad y el reparto óptimo de las plazas de catedráticos entre generaciones, y permite alcanzar dicho objetivo por medios adecuados y necesarios. Corresponde al juez nacional comprobar si se cumplen estos requisitos”.

Más argumentos para justificar la diferencia de trato: la extinción automática (forzosa) al cumplir una determinada edad, unida a un período determinado de cotización, es una medida que entra del ámbito de las competencias naciones, que descansa “en un equilibrio entre consideraciones de índole política, económica, social, demográfica o presupuestaria y depende de que se opte entre prolongar la duración de la vida activa de los trabajadores o, por el contrario, prever la jubilación temprana de estos últimos”. Se apoya, por analogía, en la sentencia de 28 de febrero de 2018 (asunto C 46/17)   .

Refiriéndose a las circunstancias del caso concreto, para el TJUE el límite de edad de 65 años “... puede considerarse lo suficientemente avanzado como para servir de término al ejercicio de las funciones de funcionario de la carrera diplomática del Ministerio de Asuntos Exteriores”, con apoyo por analogía con la sentencia de 5 de julio de 2017 (asunto C 190/16) 

Sigue sosteniendo el TJUE que la medida adoptada establece una diferencia de trato que persigue un objetivo legítimo, y con medios adecuados y necesarios, al exponer que aquella no sólo persigue establecer una estructura de edad equilibrada entre los funcionarios de la carrera diplomática, sino también “mantener un servicio diplomático operativo”, dadas “las particularidades de las condiciones de servicio de los primeros funcionarios”, si bien todo ello, y siempre en el ámbito de la distribución competencial entre el TJUE y los Estados miembros, tratándose de cuestiones “que corresponde comprobar al órgano jurisdiccional remitente·.

Más concretamente, respecto al carácter necesario de la medida, la Sala se apoya en el amplio margen de apreciación del que dispone la normativa nacional para concluir que “cuando deba examinar si una medida como la controvertida en el litigio principal no excede de lo necesario para alcanzar el objetivo perseguido, el juez nacional debe tener en cuenta no solo la aptitud de los interesados para ejercer una profesión, sino también el perjuicio que dicha medida puede ocasionar a esas personas más vulnerables respecto del mercado de trabajo”, con apoyo en la sentencia de 17 de octubre de 2024 (asunto C 408/23), para cuyo estudio remito a la entrada “La flexibilidad que permite la Directiva 2000/78 para limitar por razón de edad (madura) el acceso a un puesto de trabajo. Notas a la sentencia del TJUE de 17 de octubre de 2024 (asunto C-408/23)”  , en la que el TJUE declaró que el art. 6.1 de la Directiva, en relación con el art. 21 de la CDFUE, debe interpretarse en el sentido de que “no se opone a una normativa nacional que establece un límite máximo de edad de 60 años para el primer nombramiento para un puesto de abogado-notario, siempre que dicha normativa persiga un objetivo legítimo de política de empleo y del mercado de trabajo y que, en el contexto legislativo en el que se inscribe y habida cuenta de todas las situaciones a las que se aplica, dicha normativa sea adecuada y necesaria para alcanzar ese objetivo”.

En fin, para cerrar el amplio argumentario del TJUE favorable a la estimación de ser conforme a la normativa comunitaria la diferencia de trato en el caso enjuiciado, se apoya en que no se ven “excesivamente menoscabadas las expectativas legítimas” (en este caso del funcionario afectado), “puesto que esta normativa no se basa solo en una edad determinada, sino que tiene también en cuenta la circunstancia de que, al término de su carrera profesional, los interesados perciben una compensación económica consistente en una pensión de jubilación que se fija en un nivel que no puede considerarse inadecuado, permitiendo, en su caso, que los interesados permanezcan en servicio hasta la edad de 67 años para cumplir los 35 años de servicio público efectivo computable a efectos de pensión”.

9. Y antes de finalizar, y con una nueva remisión al tribunal nacional para que compruebe “si la normativa controvertida n el litigio principal no excede de lo necesario para alcanzar los objetivos perseguidos”, el TJUE declara que

La Directiva 2000/78/CE debe interpretarse en el sentido de que “no se opone a una normativa nacional que establece que los funcionarios que forman parte de un servicio diplomático son jubilados de oficio a la edad de 65 años cuando han cumplido 35 años de servicio público efectivo computable a efectos de pensión, a diferencia de otros funcionarios y agentes públicos que no cumplen estos requisitos y que, por consiguiente, no son jubilados de oficio a esa edad, siempre que esa normativa nacional persiga un objetivo legítimo de política de empleo y del mercado de trabajo y que, en el contexto legislativo en el que se inscribe y habida cuenta de todas las situaciones a las que se aplica, sea adecuada y necesaria para alcanzar ese objetivo”.

Buena lectura. 

 

sábado, 24 de octubre de 2026

UE. Desplazamientos por motivos laborales desde un centro de trabajo fijo, y regreso al mismo tras la finalización. El TJUE confirma que deben considerarse tiempo de trabajo. Notas a la sentencia de 22 de octubre de 2026 (asunto C-420/24)

 

1. Es objeto de anotación en esta entrada del blog la sentencia  dictada por la Sala sexta del Tribunal de Justicia de la Unión Europea el 22 de octubre (asunto C-420/24), con ocasión de la petición de decisión prejudicial planteada, al amparo del art. 267 del Tratado de Funcionamiento de la UE, por el Tribunal Superior de la ciudad de Iași, de Rumanía), mediante resolución de 14 de mayo de 2024.

El litigio versa sobre la interpretación de los arts. 2.1 y 6 b) de la Directiva 2003/88/CE del Parlamento Europeo y del Consejo, de 4 de noviembre de 2003, relativa a determinados aspectos de la ordenación del tiempo de trabajo, y del art. 31.2 de la Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea.

Se suscita en el contexto de un conflicto entre Sindicato de Trabajadores del Sector de las Vías Públicas «Elie Radu», que actúa en nombre y por cuenta de uno de sus miembros, y la Empresa Nacional de Gestión de la Infraestructura Vial SA — Dirección Regional de Puentes y Caminos de Iași, en relación con la calificación del tiempo de desplazamiento del trabajador afectado hacia su lugar de trabajo efectivo (la negrita es mía).

El meramente descriptivo resumen oficial de la sentencia, que fue dictada sin conclusiones del abogado general, es el siguiente: “Procedimiento prejudicial — Política social — Protección de la seguridad y de la salud de los trabajadores — Directiva 2003/88/CE — Ordenación del tiempo de trabajo — Artículo 2, punto 1 — Concepto de “tiempo de trabajo” — Artículo 6, letra b) — Duración máxima del tiempo de trabajo semanal — Lugar de trabajo efectivo distinto del lugar de trabajo fijo previsto en un contrato de trabajo — Tiempo de desplazamiento hacia ese lugar de trabajo efectivo — Artículo 31, apartado 2, de la Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea”.

2. Una nueva sentencia, y ya son muchas, en la que el TJUE debe dar respuesta a qué se entiende por tiempo de trabajo (art. 2.1 de la Directiva) y más concretamente, y este es el contenido más relevante de la sentencia a mi parecer, si lo es aquel tiempo que un trabajador que presta sus servicios en un centro de trabajo fijo debe desplazarse por motivos laborales siguiendo las órdenes e instrucciones empresariales. Dicho de otra forma, el debate se centra en si durante ese tiempo que se dedica a los desplazamientos, el trabajador “está trabajando”, o no, según la Directiva y, obviamente, la consolidada jurisprudencia del TJUE.

