lunes, 27 de julio de 2026

La mirada a la vida laboral y social a través de 33 años (1993-2026) de colaboración en el Diari de Girona.

 

1. Hoy lunes, 27 de julio de 2026, he publicado en el Diari de Girona el artículo con el que cierro una etapa de colaboración como columnista que se inició el 2 de mayo de 1993, es decir hace ahora ya algo más de 33 años.

El título del artículo hace referencia justamente a dicho período de tiempo, si bien por razones de espacio el titular ha sido algo más corto del que remití para publicación, más exactamente “2 de maig de 1993- 27 de juliol de 2026. La meva vida en el Diari de Girona”   

En la hemeroteca del Diari   he podido acceder a los artículos publicados desde hace seis años, siendo el último que he consultado el titulado “Els missatgers són treballadors”, publicado el 24 de mayo de 2021, poco después de la aprobación por el Consejo de Ministros del Real Decreto-Ley 9/2021 de 11 de mayo, por el que se modificaba la Ley del Estatuto de los trabajadores “para garantizar los derechos laborales de las personas dedicadas al reparto en el ámbito de plataformas digitales”.

Más concretamente, desde el primer artículo he publicado más de 900, y pido disculpas a los lectores y lectoras por no concretar el número exacto, ya que no he guardado todos ellos en mis ficheros, algo, dicho sea incidentalmente, que hubiera debido hacer, para demostrar “méritos” a los efectos de evaluación, si tuviera que presentarme a cualquier concurso de plazas universitarias en la actualidad o en los últimos años  (y doy fe de ello por mi actividad académica y de gestión hasta mi jubilación el 31 de agosto de 2023).     

2. Los límites de espacio de un  artículo periodístico en un diario que se publica aún en papel (y espero que así siga siendo durante mucho tiempo) al mismo tiempo que puede leerse (como hago habitualmente) en formato digital, sólo me han permitido exponer de forma sintética mi agradecimiento a la dirección del Diari por haberme permitido mantener durante 33 años mi contacto con los lectores y lectoras y transmitir mi parecer sobre la vida laboral, en especial, y social, en más de una y dos y tres ocasiones, con especial atención lógicamente a aquello que ha acaecido en la Unión Europea, España y Cataluña, y sin olvidarme de las reflexiones efectuadas con carácter más general sobre aquello que estaba ocurriendo en cada momento a escala global.

Por ello, me ha parecido conveniente desarrollar algo más, en el presente texto, mi aportación final a la colaboración en el Diari que se recoge en el artículo publicado hoy. El texto en negrita es la traducción del publicado en lengua catalana.

3. “El artículo que tienen hoy los lectores y lectoras en sus manos es el último de mi vida como colaborador en el Diario de Girona, en el qué inicié mi actividad en mayo de 1993, más exactamente el día 2, con un artículo dedicado a los retos del sindicalismo.

En mis cuarenta y siete años de vida académica e investigadora, dedicada al estudio del mundo del trabajo, conocí multitud de casos en los cuales se planteaba la extinción de las relaciones de trabajo, de tal manera que muchos de ellos acababan sin acuerdo de las partes y con posteriores conflictos ante los juzgado y tribunales, mientras que otros sí que conseguían un acuerdo que satisfacía a ambas partes ya fuera de carácter individual o colectivo”.  

En efecto, la vida laboral está llena de buenos momentos, ciertamente, pero también de otros mucho menos agradables, y sin duda la extinción de un contrato de trabajo por causas no imputables a la parte trabajadora, ya sea de manera individual o colectiva, es probablemente el peor de ellos.

La temática de los despidos colectivos ha sido objeto de especial atención, ya que han ido muy vinculados a los procesos de reestructuración productiva que se han ido desarrollando desde mediados de los noventa, es decir casi al mismo tiempo que inicié mi colaboración con el Diari. Recuerdo que la reforma laboral llevada a cabo por el gobierno del Partido Popular en febrero de 2012, inmediatamente después de haber tomado posesión de la Presidencia el Sr. Mariano Rajoy y haber designado a las y los ministros, suprimió, sin que hubiera habido debate ni anuncio previo alguno al respecto, la autorización administrativa hasta entonces existente y que era necesaria para su aprobación. Que la temática sigue siendo de actualidad, y no es el momento ahora de entrar en la función que cumplía dicha autorización, lo compruebo al releer el penúltimo artículo, publicado el día 13 de julio, titulado “El Parlament demana més competències laborals”, entre ellas el acuerdo adoptado de instar a la modificación de la LET para la recuperación de dicha autorización administrativa por la autoridad autonómica, “recuperant el caràcter d’autoritat laboral de l’administració de la Generalitat i enfortint la negociació col·lectiva així com les eines de què disposa la Generalitat de Catalunya davant expedients d’ocupació”.

