1. La Organización Internacional del Trabajo presentó el día 11 de este mes su informe “Tendencias mundiales del empleo juvenil 2026”, con el título “Regreso al futuro” (texto íntegroen inglés y resumen ejecutivo en castellano ).
A dicho informe se
dedica una amplia nota de prensa de presentación ,
un vídeo en el que se explica sus contenidos más destacados, y y un
breve resumen en el que se expone que “examina los acontecimientos recientes en los mercados
laborales juveniles a nivel mundial y ofrece un análisis global y regional más
actualizado sobre las tendencias y perspectivas del empleo juvenil.
Además, y es especialmente
relevante, a través de Dataviz (visualización de datos) se puede acceder y comparar las principales
tendencias del mercado laboral en distintos países y regiones
2. A diferencia
del optimismo que desprendía el Informe publicado dos años antes con el título “Trabajo
decente, futuros más prometedores” (texto íntegro en ingles y resumen ejecutivo en castellano , el de 2026 muestra más preocupación por la situación del empleo juvenil y sus
perspectivas de futuro, en especial en algunas regiones, desde una perspectiva
general previa de que “El desempleo juvenil está aumentando a nivel mundial a
medida que el estancamiento del crecimiento económico y la débil creación de
empleo elevan las barreras de acceso al mercado laboral para los jóvenes y
empujan a un número cada vez mayor de ellos a quedar fuera del empleo, la
educación o la formación”.
Antes de abordar
las líneas más relevantes del Informe 2026 deseo recordar que el de 2024 fue
objeto de mi atención en la entrada “Empleo juvenil. A propósito del informe
2024 de la OIT” , del que reproduzco amplios fragmentos de su contenido a fin y efecto de poder
efectuar una comparación con el actual.
“... Desde hace
muchos años, la Organización Internacional del Trabajo OIT realiza informes
sobre las tendencias mundiales del empleo juvenil, a los que he dedicado mi
atención en las diversas entradas de este blog en las que he analizado la
problemática del empleo en general y la del empleo juvenil en particular.
Basta ahora
recordar, como ejercicio de comparación de cuál era la realidad hace doce años
con respecto a la actual, el artículo publicado sobre el informe de 2012, que
titulé “Un nuevo, y preocupante, informe de la OIT sobre las tendencias
mundiales de empleo” , del que reproduzco unos breves fragmento que podrían
perfectamente ser acogidos en el de este año con las debidas adaptaciones:
“Para mejorar la
situación de la población en general, y muy en especial de la afectada por
desempleo y vulnerabilidad, la OIT apuesta por cambios en los estructuras
económicas que permitan incorporar actividades de mayor valor añadido y con un
incremento sustancial de la productividad de los trabajadores, debiendo ir ello
acompañado por un mejor, o más justa, distribución de los beneficios económicos
que se generan, algo que requerirá necesariamente, y así lo viene defendiendo
el máximo foro mundial social desde la puesta en marcha del programa de trabajo
decente, “mejorar más la educación y el desarrollo de las calificaciones,
aplicar regímenes de protección social adecuados que aseguren un nivel de vida
elevado para los más vulnerables, y un mayor diálogo entre los trabajadores,
los empleadores y los gobiernos”.
... Las cinco
áreas de actuación recogidas en el Informe son las siguientes: “1. políticas
económicas y de empleo para impulsar la creación de empleo y mejorar el acceso
a la financiación; 2. educación y formación para facilitar la transición de la
escuela al trabajo y evitar desajustes de capacidades; 3. políticas del mercado
laboral dirigidas al empleo de jóvenes desfavorecidos; 4. emprendimiento y
autoempleo para ayudar a los jóvenes empresarios potenciales; y 5. derechos
laborales basados en estándares laborales internacionales para garantizar que
los jóvenes reciban el mismo trato y se les concedan derechos en el trabajo”.