Ya adelanto, y comparto el parecer de la Sala, que la respuesta es afirmativa, despejando, por si pudiera haber alguna duda (en sede judicial española sí la ha habido) que no importa que el trabajador salga de, y regrese a, su centro de trabajo fijo (e incluso en alguna ocasión que deba pernoctar en el lugar al que ha debido desplazarse) para que pueda concluirse que se cumplen los tres requisitos del art. 2.1 de la Directiva para que pueda considerarse tiempo de trabajo. Baste ahora recordar que dicho precepto lo conceptúa como “todo período durante el cual el trabajador permanezca en el trabajo, a disposición del empresario y en ejercicio de su actividad o de sus funciones, de conformidad con las legislaciones y/o prácticas nacionales”.  Además, la sentencia es una excelente recopilación de la jurisprudencia anterior del TJUE sobre esta temática.

3. En los apartados 10 a 22 de la sentencia conocemos los datos fácticos del litigio, la respuesta en sede judicial, y las dudas del tribunal nacional remitente sobre la adecuación de la normativa estatal a la comunitaria, que le llevará a plantear dos cuestiones prejudiciales al TJUE, de las que, ya lo adelanto, sólo será declarada admisible la primera.  

De tales datos fácticos, interesa conocer en primer lugar que la empresa opera en el sector de las carreteras, con siete subunidades, denominadas «Direcciones Regionales de Carreteras y Puentes», así como un centro de estudios e investigación, y que el trabajador fue contratado como jefe del servicio de «Inversiones, grandes reparaciones y catástrofes, habiéndose regulado en su contrato de trabajo que prestaría sus servicios en “un lugar de destino fijo en Iași”.

Más adelanto, conocemos que del 8 al 15 de junio de 2021 y “siguiendo instrucciones del director regional de la subunidad de la Dirección Regional de Puentes y Caminos de Iași”, el trabajador “se desplazó en varias ocasiones”,  con un vehículo puesto a su disposición por la empresa, y en una ocasión con conductor, “para inspeccionar obras situadas en diferentes tramos de la red nacional de carreteras”, a ciudades que estaban situadas a más de 100 kilómetros de su centro de trabajo, e incluso en una ocasión a la capital Bucarest, que está situada a 421 kms. Durante esos días, los desplazamientos realizados sumaron más de 1.500 kms, y no está de más subrayar, así lo expone el apartado 13, que se llevaban a cabo “... en las condiciones viarias de Rumanía, que, en esta zona geográfica, disponía únicamente de carreteras nacionales o provinciales y no de autopistas”.

Muy importante a efectos laborales es que el trabajador regresaba a su centro de trabajo después de cada desplazamiento, salvo el efectuado a la capital, por lo que los mismos, según la petición de decisión perjudicial, “... tuvieron lugar fuera de las horas de trabajo habituales.

La posterior petición del trabajador para que fueran remuneradas tales horas de desplazamiento (en concreto 31,5) no mereció el visto bueno de la empresa, al considerar (apartado 14) que “... no había realizado ningún trabajo adicional durante sus desplazamientos de los días 8, 10, 12 y 14 de junio de 2021”, ya que para esta no podía considerarse que “... constituyeran un período durante el cual (el trabajador) estuviera en ejercicio de su actividad o de sus funciones, en el sentido del artículo 111 del Código de Trabajo”.

La demanda interpuesta ante el tribunal de distrito de Iasi fue desestimada por sentencia de 20 de julio de 2022. A los efectos de mi exposición interesa destacar que la desestimación se basó (apartado 16) en que “... que eran insuficientes las pruebas presentadas para demostrar que, en el momento de los desplazamientos de que se trata, BZ se encontraba a disposición de su empresario y en ejercicio de su actividad o de sus funciones. Según ese órgano jurisdiccional, la mera inscripción de las horas de salida y de llegada en una orden de misión, a falta de un informe de actividad o de una hoja de ruta, no basta para acreditar la realización de horas de trabajo extraordinarias”

Contra la citada sentencia se interpuso recurso de apelación por el sindicato del que es miembro el trabajador afectado, pidiendo que se planteara cuestión prejudicial al TJUE para que interpretara qué debe entenderse por tiempo de trabajo, sosteniendo que debía serlo todo el tiempo dedicado a los desplazamientos.   De la impugnación por parte empresarial me interesa destacar que manifestó que “... la referencia a la sentencia de 10 de septiembre de 2015, Federación de Servicios Privados del sindicato Comisiones Obreras (C‑266/14, EU:C:2015:578), no era pertinente, ya que, contrariamente a la situación controvertida en el asunto que dio lugar a esa sentencia, (el trabajador) disponía de un lugar de trabajo fijo” (la negrita es mía).

El tribunal remitente, tras constatar que existían “divergencias jurisprudenciales en cuanto a la calificación del tiempo de desplazamiento de los trabajadores hacia su lugar de trabajo efectivo”, según se considerara, o no, que sólo sería de aplicación a los trabajadores que no dispusieran de un lugar de trabajo fijo o habitual, consideró necesario que el TJUE se pronunciara al respecto, y formuló estas dos cuestiones prejudiciales.

«1) ¿Debe interpretarse lo dispuesto en el artículo 2, punto 1, de la Directiva [2003/88] en el sentido de que el período durante el cual un trabajador, fuera de la jornada laboral habitual, recorre el trayecto a otro lugar distinto de su centro de trabajo fijo o habitual, para ejercer allí su actividad o sus funciones conforme a lo dispuesto por su empresario, así como el viaje de regreso, constituyen “tiempo de trabajo”?

2)      ¿Deben interpretarse el artículo 31, apartado 2, de la [Carta] y el artículo 6, letra b), de la Directiva [2003/88] en el sentido de que se oponen a una disposición de la normativa nacional en virtud de la cual las horas correspondientes al período de traslado de un trabajador a otro lugar distinto de su centro de trabajo fijo o habitual, para ejercer allí su actividad o sus funciones conforme a lo dispuesto por su empresario, y las horas correspondientes al retorno, no se toman en consideración para determinar si se ha alcanzado el umbral del tiempo medio de trabajo semanal para el cálculo de las horas extraordinarias, habida cuenta de la definición nacional de horas extraordinarias exclusivamente como “las horas trabajadas fuera de la duración normal del tiempo de trabajo semanal?”

4. El TJUE pasa revista primeramente a la normativa europea y estatal aplicable.

De la primera, son referenciados el art. 31.2 de la CDFUE, y los arts. 1 (objeto y ámbito de aplicación), 2 (definiciones), y 6 (duración máxima del tiempo de trabajo semanal) de la Directiva 2003/88/CE.  

Del derecho rumano, en primer lugar se cita la Ley n.º 53/2003, parte I, n.º 345, de 18 de mayo de 201, art. 111, que define como tiempo de trabajo aquel que comprende “todo período durante el cual el trabajador por cuenta ajena permanezca en el trabajo, a disposición del empresario y en ejercicio de su actividad o de sus funciones, de conformidad con lo previsto en su contrato de trabajo, en el convenio colectivo aplicable y/o en la normativa vigente. También, los arts. 112 (duración normal semanal y diaria) y 120 (concepto de horas extraordinarias).

