miércoles, 27 de mayo de 2015

El Betis en el cielo, Manuel Ramón Alarcón también.



¡Cuánto me gusta la tecnología, pero qué noticias tan tristes te puede hacer llegar en segundos! Martes, 26 de mayo, 7:30 de la mañana, preparándome para iniciar un nuevo día de actividad laboral ordinaria, con la preparación de las últimas clases del curso y la preparación de los artículos pendientes y comprometidos, aquellos que vas preparando poco a poco y a los que tienes que dar un buen empujón final para que puedan ver la luz…, aunque poco después te preguntes en más de una ocasión para qué han servido si el gobierno de turno modifica la legislación de referencia (por este motivo les digo a mis amigos y amigas de Historia del Derecho, expertos en las relaciones laborales del siglo XIX y gran parte del XX, que viven más tranquilos que los laboralistas del siglo XXI). Llega un whatsapp de mi buen amigo sevillano, y del Sevilla, José Manuel Gómez, con esta lapidaria frase: “Manuel Ramón ha muerto esta mañana”. Poco después, otro buen amigo sevillano, y del Betis, Jesús Cruz, me informa también de la triste noticia.

Cuando recibes noticias como esta, te cambia la cara y te cambia todo: aquello que ibas a hacer durante el día, aquellos problemas que tienes y que crees que son muy importantes, aquello, aquello…. Porque “aquello” ha dejado paso a una dura realidad, la muerte de un gran jurista, pero sobre todo de una gran persona y de un gran amigo. Y te pones a pensar en todo lo vivido y pasado, porque la muerte de cualquier persona con la que mantienes relaciones te lleva a recordar los momentos vividos con ella, y por muchos minutos te olvidas del presente y del futuro, de ese presente y de ese futuro que ya no tiene una persona que nos ha dejado hace sólo unos pocos minutos. Después, cuando te vas lentamente recuperando emocionalmente de la noticia del fallecimiento de un amigo, te pones inmediatamente a pensar, y estoy seguro que todos los que conocimos a Manuel Ramón lo habremos hecho ya, en qué actos de homenaje a su persona, al gran jurista que era, deberemos realizar en el próximo futuro, ese futuro que todavía tenemos algunos aunque ahora algo más nublado por su pérdida.

Pero, tiempo habrá, desgraciadamente, para hablar de esos actos, de esos muy merecidos homenajes. Hoy sólo quiero recordar a la persona que conocí en un acto en la Facultad de Derecho de la Universidad de Barcelona en 1987, con ocasión de la celebración de una jornada de estudio sobre la regulación del derecho de huelga, ese derecho tan denostado y vilipendiado por muchos pero cuyo ejercicio en más de una y dos, y tres ocasiones, ha servido para avanzar en la defensa y reconocimiento de derechos sociales y laborales. Manuel Ramón se incorporaba como catedrático a la Universidad Autónoma de Barcelona, donde además de poner en marcha una escuela de buenos laboralistas asumió importantes responsabilidades de gestión tanto en la Facultad de Derecho como en la dirección de la UAB, y desde entonces nuestra relación fue agradable, intensa y fructífera. 

Ningún  laboralista catalán se olvidará de que un sevillano, y del Betis, contribuyó decisivamente a poner en marcha a partir de 1992 las jornadas anuales catalanas de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social, una reunión obligada no sólo para el iuslaboralismo catalán sino para gran parte de expertos del mundo del trabajo (profesores, jueces, graduados sociales) de toda España. Justamente hace poco más de un año celebramos en la Facultad de Derecho de la UAB las XXV jornadas, con una entrañable cena de amigos y amigas con Manuel Ramón en la que se le hizo entrega de un regalo con ocasión de ese aniversario y de todo su esfuerzo dedicado a la preparación, y éxito, de dichas Jornadas desde su inicio. Esta mañana releía el texto de mi intervención en el acto de clausura de las XXV Jornadas y suscribiría punto por punto todo lo dicho en febrero de 2014, muy especialmente la frase de que me animé a publicar su texto por “las cariñosas palabras que algunas personas participantes en las Jornadas me dirigieron al acabar el acto, y muy especialmente las de un muy buen amigo, y maestro de muchos laboralistas entre los que me incluyo, el profesor Manuel Ramón Alarcón Caracuel”.