... Se trata de la
duodécima edición del Informe que marca su vigésimo, en el que se repasa “lo
que se ha conseguido en este siglo para mejorar las perspectivas laborales de
los jóvenes y se considera el futuro del empleo juvenil en una época
caracterizada por las crisis y las incertidumbres".
En su presentación
se subraya que “Durante dos decenios, el informe se ha esforzado por
proporcionar información oportuna y pertinente sobre cómo les va a los jóvenes
en sus esfuerzos por acceder a un trabajo decente. Para ello, ha investigado el
dónde, el porqué y el cómo de las vulnerabilidades del mercado de trabajo de
los jóvenes, y ha puesto de relieve las medidas e intervenciones en materia de
políticas dirigidas a apoyar la creación de empleo juvenil y encaminar
eficazmente a los jóvenes hacia un futuro laboral prometedor. Como edición de
aniversario, este año Tendencias Mundiales del Empleo Juvenil echa la vista
atrás para recordar lo que se ha conseguido desde los inicios del siglo XXI, al
tiempo que mira hacia adelante para ver qué puede deparar el empleo juvenil en
una época caracterizada por las crisis y las incertidumbres”.
... Estas son las
tesis más relevantes a mi parecer del Informe 2024 de la OIT:
“La tendencia a la baja de las tasas de
desempleo juvenil en la mayoría de las regiones, aunque no en todas, es una
buena noticia. Pero el desempleo no es la única señal de viento en contra del
éxito de los jóvenes en el mundo del trabajo. Solo el 6 por ciento de la
población mundial de jóvenes estaba desempleada en 2023, pero una proporción
mucho mayor, el 20,4 por ciento, no tenía empleo, ni estudiaba ni recibía
formación. Esta perspectiva ofrece una imagen mucho más amplia de la exclusión
del mercado de trabajo entre los jóvenes, al tiempo que apunta a algunas
oportunidades perdidas en el desarrollo del capital humano.
Los avances en el
logro de la meta 8.6 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) para
reducir la tasa de jóvenes que ni estudian, ni trabajan ni reciben formación
han sido desiguales y se han inclinado a favor de las economías avanzadas. El
informe revela que uno de cada tres jóvenes del mundo (33 por ciento) vive en
un país que «no va por buen camino» en su objetivo de reducir la tasa de
jóvenes que ni estudian, ni trabajan ni reciben formación. Lo que resulta
especialmente inquietante es que los países en los que se observa un progreso
regresivo son los países de ingreso bajo y los situados en subregiones donde
las tasas ya se encontraban entre las más altas del mundo (a saber, Estados
Árabes, África Septentrional y África Subsahariana).
En el plano
mundial, también es preocupante el rostro femenino persistente que tiene el
colectivo de jóvenes que ni estudian, ni trabajan ni reciben formación. No solo
dos de cada tres jóvenes en esta situación son mujeres, sino que la tasa de
jóvenes que ni estudian, ni trabajan ni reciben formación entre las mujeres
jóvenes es también más del doble que la de los hombres jóvenes (en 2023 del
28,1 por ciento y el 13,1 por ciento, respectivamente)”.
“... A pesar de
las señales positivas de los indicadores económicos y del mercado de trabajo a
nivel mundial, los jóvenes muestran hoy signos de niveles crecientes de
ansiedad sobre su futuro. Las encuestas destacadas en este informe indican que
muchos jóvenes de hoy se sienten estresados por la pérdida de empleo y la
estabilidad laboral, el estado de la economía, la falta de movilidad social
entre generaciones y sus perspectivas de una eventual independencia financiera.
Las percepciones de los jóvenes sobre el futuro, basadas o no en la realidad,
desempeñan un papel importante en su bienestar personal y sus niveles de
motivación, así como en la configuración de sus decisiones sobre su futuro
educativo, laboral y compromiso cívico.