5. El TJUE debe pronunciarse en primer lugar sobre la cuestión procesal formal planteada por la parte demandada, que alega dudas sobre su admisibilidad, siendo el eje central de su argumentación (apartado 24) que “el legislador rumano no ha transpuesto formalmente al Derecho nacional las disposiciones de la Directiva 2003/88 sobre cuya interpretación versa la petición de decisión prejudicial, a saber, los artículos 2, punto 1, y 6, letra b), de dicha Directiva, de modo que el Tribunal de Justicia no tiene competencia para pronunciarse sobre esta petición, «a menos que el texto en cuestión constituya una norma europea directamente aplicable en el Derecho de los Estados miembros”.  

La admisibilidad de la primera cuestión prejudicial será aceptada por el TJUE, en aplicación de su consolidada jurisprudencia, tanto sobre la distribución competencial con los tribunales de los Estados miembros, como sobre su obligación de pronunciarse cuando las cuestiones planteadas “se refieran a la interpretación del Derecho de la Unión”. Y considera que así es, ya que de la resolución de remisión se desprende (apartado 30) que “...el órgano jurisdiccional remitente solicita la interpretación de dicha disposición para determinar el número de horas de trabajo extraordinarias que, en su caso, deberían ser remuneradas en el marco del litigio del que conoce. La resolución de ese litigio requiere, a su juicio, determinar si el tiempo dedicado a tales desplazamientos debe contabilizarse como «tiempo de trabajo», tal como se define en esa misma disposición”, y que (apartado 31) explica “qué la solución de ese litigio depende de si el tiempo dedicado a esos desplazamientos debe calificarse de «tiempo de trabajo», en el sentido del artículo 2, punto 1, de la Directiva 2003/88”, precisando que “... si bien la cuestión de la remuneración de un trabajador se rige por el Derecho nacional, la resolución de dicho litigio exige determinar previamente la naturaleza jurídica del tiempo dedicado a esos desplazamientos”.

Por el contrario, y como ya he indicado con anterioridad, se declarará inadmisible segunda cuestión prejudicial, tanto porque la resolución remitida (apartado 36) “no contiene la indicación de las razones que llevan al órgano jurisdiccional remitente a preguntarse sobre la interpretación del artículo 6, letra b), de la Directiva 2003/88 y del artículo 31, apartado 2, de la Carta ni de la relación que a su juicio existe entre dichas disposiciones y la normativa nacional aplicable en el litigio principal”, como también (apartado 38) porque “no precisa la relación que establece entre el artículo 31, apartado 2, de la Carta y la solución de ese litigio, en particular en lo que respecta a las repercusiones de la calificación del tiempo que (el trabajador) dedica a desplazamientos hacia y desde un lugar de trabajo distinto de su lugar de trabajo fijo o habitual en la duración media del tiempo de trabajo semanal (del trabajador) y el cálculo de las horas de trabajo extraordinarias de este último”.

6. Al entrar en la resolución de la primera, y única aceptada, cuestión prejudicial, el TJUE recuerda cómo se define “tiempo de trabajo” en el art. 2.1 de la Directiva, también que no existe una categoría intermedia entre este y el “tiempo de descanso”, y que ambos son conceptos del Derecho de la Unión con interpretación autónoma que pueda “garantizar la plena eficacia de dicha Directiva y una aplicación uniforme de los mencionados conceptos en la totalidad de los Estados miembros”.

Hay amplias referencias a la sentencia de 9 de octubre de 2025, asunto C-110/24, para cuyo estudio remito a la entrada “UE. Es tiempo de trabajo el invertido en los desplazamientos realizados a instancia del empleador. El TJUE reitera su jurisprudencia. Notas a la sentencia de 9 de octubre de 2025 (asunto C- 110/24) y amplio recordatorio de la petición de decisión prejudicial planteada por el TSJ de la Comunidad Valenciana” . En dicha sentencia el TJUE declaró que el art. 2.1 de la Directiva 2003/88 debe interpretarse en el sentido de que “el tiempo dedicado a los trayectos de ida y vuelta que los trabajadores tienen la obligación de realizar, juntos, a una hora fijada por su empresario y con un vehículo perteneciente a este, para desplazarse desde un lugar concreto, determinado por dicho empresario, hasta el lugar en el que se realiza la prestación característica prevista en el contrato de trabajo celebrado entre esos trabajadores y ese empresario debe considerarse «tiempo de trabajo», con arreglo a la citada disposición”.

7. De forma muy didáctica, el TJUE expone (apartado 45) que para responder a la cuestión prejudicial “si concurren los tres elementos constitutivos del concepto de «tiempo de trabajo», tal como se enuncian en el apartado 41 de la presente sentencia, en lo que respecta al tiempo de desplazamiento de un trabajador hacia y desde un lugar de trabajo distinto de su lugar de trabajo fijo, entendiéndose que el hecho de que ese tiempo de desplazamiento se desarrolle fuera de las horas de trabajo habituales del trabajador no influye en la calificación de tiempo de trabajo” (la negrita es mía). Llegará a una conclusión afirmativa, con amplio apoyo en la citada sentencia.

A) Primer elemento: el trabajador “debe estar en el ejercicio de su actividad y funciones”. Sí. La fundamentación de tal conclusión se encuentra en el apartado 47:

“Sin perjuicio de las comprobaciones que corresponde efectuar al órgano jurisdiccional remitente, de los autos que obran en poder del Tribunal de Justicia se desprende que, en el presente asunto, (el trabajador), durante sus desplazamientos, debe atenerse a las instrucciones de su empresario. Este, fija las misiones que deben realizar los miembros de su personal. Dicho empresario está facultado para determinar o modificar, a su discreción, el destino y las modalidades del desplazamiento profesional de uno de sus empleados, aun cuando el contrato de trabajo de este prevea un lugar de trabajo fijo o habitual. En efecto, de las indicaciones facilitadas por el órgano jurisdiccional remitente puede deducirse que el empresario decide (sus) desplazamientos a las obras de carretera que está encargado de controlar y las modalidades de tales desplazamientos. El empresario establece las órdenes de misión y controla las hojas de ruta. Así, en particular, el medio de transporte utilizado ... ara dichos desplazamientos, cuyo punto de partida y de regreso está situado en su lugar de trabajo habitual, a saber, Iași, es determinado por el mismo empresario”

B) Pasemos al segundo elemento constitutivo: el trabajador debe estar a disposición del empresario. Nueva respuesta afirmativa, con obligada mención previa, una vez más, a que ello sea así “sin perjuicio de las comprobaciones que corresponde efectuar al órgano jurisdiccional remitente”, que se fundamenta debidamente en el apartado 53.

“... de la presente sentencia, de la petición de decisión prejudicial se desprende que, durante los desplazamientos en cuestión, (el trabajador) está obligado a atenerse a las instrucciones de su empresario. No puede modificar la fecha ni el destino de dichos desplazamientos. Por lo tanto, debe respetar las decisiones adoptadas por el empresario, incluso cuando este pone a su disposición un vehículo conducido por un conductor. Además, de la motivación de la petición de decisión prejudicial se desprende que, durante tales desplazamientos, ... no tiene la posibilidad de disponer libremente de su tiempo y dedicarlo a sus asuntos personales, de modo que está a disposición de dicho empresario”.