4. En mi caso concreto, tengo que decir con orgullo que se trata de un final muy agradable, puesto que solo puedo dar las gracias a la dirección del Diario y aquellos con los cuales he mantenido la relación durante los más de treinta y tres años de colaboración y que me ofrecieron la oportunidad de trasladar mis tesis, pensamientos e inquietudes sobre la vida laboral, y mucho más puesto que también he abordado muchos contenidos de interés social, y ponerlas en conocimiento de todas aquellas personas que son lectores y lectoras de este importante medio de comunicación. Si tengo que concretar mi agradecimiento por esta muy agradable etapa de mi vida en un medio de comunicación es obvio que la persona de referencia es Jordi Xargayó, que me animó, en una reunión celebrada a mediados de abril de 1993 en el despacho del decanato del edificio provisional que acogía los estudios de Derecho en Fontajau, a publicar en el Diario. Publicaciones, que durante varios años tuvieron carácter semanal y que más adelante se convirtieron en quincenales. Recuerdo con especial afecto cuando Jordi me comunicó, igual que hizo con otros colaboradores, que tenía que dar por finalizada nuestra relación durante la pandemia, por no poder pagar a los articulistas, y le respondí que aquello que me motivaba para escribir los artículos era el afecto que tenía hacia el Diario y sus lectores y lectoras, y de ninguna forma la remuneración, y la acogida positiva que tuvo mi respuesta para continuar siendo colaborador del Diario hasta esta fecha”.  No menor agradecimiento tiene que ser el dirigido a su actual Director, Josep Callol, y muy especialmente a Alfons Petit, redactor en jefe, que siempre me ha facilitado mucho mi trabajo y, como buen periodista, me ha hecho las observaciones oportunas cuando un artículo se excedía de los límites marcados (defectos muy propios del mundo académico, cuando crees que tiene que explicar todo el habido y por haber sobre la temática que abordas), y me ha llamado la atención, o más correctamente me ha recordado, cuando me olvidaba de enviarlo, algo que ciertamente ha ocurrido en pocas ocasiones, afortunadamente!

Sí, fue en el decanato de las instalaciones “provisionales” de los estudios de Derecho del UdG, “provisionalidad” que se alargó durante nueve años y que concluyeron con la inauguración del edificio de la Facultad de Derecho en el campus de Montilivi al inicio del curso 1999-2000, si bien la oficial se llevó a cabo en mayo de 2000, ya bajo el decanato del Dr. José Luís Linares, cuando se pactó mi colaboración con el Diari, que siguió después de mi marcha a la UAB en diciembre de 2007 y también en el muy conflictivo período de la devastadora crisis económica y social provocada por la Covid19 a partir de marzo de 2020.

Durante un buen período de tiempo enviaba los artículos por fax, algo que me parecía un avance tecnológico importante, hasta que los avances de la tecnología permitieron la utilización del correo electrónico, y ves a saber qué nuevas posibilidades se abren con el avance imparable de esta.  

Sobre la temática del primer artículo, reflexiones sobre el sindicalismo, he vuelto en muchas ocasiones en mis colaboraciones periodísticas, y creo que aquellas expuestas en la primera década de los noventa siguen siendo válidas si las adaptamos a las nuevas realidades laborales, sociales y políticas, ya que aquello que ha cambiado es la organización productiva pero siguen existiendo, bajo nuevas formas, las relaciones de dependencia y ajenidad en las relaciones de trabajo, y la actuación colectiva sigue siendo del todo punto necesario para abordar los nuevos retos. Por ello, creo que tiene pleno sentido lo que digo en el artículo:

“Han sido más de 900 artículos los publicados desde este día 2 de mayo de 1993, en el cual reflexionaba sobre los retos del sindicalismo y hubiera podido acabar mi relación periodística, que de ninguna forma de amistad, con el Diari escribiendo un artículo sobre estos retos, con solo que ahora en una vida laboral, social y política sensiblemente distinta del anterior pero en la cual no ha cambiado la relación de dependencia y de subordinación de las personas trabajadoras en las relaciones de trabajo. Y también habría podido escribir sobre las desigualdades sociales existentes en aquellos días y que ahora, lamentablemente, se han incrementado para una parte de nuestra sociedad”.