Con objeto de
ayudar a aliviar las ansiedades de los jóvenes, las instituciones tendrán que
guiarlos a través de las complejidades de las transiciones de la escuela al
trabajo y de la juventud a la edad adulta. Ayudar a los jóvenes a mantener
vivas sus esperanzas debe convertirse en una misión compartida que implique a
todos los segmentos de la sociedad”
“... El mayor
acceso a la educación observado desde el comienzo del milenio se ha visto
acompañado de una ligera disminución general de los beneficios de la educación,
una situación que refleja en parte el lento progreso de la transformación
estructural de las economías en proceso de desarrollo. La proporción de
trabajadores jóvenes en el sector industrial ha ido creciendo ligeramente, pero
la asignación sectorial del empleo juvenil fuera del sector agrícola ha sido
predominantemente hacia la industria no manufacturera (principalmente la
construcción) y hacia servicios tradicionales como el comercio, el transporte,
la hostelería y la restauración. El ajuste estructural de las economías en
desarrollo hacia sectores de mayor valor añadido ha sido lento, lo que
significa que los jóvenes de los países en desarrollo siguen encontrando
trabajo principalmente en ocupaciones que requieren cualificaciones bajas o
intermedias. Además, al ser limitado el número de puestos de trabajo
disponibles que requieren cualificaciones más altas, la cola de los jóvenes con
estudios que buscan trabajo es cada vez mayor.
Para compensar la
disminución de los beneficios de la educación superior, los países tendrán que
prestar cada vez más atención a las políticas y programas que puedan impulsar
la creación de puestos de trabajo para los jóvenes y a las políticas que apoyen
la transición de los jóvenes al empleo productivo. Y es importante tener en
cuenta que, a pesar de cierta ralentización de los beneficios de la educación
superior, los jóvenes con estudios siguen teniendo muchas más posibilidades de
salir de la economía informal, ganar salarios más altos y conseguir cierto
grado de estabilidad laboral. En otras palabras, los beneficios sociales
generales que conlleva el aumento de las inversiones en la educación y la
formación de los jóvenes son más apreciables que nunca”
“... El informe
identifica los siguientes principios fundamentales para la adopción de medidas
en materia de políticas:
1. Mantener a los
jóvenes al timón de la formulación de políticas, y promover y fortalecer las
instituciones de diálogo social que incluyan a los jóvenes en todas las esferas
de acción.
2. Ampliar el
enfoque político en la creación de puestos de trabajo a través de políticas
macroeconómicas y sectoriales que tengan en cuenta las cuestiones de género, y
asegurarse de que las intervenciones en la demanda se dirigen directamente —y
con carácter urgente— a la creación de puestos de trabajo para las mujeres
jóvenes.
3. Ampliar las
intervenciones en la oferta con un impacto demostrado y que estén orientadas a
satisfacer la demanda de mano de obra, inclusive a través del fortalecimiento
de las instituciones, así como las intervenciones que se esfuerzan por eliminar
las barreras de acceso a la educación y el desarrollo de competencias,
especialmente para los grupos vulnerables, y de este modo, reducir el número de
jóvenes que ni estudian, ni trabajan ni reciben formación.
4. Abordar las
desigualdades mundiales mediante la mejora de la cooperación internacional, las
alianzas público-privadas y la financiación para el desarrollo”.
3. Regreso al
Informe 2026, cuya estructura es la siguiente:
“El capítulo 1
analiza las tendencias actuales del mercado de trabajo, centrándose en las
perspectivas mundiales y regionales del desempleo juvenil, la inactividad de
los ninis y el empleo, incluida la calidad del trabajo. El capítulo 2 se centra
en abordar las causas de los mediocres resultados que el mercado de trabajo
para los jóvenes registra en la actualidad. Examina el contexto macroeconómico,
la realidad del aumento de los conflictos mundiales, la presencia cada vez
mayor de la IA y la cuestión de la inflación de la experiencia laboral como
factores que subyacen a los retos que se plantean en el acceso al mercado de
trabajo. El capítulo 3 analiza el marco de políticas en materia de empleo
juvenil, prestando especial atención a cómo se puede adaptar el alcance de
dichas políticas para apoyar a los jóvenes a lo largo de sus transiciones cada
vez más turbulentas en el mercado de trabajo y conducirlos por sendas bien fundamentadas
hacia el trabajo decente”.