Además, recuerda el TJUE (apartado 55) su jurisprudencia respecto a que “entre los elementos característicos del concepto de «tiempo de trabajo», en el sentido de la Directiva 2003/88, no figura la intensidad del trabajo realizado por el trabajador de que se trate o el rendimiento de este”, con apoyo en la sentencia de 30 de octubre de 2025, asunto C-373/24, para cuyo estudio remito a la entrada “UE. Sobre el régimen jurídico de la fiscalía, el concepto UE de trabajador y la aplicación la Directiva sobre ordenación del tiempo de trabajo y remuneración de las guardias. Notas a la sentencia del TJUE de 30 de octubre de 2025 (asunto C-373/24)” 

C) Tercer elemento constitutivo: el trabajador “debe estar en el lugar del trabajo durante el período considerado”. Aquí está, reitero, el contenido más interesante de la sentencia. Tras recordar que en la sentencia de 10 de septiembre de 2015, asunto C-266/14, se planteaba el caso de un trabajador que no tenía un lugar de trabajo fijo (remito a la entrada “Centro de trabajo, trabajadores itinerantes y cómputo del tiempo de trabajo (que no es tiempo de descanso). Unas notas a la importante sentencia del TJUE de 10 de septiembre de 2015 (Asunto C-266/14)”, disponible aquí  y aquí , el TJUE analiza el caso enjuiciado subrayando, tras recordar que el trabajador afectado sí tiene un centro de trabajo fijo, que “... “...no obstante, de las indicaciones que figuran en la petición de decisión prejudicial se desprende que (el trabajador) está encargado regularmente de misiones y que la realización de controles o la celebración de reuniones fuera de ese lugar de trabajo fijo forman parte integrante de sus funciones habituales”, por lo que de ello se desprende asimismo “que (sus) desplazamientos constituyen un elemento inherente al cumplimiento de sus funciones, tal como se definen en su contrato de trabajo.  

¿Pudiera pensarse que durante los desplazamientos el trabajador pudiera “dedicarse a sus asuntos personales? Rechazo tajante del TJUE, nuevamente con mención a la sentencia anterior, ya que “... nada permite pensar, a la vista de los elementos aportados al Tribunal de Justicia, que (el) trabajador podría dedicarse a sus asuntos personales durante su tiempo de desplazamiento, puesto que debe permanecer alejado de su entorno social y familiar y dispone de un escaso margen de maniobra para gestionar el tiempo durante el cual no se solicitan sus servicios profesionales.

En definitiva, parece (prudencia del TJUE a la espera de las comprobaciones del tribunal nacional remitente) que “también se cumple este elemento del concepto de «tiempo de trabajo», en el sentido del artículo 2, punto 1, de la Directiva 2003/88”.

8. Por todo lo anteriormente expuesto, el TJUE declara que el art. 2.1 de la Directiva 2003/88/CE debe interpretarse en el sentido de que

“el tiempo que un trabajador dedica a desplazarse, incluso fuera de sus horarios de trabajo habituales, hacia y desde un lugar de trabajo establecido por su empresario, distinto de su lugar de trabajo fijo o habitual, para ejercer en él su actividad o sus funciones de conformidad con las instrucciones de su empresario, debe considerarse «tiempo de trabajo», en el sentido de dicha disposición”.

Buena lectura.      

viernes, 23 de octubre de 2026

El TSJ de Madrid confirma la sentencia de instancia. Relación laboral de los repartidores de Amazon. Examen de la sentencia de 13 de octubre de 2026

 

1. Es objeto de examen en esta entrada del blog la sentencia dictada por la Sala de lo Social del Tribunal Superior de Justicia de Madrid el 13 de octubre, de la que fue ponente la magistrada Susana María Molina.

La resolución judicial desestima los recursos de suplicación, entre ellos el que me interesa especialmente analizar, interpuestos por dos codemandados y Amazon Road Transport Spain S.L, y confirma la sentencia dictada por la Sección Social del Tribunal de Instancia de Madrid, Plaza núm. 42, el 22 de enero de 2024, que estimó la demanda de oficio interpuesta por la Tesorería General de la Seguridad Social frente a la citada empresa “y los interesados identificados en el encabezamiento y anexos de esta resolución” (3.688 personas interesadas), y declaró que “la relación que ha vinculado a la empresa y los/las repartidores/as a las que se refiere el Acta de Infracción en el período de octubre de 2019 a noviembre de 2021 ha sido de carácter laboral”.

Agradezco al letrado, y profesor, Bernardo García Rodríguez la amabilidad que ha tenido conmigo al enviarme el texto de la sentencia

Se trata, pues, de una nueva sentencia en la que se debate, a partir de las actuaciones de la ITSS, si existe laboralidad en la relación de las y los repartidores que prestan servicios para dicha empresa, o bien se trata de trabajadores autónomos. Ya el TSJ de Madrid había tenido oportunidad de pronunciarse en una ocasiones anterior, en concreto en la sentencia   de 18 de marzo de 2024, de la que fue ponente la magistrada María Virginia Alarcón, que confirmó la laboralidad declarada en la sentencia   dictada en instancia por el Juzgado de lo Social núm. 14 de Madrid el 2 de febrero de 2023, dictada por la magistrada-jueza, Carmen Durán. Reproduzco el fundamento de derecho vigésimo tercero de la sentencia del TSJ:

“VIGESIMOTERCERO.- En definitiva nos encontramos con un sistema productivo en el que AMAZON organiza y dirige la distribución de los paquetes conteniendo los artículos que ha vendido a través de su App o web, sin cuya entrega no podría concluir el negocio que constituye su objeto empresarial, asegurándose tener siempre trabajadores disponibles, mediante el sistema de registro en la aplicación AMAZON FLEX, a los que encomienda la función, a modo del denominado trabajo en común, regulado en el artículo 10 del Estatuto de los Trabajadores, siéndole indiferente cuál de ellos lo realiza, porque todos están registrados y son controlados, teniendo constancia de que cumplen los requisitos necesarios para satisfacer la tarea asignada, de modo que, en lugar de contratar al personal preciso para la realización del trabajo, tiene a su disposición un número mucho más elevado de trabajadores que van a asumir en su conjunto la prestación del servicio, en mayor o menor medida, reduciendo sus costes al no afrontar gastos sociales y precarizando el mercado laboral.

Es por ello que, como en el supuesto examinado por el Tribunal Supremo, las tareas se reparten entre una pluralidad de repartidores, que aquí pueden asumir o no un reparto concreto en un determinado día, pero sí vienen obligados a realizar la entrega de todos los paquetes que integran el bloque asumido en las horas que marca la empresa.

En definitiva, ASF no contrata con los repartidores un servicio de transporte, sino que asigna a éstos una parte de las tareas que son esenciales a su negocio, cuál es la entrega del producto a la persona que lo ha adquirido a través de su plataforma, lo que constituye su objeto, y para lo cual es titular de los activos esenciales para ello, su App y página web, sus instalaciones y almacenes para la recepción y clasificación de los productos vendidos, y su reparto a domicilio, esencial para la realización de la actividad, porque sin él no podría cumplir su objeto y para lo cual se sirve de estos repartidores que no disponen de una organización empresarial propia y autónoma y que prestan su servicio insertados en la organización de trabajo de la empleadora, sometidos a la dirección y organización que deriva de la plataforma.

