domingo, 20 de diciembre de 2015

El Informe PNUD 2015. “Trabajo al servicio del desarrollo humano”. Lectura recomendada.



1. Esta semana ha sido oficialmente presentado el Informe 2015, publicado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), dedicado al trabajo y que lleva el título de la presente entrada, cumpliéndose 25 años desde que se publicara el primer Informe en 1990. El texto íntegro en inglés puede consultarse en esteenlace  y se han publicado amplios resúmenes en otros idiomas, entre ellos el castellano, que puede leerse aquí. Recuérdese que el PNUD ha conceptuado el desarrollo humano como “el desarrollo de las personas mediante la creación de capacidades humanas, para las personas mediante la mejora de sus vidas y por las personas mediante su participación activa en los procesos que determinan su vida”.

En su intervención el pasado día 15, la Administradoradel PNUD, Sra. Helen Clark manifestaba lo siguiente: “This new global Human Development Report is an urgent call to tackle one of the world’s great development challenges - providing enough decent work and livelihoods for all.  Work provides the means to tackle poverty, empower minorities by being inclusive, and protect our environment if jobs are green in a green economy. The world of work is changing more rapidly than ever before.  The question is: what are the best policy responses to ensure that human development benefits from that change. I hope that this report will generate dialogue and debate on the challenges identified, as all previous Human Development Reports have done”.  En el prólogo de la obra, la Sra. Clark pone el énfasis el su título para destacar que el Informe 2015 va más allá del análisis del trabajo en términos económicos, para vincularlo directamente “con la riqueza de las vidas humanas”. Se trata de tomar en consideración, y  así lo hace el Informe, una visión amplia del trabajo, “pues va más allá del empleo y tiene en cuenta actividades como el trabajo de cuidados no remunerados, el trabajo voluntario y el trabajo creativo, que contribuyen a la riqueza de las vidas humanas”, destacando la importancia del trabajo de calidad, del trabajo decente en terminología acuñada por la OIT, que “ha proporcionado a las personas un sentido de dignidad y la oportunidad de participar plenamente en la sociedad”. La Sra. Clark destaca igualmente la relación de este Informe 2015 con los nuevos Objetivos de Desarrollo Sostenible aprobados por la ONU el pasado 25 de septiembre, uno de los cuales, concretamente el número 8 es “promover el crecimiento económico sostenido, inclusivo y sostenible, el empleo pleno y productivo y el trabajo decente para todos”.

El director yautor principal del Informe, Sr. Selim Jaham, se manifestaba en estos términos en la presentación del Informe: “today, we live in an unequal, unstable and unsustainable world. When 80 percent of world’s population own only 6 percent of global wealth, that is an unequal world. The sources for instability may come from different sources, ranging from natural disasters to economic and financial crisis t violent extremism.  In coming years, shocks and vulnerabilities would be the norm, rather than an exception. And the unsustainable nature of the coping capacity of our planet is being discussed widely.Work can contribute to overcoming these challenges. But that work has to be quality work, sustainable work, work that contributes to equality, rather than creating inequality, work that respects workers’ rights and ensures their safety.The choice is ours – we may choose to pursue those kinds or work or we can go for others. Whatever we choose will determine the future world that we shall leave for the next generation – for our children and grand children. Because in the ultimate analysis, human destiny is a choice, and not a chance”.