4. En el resumen
ejecutivo, se pone de manifiesto que el camino de acceso de los jóvenes al
mercado de trabajo está “lleno de obstáculos”, ya que “... la recuperación,
tímida y efímera, de los mercados de trabajo para los jóvenes que siguió a la
pandemia de COVID-19 se ha estancado. Esta edición de Tendencias Mundiales del
Empleo Juvenil pone de manifiesto que la desaceleración del crecimiento
económico mundial, la disminución de la creación de empleo, las tensiones
geopolíticas y los rápidos cambios tecnológicos se están combinando para hacer
que la transición de la escuela a un trabajo decente resulte cada vez más
difícil para muchos jóvenes”.
La preocupación
general la concreta en estos datos:
“Tras alcanzar en
2023 su nivel más bajo en más de dos decenios, la tasa de desempleo mundial de
los jóvenes de entre 15 y 24 años aumentó ligeramente hasta el 12,4 por ciento
en 2025, alcanzando la suma de 67 millones de jóvenes desempleados en todo el
mundo. Lo que resulta aún más preocupante, dado que hay más jóvenes afectados y
que la desmotivación juvenil es más difícil de revertir, es que la proporción
mundial de jóvenes que ni estudia ni trabaja ni recibe formación (ninis)
también está volviendo a aumentar, pasando del 19,7 por ciento en 2023 al 20
por ciento en 2025. Ello se ha traducido en un aumento de 9 millones de ninis
entre 2023 y 2025, lo que sitúa el número de ninis en 257 millones”.
5. El informe constata
que el empeoramiento de los resultados relacionados con el acceso de los
jóvenes al empleo “ha sido casi generalizado en los últimos dos años”;
igualmente se destaca que la brecha de género sigue estando muy presente, ya
que los hombres jóvenes “siguen teniendo ventaja a la hora de incorporarse al
mercado de trabajo, subrayando que ello no se debe en modo alguno al nivel educativo,
“... sino más bien con la propensión significativamente mayor de las jóvenes a
encontrarse en situación de nini debido a la inactividad (fuera del ámbito
escolar)”, y concretando que “... las barreras persistentes relacionadas con
las responsabilidades de cuidados no remunerados, la discriminación y el acceso
limitado a un empleo de calidad siguen condicionando la participación económica
de las jóvenes, especialmente en los Estados árabes, el Norte de África y Asia
Meridional”.
6. Es
especialmente significativa la preocupación que se pone de manifiesto en el
Informe sobre las dificultades que encuentran los jóvenes para participar en el
mercado de trabajo en las subregiones en desarrollo como los Estados árabes y
el norte de África, si bien con circunstancias muy diferentes en cada una. De
especial interés me parece cómo se analiza la situación de los jóvenes en el África
subsahariana, en donde la tasa de desempleo es cuatro puntos por debajo de la
media mundial (8,4 y 12,4 % respectivamente), si bien ello se debe al
elevadísimo grado de informalidad de las relaciones de trabajo. Reproduzco unos
datos que deberíamos tener muy en consideración:
“... Prácticamente
nueve de cada diez trabajadores jóvenes de países de ingreso bajo y mediano
bajo (muchos de los cuales se encuentran en África subsahariana) siguen en el
empleo informal, y dos de cada tres siguen desempeñando algún tipo de trabajo
precario (por cuenta propia o temporal remunerado) en su etapa de adultos
jóvenes (de 25 a 29 años).