Así, para prestar estos servicios ASF se sirve de un programa informático que los asigna en función delos algoritmos establecidos, estando condicionada la teórica libertad de elección de horarios y de rechazar pedidos, en función de la asiduidad y eficacia, teniendo un control en tiempo real de la prestación del servicio, sin que el repartidor pueda realizar su tarea desvinculado de la App, por lo que su autonomía está muy limitada, pudiendo simplemente decidir su un determinado día no realiza reparto, con las consecuencias que hemos señalado, por lo que hemos de convenir con la juzgadora a quo en que concurren las notas definitorias del contrato de trabajo entre los repartidores y la empresa demandada previstas en el art. 1.1 del Estatuto de los Trabajadores, desestimándose los recursos.”

El debate en sede judicial sobre la laboralidad o autonomía jurídica de los repartidores ha tenido diversas valoraciones por parte de los TSJ que se han debido pronunciar al respecto. En la consulta efectuada en CENDOJ por “Amazon flex”, aparecen, además de la ya referencia del TSJ de Madrid, un total de seis resultados que versan sobre la misma temática.

El TSJ de Cataluña se ha pronunciado en dos  ocasiones (sentencia   de 21 de febrero de 2025, ponente magistrado Miquel Àngel Falguera, y sentencia  de 26 de marzo de 2025, ponente magistrado Ignacio María Palos), y em ambas se confirma la laboralidad de la relación contractual declarada en instancia.

El TSJ del País Vasco ha dictado la sentencia  fechada el 19 de marzo de 2024, ponente magistrada Garbiñe Biurrún, que confirma la sentencia de instancia y concluye que “... la relación de servicio que vincula al demandado con la empresa codemandada es una relación laboral, esto es, por cuenta ajena, del art. 1.1 ET, pues no concurre, en términos del TS, " el binomio riesgo-lucro especial que caracteriza a la actividad del empresario o al ejercicio libre de las profesiones ( sentencias del TS de 4 de febrero de 2020, recurso 3008/2017 ; 1 de julio de 2020, recurso 3585/2018 ; y 2 de julio de 2020, recurso 5121/2018 )”.

En sentido opuesto conocemos la sentencia   de TSJ de Andalucía (sede Málaga), ponente magistrado Raúl Páez.

También,  las sentencias del TSJ de Aragón de 8 deabril de 2024   , magistrada ponente Elena Lumbreras, y de  19 de diciembre de 2024  , ponente magistrado José Enrique Mora.

2. El litigio encuentra su origen en sede judicial con la presentación de la citada demanda por la TGSS, tras las actuaciones llevadas a cabo por la ITSS de Madrid y de las que se proporciona muy amplia información en los hechos probados primero a quinto de la sentencia de instancia, siendo el sexto el que recoge de manera exhaustiva su valoración “sobre la forma de prestar los servicios en el sistema Amazón Flex”, en el que se hace referencia al contrato que suscribe la parte trabajadora con la empresa, del que destaco este contenido:

“2. Relación mercantil.

El presente Contrato crea una relación de carácter mercantil, no una relación laboral. Como contratista independiente de Amazon, nada de lo dispuesto en el presente Contrato creará ninguna sociedad, joint venture, agencia, franquicia o relación laboral entre usted y Amazon. Como contratista independiente, no se le reconocerá en ningún caso la condición de trabajador de Amazon, incluyendo a efectos de los derechos contractualmente implícitos o legalmente reconocidos a trabajadores o empleados ni a efectos de la normativa fiscal local, y usted no estará obligado ni tendrá derecho a participar en ningún plan o programa de beneficios o de otro tipo en el que participen los empleados o trabajadores de Amazon y sus entidades vinculadas (…) El presente Contrato se aplica a cada Franja de Entrega en el entendimiento, no obstante, de que la relación entre las partes cesará en el intervalo comprendido entre la finalización de una Franja de Entrega y el inicio de la siguiente Franja de Entrega, si ésta se produce”.  

Me permito indicar que se compare esta redacción con el texto del contrato en lengua inglesa   :

“2.           Independent Contractor Relationship. This Agreement creates an independent contractor relationship, not an employment relationship.  As an independent contractor of Amazon, nothing in this Agreement will create any partnership, joint venture, agency, franchise, worker or employment relationship between you and Amazon.  As an independent contractor, you will not be considered as having the status of an employee of Amazon for any purpose, including statutory rights or implied contractual rights of workers or employees or for, and local tax purposes, and you will not be required or entitled to participate in any benefit or other plans or arrangements in which employees or workers of Amazon and its affiliates may participate.  You will be fully responsible for all taxes applicable to you, including but not limited to any income tax, National Insurance and social security contributions arising from payment of the Service Fees (as defined below) and any other liability, deduction, contribution, assessment or claim arising from or made in connection with the provision of the Services.  You have no authority to bind Amazon, and you will not make any representation identifying yourself as an employee worker or agent of Amazon or make any representations to any person or entity that you have any authority to bind Amazon as an employee, worker agent, partner, or otherwise.    This Agreement applies to each Delivery Block but there will be no relationship between the parties after the end of one Delivery Block and before the start of any subsequent Delivery Block”.

3. Contra la sentencia de instancia se interpusieron recursos de suplicación por dos codemandados y por la empresa.

El primero será rechazado de plano por la Sala, primeramente, y en aplicación de su consolidada jurisprudencia sobre los requisitos que deben cumplirse para solicitar la modificación de hechos probados, ya que (véase apartado 5 del fundamento de derecho segundo), los recurrentes “... no sólo no proporcionan ... texto alternativo alguno para ninguno de los ordinales que conforman el relato histórico de la sentencia que combaten (limitándose a reproducir su posición procesal), sino que persiguen se dé una nueva redacción al fallo, no siendo la vía de revisión fáctica canal apropiado para tal resultado”.

Y respecto a la alegada infracción de la normativa y jurisprudencia aplicable (apartado c del art. 193 LRJS), en concreto los arts. 24 y 35 de la Constitución, el recurso es igualmente desestimado, con una dura crítica jurídica a su contenido, que se manifiesta con toda claridad a mi parecer estos párrafos del fundamento de derecho cuarto:

“En primer lugar, una detenida lectura de ambos escritos permite comprobar cómo no citan quienes recurren disposición sustantiva o doctrina jurisprudencial alguna que consideren haya sido incorrectamente interpretada o aplicada por la magistrada de instancia, limitándose a referirse a una serie de principios y preceptos de rango constitucional que ninguna relación guardan con el objeto del litigio.

Los derechos constitucionalmente protegidos de presunción de inocencia (propio del orden sancionador penal), de igualdad ante la ley o de prohibición de discriminación por razón de sexo no resultan comprometidos en la resolución combatida, pues ni tan siquiera fueron tomados en consideración al tiempo de dictarla. Tampoco, el derecho a la libre elección de profesión o a la promoción profesional resultan derechos examinados o tratados en la sentencia, pues ninguna relación guarda ninguno de ellos con la pretensión construida por la TGSS en su demanda.