Y sí, el agradecimiento lo extiendo también a su actual director. Josep Callol, que ha seguido confiando en mí, y muy en especial al redactor jefe Alfons Petit, con el que he mantenido más directamente relación. Ha sido muy fácil y agradable dicha relación, y sólo tengo palabras de agradecimiento, ya que sus “llamadas de atención” cuando el artículo era más largo de lo previsto, o cuando me “despistaba” y no lo enviaba en la fecha prevista, han sido un revulsivo para que ajustara mi texto a las ideas fundamentales que deseaba transmitir, por una parte, y a apuntarme bien las fechas en mi agenda del ordenador. Sí recuerdo el susto que me llevé un viernes que debía enviar el artículo y me di cuenta de que me había olvidado, no pudiendo enviarlo ese día, y en esa ocasión, como en alguna otra, Alfons Petit me pidió que lo enviará lo antes posible el sábado, cosa que lógicamente hice. Es decir, flexibilidad sí, pero “de la buena”.

5. Sigo releyendo el artículo publicado hoy.

“si me fijo en los cuatro artículos que siguieron al primero, dedicados a la importancia de la formación profesional, las propuestas para luchar contra el desempleo, los factores económicos y políticos en el mundo del trabajo, y los desafíos políticos en la década los noventa, creo que todos ellos son “exportables” a 2026, necesariamente, eso sí, teniendo en consideración los cambios acontecidos”.

Pues sí, son “exportables” y necesariamente adaptables. Por referirme solo a los dos primeros:

¿Quién no está de acuerdo con la importancia que ha adquirido la formación profesional, y muy especialmente la dual, para facilitar un buen aprendizaje y la incorporación al mundo laboral? Desde luego, en el Consell Económic i Social de Barcelona, que presido desde el 19 de marzo de 2025, somos muy conscientes de dicha importancia, y buena prueba de ello es que uno de los informes encargados para su publicación a principios de 2027 trata sobre sobre el impacto de la FP dual en la mejora de la empleabilidad de las personas con formación profesional, así como en el ensamblaje el sistema formativo dual y las necesidades del mercado de trabajo.

Y ¿quién no está de acuerdo en que las políticas de lucha contra el desempleo han de prestar especial atención al colectivo de personas, en su mayoría jóvenes, que tienen un bajo nivel de cualificación y las consiguientes dificultades para acceder a un mundo laboral en el que los conocimientos tecnológicos y las llamadas habilidades blandas adquieren también cava vez más mayor importancia?

6. Cómo es obvio, es imposible resumir en un artículo todo aquello que he tratado de explicar en estos más de novecientos, si bien sí que puedo afirmar que siempre me ha guiado el interés para poner a disposición de los lectores y lectoras mi conocimiento y parecer sobre varios contenidos que estaba seguro, y lo sigo estado, que les interesaba, y afectaba directamente, a muchos y a muchas de ellas. Ahora bien, hay dos artículos que sí que creo que tienen que ser recordados por mi parte: el primero, con especial tristeza, con ocasión del asesinato del que fuera presidente del Tribunal Constitucional, Francisco Tomás y Valiente, y en el que llamaba, como decano de los estudios de Derecho, a una concentración en nuestra sede para su denuncia pública; el segundo, en el cual ciertamente también había un poco de tristeza pero completamente distinta del anterior, fue el publicado con ocasión de mi marcha de la Universitat de Girona después de haber obtenido la plaza de Catedrático en la Universitat Autònoma de Barcelona, el primer artículo en el cual ya no aparecía la referencia a mi condición de catedrático de la UdG que utilicé desde mi nombramiento a finales de 1993.

Ahora, más que dejarme llevar por el recuerdo de un acto de especial importancia, el parar las actividades estudiantiles durante cinco minutos para denunciar el asesinato del expresidente del TC, prefiero acudir a la hemeroteca de mi blog y reproducir un fragmento de aquello que escribí al inicio de la pandemia, el 19 de abril de 2020, titulado “Silencios y aplausos, los dos con un mismo fin: dar valor y defender la vida”  , y en el que hago referencia a un querido compañero, Ignasi Camós, tristemente fallecido hace pocos meses.  

“He salido (hemos, creo que puedo utilizar la primera persona del plural sin riesgo alguno de equivocarme) a la calle, es decir a las puertas o a los patios del edificio en que me encontrara en aquel momento, cuando se produjeron atentados terroristas que segaban la vida de una o más personas.

Algunos recuerdos están ya muy borrosos (tenemos tendencia ¿innata? a querer olvidar todo aquello que nos resulta desagradable recordar) pero otros todavía se agolpan en mi mente.