La presión
demográfica en África subsahariana es especialmente acuciante. Actualmente,
casi dos tercios del aumento de la población juvenil mundial corresponden a
esta subregión, y se trata de una tendencia que continuará en los próximos
años. Con millones de jóvenes que se incorporan al mercado de trabajo compitiendo
por un número limitado de puestos de trabajo decente y con la presión
demográfica en aumento, la tasa cada vez mayor de ninis en África subsahariana
es una señal del desaliento cada vez mayor que cunde entre la juventud” (la negrita es
mía).
7. Buena parte de
la diferente (más pesimista) perspectiva del Informe actual respecto al del
2024, se debe al incremento de las dificultades de los jóvenes para su acceso
al mundo laboral “en los países de ingresos altos”, que es calificado de “fenómeno
relativamente reciente”. Se constata como aspecto bien positivo que el empleo
es mayoritariamente formal y con modalidades contractuales más seguras y
estables, y como dato preocupante ese incremento de la dificultad de acceso,
concretado en que “... La tasa de desempleo juvenil ha aumentado de forma
especialmente destacable en América del Norte, pasando del 8,3 por ciento en
2023 al 9,8 por ciento en 2025. Europa septentrional, meridional y occidental
registraron un aumento menor, aunque la tasa se mantuvo en un nivel más elevado
en 2025 (en el 15 por ciento). De los 29 países de la subregión, 20
experimentaron un empeoramiento en la capacidad de sus economías para absorber
el talento joven y ofrecerles oportunidades de empleo decente”. Y ello, combinado con el que incremento de la
población juvenil en algunas regiones no ha ido de la mano con la participación
juvenil en el mercado laboral, siendo por el contrario incrementada la
participación de la población adulta, concretada en este dato: “... La tasa mundial
de desempleo juvenil aumentó del 12,3 por ciento en 2023 al 12,4 por ciento en
2025, al tiempo que la tasa de desempleo de los adultos (de 25 años y más)
disminuyó del 3,7 por ciento al 3,6 por ciento. Estas tendencias divergentes
dan lugar a un aumento de la ratio entre las tasas de desempleo juvenil y las
tasas de desempleo de adultos (en 2025 la ratio se situó en 3,4), lo que pone
de manifiesto el aumento de las dificultades en la capacidad de la economía
mundial para incorporar talento joven”.
8. Hay un amplio
apartado del Informe dedicado al impacto de la Inteligencia Artificial, siendo
la nota más destacada del mismo su afectación sobre la pérdida de empleo de
cualificación media para los jóvenes, y el menor impacto, o más exactamente la
mayor resistencia, en el empleo para jóvenes en áreas técnicas altamente
cualificadas y basadas en el conocimiento —como la ciencia, la ingeniería, la
salud y las tecnologías de la información y las comunicaciones ...”, que han
mostrado “... un crecimiento continuado en la mayoría de los países. Dada la importancia que está adquiriendo, y
cada vez más, el debate sobre la IA y su afectación, total o parcial, a los
distintos empleos, reproduzco a continuación unos fragmentos del Informe:
““En este análisis,
la exposición se limita a aquellas ocupaciones que tienen una parte
significativa de tareas consistentemente expuestas a la IA generativa y
ocupaciones donde la mayoría de las tareas son altamente automatizables (las
identificadas en la tabla A.4 como gradiente 3 o 4). Sí, algunos empleos
desempeñados por jóvenes tienen un alto riesgo de exposición a la IA,
dependiendo del grado de proliferación digital en el país.
Con base en la
composición ocupacional divergente del empleo, los resultados señalan una
variación sustancial entre subregiones y grupos de ingresos en el grado de
exposición del empleo juvenil a la IA. Los resultados dependen de las
actividades y tareas económicas más expuestas a la IA, así como de la
composición del empleo en dichas actividades por subregión y grupo de ingresos
del país. Los países de ingresos altos y medios-altos presentan riesgos de
exposición a la IA considerablemente mayores para los jóvenes (14,3 % y 7,6 %,
respectivamente, en comparación con el 3,1 % en los países de ingresos
medios-bajos y el 0,9 % en los países de ingresos bajos) (tabla 2.2). Entre las
subregiones, las tasas de exposición juvenil son más elevadas en Europa del
Norte, del Sur y Occidental (14,9 %), América del Norte (14,3 %) y Europa del
Este (12,8 %).