Puesto que no podemos construir los recursos a quienes los formalizan, dado su carácter extraordinario y la necesidad de evitar la indefensión de la contraparte (por todas STS de 5 de abril de 2017, rcud.1592/2015) comparte la Sala la posición mantenida por el sindicato UGT en su escrito de impugnación, no cabiendo más que desestimar (los recursos)”.

4. Pasemos al contenido más relevante, sin duda, de la sentencia del TSJ, es decir cómo aborda el recurso interpuesto por la parte empresarial al amparo de los tres apartados del art. 193 LRJS. Remitiendo a todas las personas interesadas a la lectura de todo este amplísimo bloque de la sentencia (páginas 18 a 53), sintetizo aquellos contenidos más destacados a mi parecer.  

5. Primera tesis del recurso: infracción del apartado a), solicitándose la declaración de nulidad de la sentencia recurrida, por haber incurrido, según la recurrente, “en la infracción de las garantías esenciales del procedimiento generadoras de una situación de indefensión para quien recurre”. ¿Argumento? “no hubo de haber sido admitida la prueba propuesta por la TGSS consistente en el interrogatorio de tres de los trabajadores que, si bien comparecieron como codemandados junto con la ahora recurrente, manifestaron su interés en que la demanda fuera estimada; pues no cabe interesar el interrogatorio de la propia parte, y caso de proponer el de otros comandantes sólo cabría tener por probado lo por ello depuesto en lo que les perjudicara”.

Tesis de la sentencia, que acoge la formulada por la TGSS, por una parte, y la del sindicato UGT por otra. En primer lugar, al no haberse formulado protesta en el acto de juicio sobre la práctica de dicha prueba, no se ha producido vulneración alguna del derecho a la tutela judicial efectiva; en segundo término, la demanda fue interpuesta en solitario por la TGSS, y los tres trabajadores que  testificaron estaban “en cuestión en la posición codemandada junto con quien ahora recurre”, concluyendo la Sala, para desestimar este motivo de recurso, que “esta realidad procesal conduciría también al mismo resultado, pues cabía a la TGSS interesar tal interrogatorio, no estando limitada en modo alguno la capacidad de cognición y valoración de la jugadora como consecuencia de tal particular”.  

6. Los siguientes fundamentos de derecho sexto a décimo están dedicados al examen de la petición de modificación de hechos probados (cinco motivos del recurso).

Cuatro de ellos serán rechazados con el mismo argumento expuesto al dar respuesta al primero. Al pedir la recurrente que se suprimieran “los puntos 19 y 20 del hecho probado sexto pues, si la prueba del interrogatorio de los conductores que cumplimentaron los cuestionarios requeridos por el Servicio de Inspección no es conforme a derecho, no cabe tampoco extraer de lo por ellos depuesto realidad procesal válida alguna”, el rechazo de la Sala se sustenta en que “... no sólo porque habiendo fracasado el motivo examinado en el fundamento de derecho anterior, la prueba de interrogatorios resultaría plenamente válida, sino porque no cabe que en esta extraordinaria sede la Sala reconsidere el resultado de la misma, ni el contenido de los referidos cuestionarios en cuanto que no dejan de ser prueba testifical documentada (por todas, STS de 24-01-2020, rec. 3962/2016 o la STS 370/2018, de 5 de abril, rcud 199/2016) (la negrita es mía).

Y respecto a otra modificación, punto 13 del HP sexto, el rechazo se fundamenta en que “... la magistrada justifica y razona sobradamente los motivos por los que sólo se admitieron como probados los datos “objetivos” contenidos en el informe pericial aportado por la ahora recurrente, no apreciándola Sala la presencia de error grosero o manifiesto alguno en que aquélla hubiera incurrido al proceder en tal sentido, en la medida en que los datos que se tratan de incluir como verdad procesal responden a juicios de valor y no a meros hechos” (la negrita es mía).

7. A partir del fundamento de derecho undécimo la Sala se adentra en el examen de los motivos del recurso sustentados en el apartado c) del art. 193 LRJS, pudiéndose observar amplias similitudes con los recursos presentados en anteriores conflictos ante otros TSJ y cuyas sentencias he referenciado con anterioridad.

A) En el primer motivo del recurso se solicitó la nulidad del acto de liquidación por caducidad de las actuaciones inspectoras, al haberse extendido éstas más allá de los nueve meses fijados por la normativa aplicable (arts. 21.4 de la Ley 23/2015 y art. 17.1 a) del RD 138/2000).

Rechaza la Sala este argumento, ya que el art. 8 del RD 928/1988 permite ampliar dicho plazo “2. a)... Cuando las actividades de inspección revistan especial dificultad y complejidad. Se entiende que se produce atendiendo al volumen de operaciones del sujeto obligado, por la dispersión geográfica de sus actividades, y en aquellos otros supuestos que indique una norma reglamentaria”. Tras referenciar diversas sentencias de TSJ que también aplican el mismo precepto, concluye que “...  ajustándose la resolución recurrida a la precitada doctrina el motivo es desestimado sin necesidad de ofrecer mayores o distintos argumentos a los más arriba sintetizados”.

B) Más adelante, un nuevo motivo del recurso se centra, una vez más, y van... en la falta de presunción de certeza del acta de liquidación, sustentado en que “... no recoge hechos apreciados de manera directa por el Inspector sino referencias de los trabajadores a través de los cuestionarios cumplimentados, añadiendo que en cualquier caso no puede ofrecerse una respuesta única para todos los trabajadores en la medida en que existen singularidades en cada caso que impide un tratamiento conjunto”. Para la recurrente, se habrían infringido los arts. 15 y 32 del RD 928/1988, el art. 23 de la Ley 23/2015, el art. 53 de la Ley 39/2015 y el art. 217 de la Ley de Enjuiciamiento Civil.

La Sala efectúa un amplio y detallado repaso de la normativa aplicable, así como de la jurisprudencia de la Sala Social del TS sobre la presunción de veracidad del contenido de las actas, para concluir, refiriéndose al caso enjuiciado, que

“... La aplicación de la precitada doctrina al motivo examinado determina su fracaso, en la medida en que de una lectura detenida de la sentencia se puede comprobar cómo la juzgadora construyó su convicción fáctica acerca del modo en que los denominados colaboradores prestan servicios de reparto para la compañía recurrente a través de la aplicación Amazon Flex, a través de la valoración conjunta de la prueba practicada especialmente de la prueba testifical y de interrogatorio de parte, así como del conjunto de documental aportada por las partes, la pericial, así como a partir del contenido del acta de infracción levanta por el Servicio de Inspección.

Afirmar como se pretende que la realidad procesalmente declarada (fundamentalmente en el ordinal sexto) concerniente a la mecánica de prestación del servicio se asienta exclusivamente (o de un modo principal) en la presunción de certeza del contenido de las actas en los términos que más arriba hemos descrito, es apartarse de la propia resolución de instancia, que destina un extenso y profusamente argumentado primer fundamento de derecho a precisar los medios de prueba que fueron tomados en consideración a estos efectos, así como el alcanza y valor dotado a cada uno de ellos.

Discrepar de dichas conclusiones resulta legítimo, pero en modo alguno ello equivale o es sinónimo de la concurrencia de la infracción normativa que se denuncia, con lo que el recurso ha de ser desestimado en este punto” (la negrita es mía).   