La memoria se detiene ahora en octubre de 1993 con mi acceso a la Cátedra de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social de la Universidad de Girona, con la presidencia del tribunal ostentada por el profesor Alarcón, Universidad en la que viví muy intensamente durante quince años y durante los cuales siempre conté con su apoyo, tanto desde la Universidad Pompeu Fabra a la que se incorporó después de su paso por la UAB como más adelante desde la Universidad de Sevilla. Siempre que le llamamos para impartir una conferencia vino a la Facultad de Derecho de la UdG (primero a los “módulos prefabricados”, neolengua para no referirse a “barracones”, en Fontajau, y después a la magna Faculta ubicada en Montilivi, a pocos metros del que me gustaría que fuera el próximo año un estadio de primera, y al que Manuel Ramón sin duda le hubiera gustado mucho acudir para ver y animar a su Betis).

Y así llegó mi incorporación a la UAB en diciembre de 2007, y nuevamente con la satisfacción de ver al profesor Manuel Ramón Alarcón como presidente de la Comisión encargada de juzgar y proveer una cátedra de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social, la segunda ya que la primera está ocupada, y con todo merecimiento, por el profesor, y amigo de toda la vida académica, Francisco Pérez Amorós. Seguimos manteniendo estrechas relaciones, y sentí una gran satisfacción por su nombramiento en diciembre de 2010 como magistrado de la Sala de lo Social del Tribunal Supremo. En su tarea como magistrado, Manuel Ramón ha sentado doctrina, y nunca mejor utilizada esta palabra, por sus brillantes aportaciones a la renovación del Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social desde planteamientos siempre firmes y convincentes de defensa de los valores sociales y democráticos del Estado de Derecho mencionado en el artículo 1 de la Constitución democrática de 1978. Me permitirá mi amigo bloguero Antonio Baylos que le tome prestadas unas palabras de su último post, dedicado también a Manuel Ramón Alarcón, ya que coincido plenamente con las mismas: “En su fecunda labor en la sala de lo social de ese tribunal, MRA ha dejado asimismo su huella en muchas sentencias que han forjado la mejor doctrina judicial en materia social. Brillante en sus argumentaciones y muy convincente en sus razonamientos, MRA ha influido muy decisivamente en las líneas interpretativas de la Sala de lo Social más favorables a garantizar los derechos individuales y colectivos derivados del trabajo, y más en concreto en la re-escritura de aspectos importantes de la reforma laboral del 2012 que el Tribunal Supremo ha tenido que enmendar o que reorientar a través de su última y muy importante jurisprudencia”.

Mis últimos recuerdos de Manuel Ramón me llevan al 13 de febrero de este año, al acto de homenaje al maestro de muchos laboralistas, y entre ellos a Manuel Ramón, el profesor Miguel Rodríguez-Piñero. La organización de la jornada de estudio y debate, más concretamente el amigo Jesús Cruz, me pidió que moderara la primera mesa redonda de la jornada, y tuve la suerte de moderar no sólo a Manuel Ramón sino también a otros juristas de reconocido prestigio de la escuela sevillana como María Fernanda Fernández, Salvador del Rey y Jaime Castiñeira. ¡Quién me iba a decir en 1987 que en 2015 iba a moderar esta mesa, y que iba a pedirle a Manuel Ramón que respetara el tiempo asignado para la intervención de cada ponente, aunque no deseara hacerlo porque era un placer escucharlo! En fin, una semana después tuve oportunidad de saludarle nuevamente aunque con mucha brevedad en la XXVI Jornadas catalanas celebradas en la UPF, y una de las cosas que lamentaré en la vida es no haber podido escuchar su conferencia de clausura de las Jornadas, pero la actividad docente en la UAB no me lo permitió.