Las tasas de
exposición son notablemente inferiores en los Estados Árabes (5,8 %), África
del Norte (4,0 %), Asia Meridional (2,8 %) y África subsahariana (1,3 %),
subregiones donde el empleo sigue estando fuertemente concentrado en la
agricultura, los servicios poco cualificados y otras ocupaciones caracterizadas
por tareas que no son fácilmente automatizables. Estas son también subregiones
con menores tasas de acceso digital per cápita, y donde las ocupaciones pueden
realizarse sin el mismo grado de aporte tecnológico que en los países de altos
ingresos (Gmyrek, Viollaz y Winkler, 2026; Gerszon Mahler, 2026). Esto
significaría que, aunque el 1,3 % de los jóvenes trabajadores en el África
subsahariana se desempeñaban en ocupaciones con el mayor grado de exposición a
la IA, dada la menor proliferación de tecnología en la subregión, es posible que
sus empleos corran menos riesgo de ser reemplazados por la IA que los de un
joven en una ocupación de alta exposición en un país de altos ingresos. Esto es
positivo en el sentido de que los empleos en las economías en desarrollo corren
menos riesgo de ser sustituidos por la IA, pero negativo en el sentido de que
el trabajador podría perderse el aumento de productividad que se podría obtener
al incorporar la tecnología en el desempeño de sus tareas. Sin embargo, el
grado en que el riesgo se traduce en pérdida de empleo sigue siendo objeto de
debate. El indicador de exposición se refiere a la susceptibilidad tecnológica
y a las posibles transformaciones laborales, pero no a los resultados en el
mercado laboral (OIT 2026c). Desempeñar una ocupación con el mayor grado de
potencial de replicabilidad de tareas mediante IA no implica que la pérdida del
empleo en dicha ocupación sea un hecho consumado. La transición a los
resultados del mercado laboral depende de los siguientes tres elementos (y
probablemente de muchos más): Acceso: el grado de acceso de la persona que
desempeña la ocupación a las tecnologías digitales, incluido un acceso fiable a
internet; Capacidades: los conocimientos de la persona que desempeña la
ocupación para utilizar las tecnologías digitales en su trabajo; y Opciones:
las decisiones tomadas a nivel empresarial sobre cómo adoptar y adaptar las
tecnologías, ajustar los flujos de trabajo y la plantilla en busca de posibles
aumentos de productividad. Si la IA permite la automatización hasta el punto de
requerir menos personal en una ocupación, una empresa puede optar por despedir
a un empleado de esa ocupación (pérdida de empleo), capacitarlo para otra
ocupación (sin pérdida de empleo) y/o congelar las contrataciones en esa
ocupación, lo que afecta el acceso al mercado laboral (sin pérdida de empleo,
pero sí afecta la creación de empleo y podría bloquear el acceso al mercado
laboral para los jóvenes graduados en ese campo).
... Se
identificaron las ocupaciones más expuestas a la IA en caso de que
desaparecieran. Si tan solo el 10 % de los empleos expuestos a la IA desaparecieran
por completo, esto se traduciría en 5,6 millones de jóvenes empleados a nivel
mundial que se enfrentarían a desempleo, cambiarían de trabajo o abandonarían
la fuerza laboral (tabla 2.2). La carga recaería desproporcionadamente sobre un
pequeño número de subregiones, dada la actual demografía de la ubicación de los
jóvenes trabajadores en las ocupaciones de riesgo. Solo Asia Oriental concentraría
1,5 millones de las transiciones laborales vinculadas a la IA en este
escenario, lo que refleja tanto el tamaño de su fuerza laboral juvenil como su
considerable concentración de ocupaciones expuestas a la IA. Latinoamérica y el
Caribe (785.000 empleos para jóvenes) y el Sudeste Asiático y el Pacífico
(716.000 empleos para jóvenes) también registrarían transiciones laborales
significativas, seguidas de Norteamérica (618.000 empleos para jóvenes) y el
norte, sur y oeste de Europa (590.000 empleos para jóvenes) ...