C) Sigamos examinado los motivos del recurso, alegándose en el siguiente la infracción del art. 2.3 del Código Civil, ya que que la sentencia “... aplicó de forma retroactiva en el fundamento de derecho sexto ... la Ley 12/2021 de 28 de septiembre (que modificó la DA 23º del ET), pues aplicó la presunción de laboralidad contenida en dicha disposición adicional a todos los colaboradores con los que contaba la compañía, resultando que sólo cuatro de ellos iniciaron su prestación de servicios tras la entrada en vigor de tal disposición”.

Rechaza de plano la Sala esta tesis, con un detallado repaso de cómo llegó la sentencia de instancia a su conclusión, recordando que esta, y utilizando tanto el RDL 9/2021 como la Ley 12/2021, llegó a la conclusión de que la laboralidad de las personas afectadas por las actuaciones inspectoras “aunque el ámbito temporal al que se refiere la actuación inspectora objeto de enjuiciamiento únicamente incluiría los tres últimos meses y medio, lo cierto y verdad es que la declaración de laboralidad de tales vínculos no se genera por las circunstancias singulares de cada repartidor, sino por las que resultan comunes al modo en que todos ellos realizan las atrase de reparto, y que no son otras que las concernientes al modo de funcionamiento y distribución de tareas a través de la plataforma Amazon Flex”. Para la Sala, de forma muy correcta a mi parecer, es muy correcta la tesis de la sentencia recurrida, por cuanto la magistrada llegó a concluir que “... si con arreglo a la presunción contenida en la DA 23º del ET (aplicable a ese segundo periodo) la relación entre los colaboradores y ARTS ha de ser calificada de laboral, habrá también de naturalizarse como tal tales relaciones durante el tiempo de prestación de servicios inmediatamente anterior, en tanto en cuanto no consta acreditado que hayan variado las circunstancias y forma en que el servicio de reparto era prestado, reuniendo ambos tiempos los mismos requisitos y presupuestos definidos en el artículo 1 del ET que determinarían dicha calificación” (la negrita es mía).

D) En el último motivo del recurso, y estamos ya en el fundamento de derecho decimoquinto, la recurrente alega la infracción del art. 1.1 de la Ley del Estatuto de los trabajadores, en relación con el art. 1 de la Ley 16/1987 de 30 de julio de Ordenación de los transportes terrestres, y los arts. 1, 2, 3, 4, 6, 17, 18, 28, 29, 31 y 36 de la Ley 15/2009 del contrato terrestre de mercancías. Conozcamos sus argumentos:

“Parte la compañía de su objeto social, como operador de transporte, para fijar su sujeción a la LOTT y la LCTTM; y ello con independencia de la posesión o no de un título habilitante para el transporte. Como tal operador de transporte contrata el transporte con empresas de reparto y trabajadores autónomos con sometimiento a la normativa especial del sector de transporte que prevé una serie de facultades de control que no cabe se confundan con las de dirección y organización empresarial.

En relación con los bloques reservados afirma ARTS que de acuerdo con lo manifestado por los colaboradores que depusieron como testigos en el acto del juicio la magistrada desdibuja el contenido y régimen de selección y reserva de los mismos, que resulta voluntario, negando la presencia de ninguna suerte de penalización. Niega que la forma de reparto sea personalísima pues cabe la subcontratación de la actividad con otros colaboradores del programa Amazon Flex, como tampoco existe ninguna suerte de valoración sobre la fiabilidad del servicio. Las exigencias de aportación de vehículo propio, alta en el RETA y permiso de conducir sólo responden a las exigencias de la legislación  rectora del reparto por carretera.

Tampoco puede afirmarse que la aplicación Amazon Flex sea el medio esencial para el desempeño de la actividad, no existe control mediante geolocalización, no existen instrucciones sobre el modo de prestación del servicio, no se proporcionan los medios materiales para tal fin, ni se exige disponibilidad alguna, respondiendo las causas de extinción del servicio a las propias de una relación mercantil. Tampoco cabe hablar de ajenidad pues no existe tal ni en la marca, frutos o medios”.

Rechazará la Sala este último motivo del recurso. Lo hará, recordando primeramente el contenido del art. 1.1 LET, y transcribiendo a continuación muy amplios apartados de la importante sentencia dictada por el Pleno del TS el 25 de septiembre de 2020, el conocido como “asunto Glovo”, subrayando antes que dicha sentencia se dictó “(en un) momento en el que no se había introducido en el ET la disposición adicional 23º, por lo que la doctrina allí contenida resulta de plena aplicación al caso que nos ocupa” (sobre dicha sentencia remito a la entrada “Pues sí, la saga Glovo (y los glovers) merecen un caso práctico. Notas a la sentencia del TS de 25 de septiembre de 2020, que declara la laboralidad, y recordatorio de las sentencias del JS núm. 39 de Madrid de 3 de septiembre de 2018 y del TSJ de Madrid de 19 de septiembre de 2019”, disponible aquí  y aquí 

Si bien la Sala considera que dicha doctrina jurisprudencial bastaría para desestimar el motivo del recurso, no se queda aquí y entra (“no como ratio decidendi, pero sí con una finalidad interpretativa de nuestro propio ordenamiento vigente al tiempo de iniciarse el procedimiento de oficio que nos ocupa)”, en el examen de la normativa internacional y europea sobre el trabajo en las llamadas empresas de la economía de plataformas.

Buena conocedora de las novedades más recientes en el ámbito internacional, la Sala se detiene en el recientemente aprobado Convenio núm. 193 de la OIT, en concreto en su art. 1 a), y no olvida tampoco la mención a la Directiva 2024/2831, en concreto el art. 2). Hay un párrafo de la argumentación de la Sala, que sin duda bebe del buen conocimiento de la normativa internacional y que me parece especialmente relevante para destacar. Afirma la Sala que la posibilidad, a efectos meramente interpretativos

“en relación con los convenios de la OIT que no se encuentran ratificados por los Estados miembros, es pacíficamente admitida por el artículo 19.5.e), 6 y 7 de la Constitución de la Organización Internacional del Trabajo que obliga a la Comisión de Expertos en Aplicación de Convenios y Recomendaciones (CEACR) a elaborar anualmente informes globales en los que analiza la legislación de todos los países (hayan ratificado o no el convenio analizado). Los convenios no ratificados son utilizados por la OIT como un parámetro interpretativo universal para definir el alcance de los derechos laborales a nivel global, admitiendo este mismo uso por los tribunales y los operadores jurídicos pueden emplearlos como pautas de interpretación o elementos de referencia objetiva por cuanto reflejan el consenso internacional y los estándares técnicos elaborados por la Organización Internacional del Trabajo”.

8. Tras el repaso de la normativa nacional, la jurisprudencia del TS, y la normativa internacional y europea, y trasladándola al caso concreto, la Sala manifiesta en el fundamento de derecho decimoctavo que desestimará el recurso “por cuanto comparte la Sala las conclusiones alcanzadas en la instancia relativas a la concurrencia, en el modo en que los colaboradores de la compañía demandada, las notas de voluntariedad, dependencia y ajenidad que naturalizan la prestación de trabajo por cuenta ajena en los términos definidos en el artículo 1.1 del ET”, pasando a continuación a exponer sus argumentos en los que sustenta tal conformidad, es decir la existencia de concurrencia de los presupuestos sustantivos de una relación contractual laboral.