Manuel Ramón unió Andalucía y Cataluña, pasando por Madrid. Dije con ocasión de una tesis doctoral en la UAB hace varios años que la escuela sevillana de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social creada por Miguel Rodríguez-Piñero había echado raíces también en Cataluña y que había incorporado a brillante profesorado de la Universidad Complutense, y es obvio que estaba refiriéndome a mis amigos Francisco Pérez Amorós, Julia López López, Agnès Pardell Veà y Vicente Martínez Abascal, y que había llegado por avión y continuado en tren, y que sólo faltaba para hacer el recorrido geográfico de dicha escuela, desde Girona a Sevilla, que dispusiéramos del AVE. Hoy, en mayo de 2015, ese deseo se ha convertido en realidad y es algo más que un símbolo de esa muy estrecha relación que existe entre la mayor parte del profesorado de las universidades de toda Cataluña con la escuela sevillana. 

Hoy tengo actividad docente ordinaria con mis estudiantes, ya lógicamente nerviosos por estar a las puertas de los últimos procesos de evaluación del curso académico. Hoy es un día difícil para mí, porque explicar el Derecho del Trabajo, y más concretamente los despidos colectivos y el papel de la Administración y de la Jurisdicción Social, pensando que una persona que tanto contribuyó a la jurisprudencia del TS que estoy analizando es, será, muy complicado, pero habrá que seguir haciéndolo justamente porque es mi obligación y es también la forma de que el alumnado tenga plena constancia de los valores democráticos que encarnaron la actividad docente y judicial del profesor Alarcón.

El pasado domingo, 24 de mayo, fue un día histórico en el ámbito deportivo para los seguidores del Betis. Su equipo, dirigido nuevamente por Pepe Mel, subió, ha vuelto a subir, a los cielos de la primera división. Sé que Manuel Ramón estaba ya muy mal de salud, pero estoy seguro de que en su fuero interno quería aguantar al máximo para ver a su equipo de toda la vida tocar nuevamente el cielo, y así fue. Probablemente, seguro, Manuel Ramón haya podido irse de este mundo con ese entrañable recuerdo, y nos ha dejado a todos sus amigos otro entrañable recuerdo, el de un gran jurista y una gran persona. Nos toca ahora a quienes estamos en la tierra continuar con el trabajo que el inició, y ten por seguro Manuel Ramón que así lo haremos. 

Hasta siempre.   

3 comentarios:

miguel arenas dijo...

Bonitas y muy emotivas palabras, maestro. El discurso, la conferencia de clausura, de Alarcón en las últimas jornadas catalanas en la UPF fueron absolutamente brillantes, cargadas de fervor y pasión, pero con el rigor jurídico que le caracterizaba... Y nos dejó un mensaje: la necesidad de interpretar el derecho laboral para favorcer a la parte más débil; que no olvidemos nunca, a pesar de las reformas, su carácter tuitivo del trabajador, inescindible del mismo, por que está en la esencia y creación del derecho laboral. Nunca lo olvidaremos.

miguel arenas dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Joan Amenós dijo...

Desde luego, no voy a hablar de Derecho Laboral en este blog. Pero sí quiero dejar constancia de que el profesor Alarcón fue también un gran gestor. Bueno, pues yo le recuerdo hace muchísimos años en una conferencia donde "se metió" con los posgrados y defendió que esto se estaba convirtiendo en una broma. Dijo algo que nunca he olvidado: sus alumnos de grado trabajaban mucho más que los de posgrado, que ya entraban en la estética del trabajito y la asistencia (cosa que no permitíríamos en los estudiantes de la antes llamada licenciatura).

Y, por supuesto, un magnífico y afable carácter, que pude disfrutar gracias a MAría José Feijoo.