8. Por último, el
Informe, al igual que han hecho los de años anteriores, formula propuestas de
adopción de medidas que permitan potenciar el trabajo decente de los jóvenes en
su gradual transición al mercado de trabajo desde el ámbito educativo, y lo
hace subrayando que las dificultades actuales no son nuevas, ya que estos se
han encontrado en situaciones también difíciles durante la gran recesión
(2007-2009, fundamentalmente), y el período de la pandemia (2020-2021) y sin
olvidar las crisis que ha afectado de carácter nacional o regional. Para la
OIT, “... En la medida en que las inquietudes de los jóvenes se ven alimentadas
por las realidades cambiantes del mundo del trabajo —ya sean percibidas o
reales—, las respuestas políticas para llevarlos «de vuelta al futuro», donde
las trayectorias del mercado de trabajo conduzcan a un trabajo seguro y decente
para la juventud, deben ser adaptativas y firmes”, y entre ellas se incluyen
las que enumero a continuación:
“la adopción de un
enfoque centrado en las personas para la gobernanza de la IA (y otras
tecnologías);
la inversión en
cualificaciones que combinen competencias técnicas con capacidades sociales y
cognitivas;
el fortalecimiento
de los sistemas de aprendizaje permanente;
la modernización
de los servicios de empleo;
la ampliación de
la protección social para abarcar diversas formas de trabajo, y
el fortalecimiento
de la cooperación internacional para reducir las crecientes desigualdades en
las oportunidades entre los países”.
9. Para concluir
esta entrada, no quiero dejar de referirme, si bien sólo a título de animar a
su lectura y examen, a la realidad española, que en el ámbito estatal se conoce
muy bien a través del informe trimestre de “jóvenes y mercado de trabajo” que
se elabora desde el MITES, del que ya disponemos el relativo al primer trimestres
de este año, y por supuesto el informe anual, del que ya disponemos del año
2025 , con datos bastante más positivos que aquellos expuestos a escala mundial en
el Informe de la OIT.
Datos positivos,
que también se ponen de manifiesto en el informe presentado por el gabinete
económico de CCOO el 7 de agosto, con el título “Cuando avanzar no basta. La
juventud española ante el desafío de la emancipación” , en el que a los datos positivos del empleo juvenil se acompañan los aspectos
mucho menos agradables por lo que respecta al empleo parcial involuntario, en
gran medida femenino, y a las grandes dificultades para el acceso a la vivienda
y por consiguiente para la emancipación. Destaco tres:
“Hoy hay más
población joven con formación superior que nunca. Menos de cuatro décadas
atrás, únicamente el 21% de la población juvenil tenía un título educativo de
nivel superior. A día de hoy, esa tasa se ha más que duplicado para los hombres
(48%) y prácticamente triplicado para las mujeres (61%). La intensa apuesta
educativa de las mujeres evidencia la estrategia para mejorar sus oportunidades
laborales. • La inserción laboral de la juventud ha mejorado
significativamente, con una reducción del paro provocada por un crecimiento
económico diversificado. La tasa de paro juvenil ha descendido desde niveles
cercanos al 40% en 2013 hasta situarse en torno al 16% en la actualidad en un
contexto de crecimiento robusto, diversificado, y sin burbujas. Además, la diferencia
por género es muy inferior a las amplias brechas que existían antes de la Gran
Recesión. • La reforma laboral ha reducido de forma histórica la temporalidad
de la población joven (del 56% en 2018 al 32% en 2026) y ha consolidado el
contrato indefinido permanente como principal puerta de entrada al empleo”.
Buena lectura.
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