A) Primer argumento: rechazo de la aplicación de la normativa relativa al transporte de mercancías, subrayando la diferencia entre el contrato de trabajo y el contrato de transporte, con apoyo en la muy reciente, y muy bien argumentada a mi parecer, sentencia  del TS de 15 de septiembre, de la que fue ponente el magistrado Rafael A. López (resumen oficial: “Relación laboral. No concurren los requisitos de la excepción del art. 1.3.g) del ET. No se exige autorización administrativa para el transporte interno dentro de los terrenos de la empresa. No se trata de un vehículo comercial de servicio público”), que transcribe muy ampliamente. El TS concluyó que

“... al concurrir todos los elementos definitorios de la relación laboral (sujeción a jornada, horario y turnos, sometimiento a la facultad directiva empresarial y salario fijado por unidad de tiempo), la aportación del vehículo por el trabajador no alcanza la relevancia suficiente para excluir la calificación de la relación como laboral, que en ese caso sería de 3,5 Tm de masa máxima autorizada, propia de los transportes privados complementarios, que no están dentro de la previsión del art 1.3.g ET. La contratación de conductores por las empresas para la realización de su propia actividad privada, ajena a la prestación de servicio público de transporte de mercancías para terceros (es decir, el transporte privado complementario), si concurren las características propias de un contrato de trabajo (dependencia, ajenidad, retribución, etc.), solamente perderá la naturaleza laboral cuando el trabajador aporte para la actividad de transporte un vehículo de su titularidad con masa máxima autorizada superior a las 3,5 Tm, puesto que en tal caso esa aportación de medios instrumentales, por su relevancia, pasa a tener carácter principal sobre la prestación de trabajo personal, lo que no ocurre cuando, como en este caso, no se alcanza ese límite” (la negrita es mía).

Asume, pues, la Sala autonómica la tesis del TS, al sostener que “la sola aportación por parte del repartidor de un vehículo de su titularidad para el desempeño de la actividad comercial de transporte y reparto de las mercancías no desvirtuaría por sí misma la presencia de una relación laboral cuando ese vehículo no tiene una importancia económica sustancial en relación con la actividad económica desarrollada”,  por lo que debe entrar, y efectivamente así lo hace, en la existencia o no de la totalidad de los elementos concurrentes en la prestación.

B) Y la respuesta, ya la conocemos, es afirmativa. Pasando revista a los hechos probados (inalterados, al no haberse admitido las modificaciones solicitadas), se concluye que

“es la compañía recurrente la que a través de la plataforma digital nominada “Amazon Flex” gestiona y organiza el sistema de reparto y distribución de las mercancías adquiridas por los clientes (a través de criterios que no han sido comunicados a los propios colaboradores) formando bloques de mercaderías en atención a parámetros previamente por ella definidos (en los que no intervienen los colaboradores en modo alguno), quedando exclusivamente limitada la esfera de decisión de los estos a la selección de la particular ruta a seguir en cada entrega, así como a la elección de los bloques estándar que quiera asumir de entre todos los que se ofertan de manera homogénea a la totalidad de repartidores.

Es la entidad demandada (y no cada repartidor) quien determina el importe de las tarifas que han de cobrarse por cada reparto, generando la plataforma digital de manera automática la correspondiente facturación tras la finalización de cada entrega.

No cabe que los colaborados subcontraten con tercero ajeno a la compañía el desempeño del trabajo, no siendo equiparable a tal proceder la posibilidad de sustitución entre repartidores vinculados a la empresa a través de la propia plataforma, pues tal mecanismo por sí mismo revela ya la ausencia de libertad alguna del colaborador en la selección del eventual trabajador sustituto, al no quedar su elección en manos del repartidor sino de la entidad titular de la plataforma.

Estamos en presencia también de facultades empresariales disciplinarias de supervisión de la calidad del trabajo, por cuanto los colaboradores al inicio de la prestación del servicio reciben a través de la aplicación formación sobre seguridad, modo de realizar entregas, así como del manejo de posibles mercancías peligrosas; recibiendo a través de dicha plataforma valoraciones acerca de su desempeño, conllevando penalizaciones en caso de retraso o entregas irregulares (apartándose de las directrices que previamente la compañía facilita a los repartidores a través de la plataforma Amazon Flex, sobre las que aquéllos han quedado previamente formados).

Así afirma la juzgadora que “de las respuestas dadas por los colaboradores que contestaron el cuestionario remitido por la Inspección de Trabajo se desprende, con claridad que la aplicación puntuaba sus servicios y penalizaba determinadas faltas (entre otras, puntualidad, entrega o cancelaciones), sin que se comparta el carácter parcial o segado que la demandada imputa a las preguntas 11, 12 y 24 (que se han dado por reproducidas en el último hecho probado) (fundamento de derecho séptimo con evidente valor de hecho probado)”

 C) ¿Hay ajenidad? No hay duda para la Sala, que confirma todo lo argumentado en la sentencia de instancia: “... arriba, no gozan los colaboradores de libertad alguna para fijación del precio a cobrar a los clientes de Amazon por cada servicio de transporte, siendo la compañía ARTS quien determina dicho importe de manera unilateral a través de la plataforma.

Igualmente, es la aplicación Amazon Flex la que una vez finalizado el servicio elabora autofacturas que son abonadas con periodicidad semanal a cada uno de los colaboradores. Por tanto, no son los propios repartidores sobre quienes pesa la obligación de emitir factura en los términos exigidos por el artículo 2 del Real Decreto 1619/2012, de 30 de noviembre, por el que se aprueba el Reglamento por el que se regulan las obligaciones de facturación... “.

Es claro para la Sala, que recuerdo que está aplicando los criterios sentados en jurisprudencia del TS que el modo de proceder de la empresa “... evidencia que es la compañía ahora recurrente la que se beneficia de manera directa de los frutos del trabajo prestado por los colaboradores, teniendo atribuida la aplicación Amazon Flex como facultades propias de la persona empleadora al ocuparse de retribuir de manera homogénea y periódica a los colaboradores por los servicios prestados, con arreglo a los parámetros de facturación por ella misma determinados”.

D) Y para cerrar el argumentario, bien elaborado y construido de acuerdo a la normativa y jurisprudencia aplicable, la Sala concluye, ante de llegar al fallo desestimatorio del recurso, que

“...resulta acreditado que es la aplicación ARST a través la plataforma Amazon Flex (configurada, instruida y gestionada directamente por la empresa ahora recurrente) la que encarna la posición de empleador asumiendo y desplegando todas y cada una las facultades de organización y dirección a las que se refiere el artículo 20 del ET”,

Y que,

“No desvirtúa lo anterior la particularidades que pudieran concurrir en la forma en que cada uno de los colaboradores prestan el servicio (tales como el tipo de vehículo que en cada caso sea utilizado para el reparto de las mercancías, los concretos horarios y bloque que cada colaborador pueda seleccionar de entre los disponibles) o el hecho de no logotipar los medios de transporte empleados en la actividad (en la medida en que al presentarse se exige identificarse con el nombre de la mercantil AMAZON, fundamento de derecho séptimo), pues tales circunstancias tienen peso específico menor en relación con el núcleo esencial y común que constituye la forma de prestación del servicio más arriba descrita”.

9. Concluyo este artículo. A la espera de un posible recurso de casación para la unificación de doctrina por parte empresarial, buena lectura.