Si hay alguno que me resulta especialmente emocionante, a la par que triste, recordarlo es por el valor que quisimos que tuviera ese recuerdo para las posteriores generaciones de estudiantes de Derecho y de otras ramas afines. Me refiero al asesinato en 1996, el 14 de febrero (¡paradojas de la vida, el que es calificado socialmente como día del amor lo convirtieron una o dos personas en el día del odio y la muerte!) del que fuera presidente del Tribunal Constitucional Francisco Tomás y Valiente, cuando estaba en su despacho de la Universidad Autónoma de Madrid después de haberse reincorporado a la vida académica. Su nombre fue puesto a muchas Salas de Grado en distintas Universidades Españolas, y me enorgullezco de haber propuesto que así fuera en la Facultad de Derecho de la Universidad de Girona durante mi mandato como decano.

No me enorgullezco menos de que la Universidad en la que presto mis servicios desde hace ya casi trece años, Autónoma de Barcelona (UAB), también pusiera su nombre a dicha Sala. En esta última, en las ocasiones en que he estado participando como miembro de una comisión o tribunal, no he perdido oportunidad de recordar el valor mucho más que simbólico del lugar donde nos encontrábamos y el de la persona cuyo nombre se había puesto al mismo. 

No he olvidado tampoco el asesinato de un concejal del Partido Popular de una pequeña población catalana, Viladecavalls, Francisco Cano, el 14 de diciembre de 2000, justo el día anterior a la defensa de la tesis doctoral de un querido compañero de la UdG, Ignasi Camós Victoria . Lo recuerdo en especial porque, otra vez las paradojas de la vida, o el azar como dice el profesor Ignasi Beltrán de Heredia, he de hacer referencia a un gran jurista que fuera presidente del TC, Miguel Rodríguez-Piñero y Bravo-Ferrer, que presidió el tribunal encargado de juzgar (con la calificación de excelente por unanimidad) la citada tesis doctoral.

En ambas ocasiones, y en varias más, hemos salido a la calle para guardar minutos de silencio. Que sean uno, dos o cinco, no tiene mayor importancia, porque aquello que hay que valorar es la respuesta solidaria contra todo atentado a cualquier vida humana, reivindicando justamente con ese silencio que queremos darle todo el valor que se merece a la vida, y que no estábamos (no estamos) dispuestos a que ello volviera a ocurrir, aunque tristemente sabíamos que ello podía suceder, y desgraciadamente así fue en bastantes más ocasiones...”.

Y respecto al segundo, poco más puedo añadir a lo ya expuesto. Sólo insistir una vez más en el cariño y aprecio que tengo hacia la UdG, en la que pase quince años muy agradables de mi vida universitaria y de la que sigo conservando muy buenos recuerdos, y a la que visito con cierta regularidad cuando el que fuera mi discípulo, y ahora es maestro de otras y otros jóvenes juristas, Ferran Camas, organiza actividades en el ámbito de la Catedra de Inmigración, Derechos y Ciudadanía de la UdG que pusimos en marcha en el ya lejano 2002 y en la que tuvimos oportunidades de debatir y analizar la regularización extraordinaria de población migrante en situación irregular en 2004 y 2005, que como pueden ver sigue siendo una temática de extraordinaria importancia en la realidad política, económica y laboral española.

6. En mi artículo de hoy digo también que

Cerrar una etapa no significa olvidarse, ni mucho menos, del Diario, del cual soy lector habitual, y por supuesto todavía menos de Girona, de mis amigos y amigas.

Más claro, agua. Sigo leyendo el Diari y me gustar estar al día, como único periódico que centra su atención en la ciudad de Girona y en toda la provincia, de todo aquello que acaece en este ámbito territorial, y estoy al día, o por lo menos lo intento, de todo aquello que es relevante, ya que hice, desde que me incorporé a la UdG en julio de 1992, en comisión de servicios hasta mi acceso a la Cátedra en octubre de 1993, muy buenos amigos y amigas; un valor, la amistad, que hay que cuidarlo para mantenerlo, y estoy seguro de que sigue existiendo aun cuando sean menos las ocasiones en que se producen reuniones presenciales (si hay virtuales, ciertamente, pero siguen siendo menos emotivas que las presenciales, o al menos ese es mi parecer).

7. Y acaba el artículo, y acaba también esta entrada, con agradecimientos que no es preciso ahora duplicar, porque quienes me conocen saben que son muy sinceros.

Muchas gracias a todas las personas que han leído mis artículos. Muchas gracias a la dirección de Diario por haber confiado en mí durante treinta y tres años. Ha sido un placer.

Buena lectura.

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