Con ocasión del inicio de los trabajos de elaboración del Informe, el mes de febrero,  su director destacaba que se centraría encinco ámbitos, que contaría con “con cinco ideas básicas: “Examinar, no solo los vínculos entre el trabajo y el desarrollo humano que identifican la relación positiva entre ambos - el trabajo proporciona un medio de vida, ingresos, es un canal de participación, y contribuye a la cohesión social y a la dignidad humana -, sino también aquellas situaciones en la que estos vínculos se rompen o se erosionan - el trabajo infantil, la trata de personas, etc. Revisitar el mundo del trabajo, donde la noción, áreas y el modus operandi han cambiado y con ello, sus implicaciones en el desarrollo humano. Las tecnologías de la información y los dispositivos móviles están revolucionando este mundo. Las personas pueden trabajar en cualquier lugar. Hay una economía online. Ante esto debemos hacernos la pregunta: ¿estos cambios mejoran el desarrollo humano? ¿Y cómo pueden aprovecharse mejor para promover la igualdad de oportunidades? Reconocer el valor del trabajo de quienes cuidan a otras personas y su impacto en el desarrollo humano. Por ejemplo, tareas del cuidado de personas que no pueden valerse por sí mismos contribuye claramente al desarrollo humano, pero hay más conexiones: desde una perspectiva intergeneracional, el trabajo del cuidador es crucial para el desarrollo cognitivo de los niños. Centrarse en la noción de trabajo sostenible para que sea incorporada a los Objetivos de Desarrollo Sostenible de 2015. Esto incluiría, entre otras cuestiones, desde el punto de vista medio ambiental, el valor de los empleos verdes, empleos de baja emisión de carbono y así sucesivamente. Y también la calidad del trabajo, y que esta pueda mantenerse durante largos períodos. Recomendar opciones de política para reorientar, reinventar y reorganizar el trabajo de manera que enriquezca el desarrollo humano”. 

2. He leído con atención el amplio resumen, o panorama general, del informe, y procedo a continuación a reseñar aquellas tesis, ideas y contenidos que me han parecido de mayor interés, remitiendo a las personas interesadas a su lectura íntegra, empezando, aunque parezca contradictorio, con su conclusión general que no hace sino reafirmar aquello que muchas personas piensan (pensamos): que el trabajo, en esa visión amplia a la que me referido con anterioridad, puede mejorar el desarrollo humano cuando las políticas puestas en práctica “ofrecen mayores oportunidades de trabajo productivo, remunerado y satisfactorio, mejoran  las competencias y el potencial de los trabajadores  y garantizan sus derechos, su seguridad y su bienestar”.

Pero, al mismo tiempo, se subrayan las diferencias y desigualdades en el progreso humano a escala mundial, con un importante incremento de estas últimas que ha situado la cuestión de la desigualdad en el centro del debate político y social. Las desigualdades pueden analizarse por razón de género, y en tal caso los datos estadísticos disponibles nos indican que “las mujeres ganan un 24 % que los hombres y sólo ocupan el 25 % de los cargos administrativos y directivos en el mundo empresarial”; también por razón de acceso a los conocimientos básicos, con el preocupante dato de existir en el mundo “780 millones de adultos y 103 millones de jóvenes (de entre 15 y 24 años de edad) … analfabetos”; igualmente, por razón de no poder acceder al mundo del trabajo, o aun estando dentro del mismo por percibir un salario que no permita una vida mínimamente digna o por la permanente inseguridad en que se encuentra la persona trabajadora, con datos de la OIT que señalan la existencia de 204 millones de personas desempleadas, entre ellas 74 millones de jóvenes, y 830 millones de personas que son consideradas trabajadores pobres (working poors) por vivir con menos de dos dólares USA al día,  y más de 1.500 millones con un empleo vulnerable o inseguro, incluyendo aquí a las personas que se encuentran en una situación irregular y/o que se ven obligadas a realizar trabajos forzosos con fines de explotación laboral o sexual, calculándose que se encuentran en tal situación cerca de 221 millones de personas, poniendo de manifiesto en el Informe el preocupante dato de que “Se estima que el trabajo forzoso genera unos 150.000 millones de dólares al año en beneficios ilegales”, y que “después del tráfico de armas y de drogas, la trata de personas es la actividad ilegal más lucrativa a escala internacional”. En fin, la creciente brecha de la desigualdad económica queda bien ejemplificada en el dato de que durante el próximo año la participación del 1 % más rico de la población en la riqueza mundial superará el 50 %, y que actualmente “cerca del 80 % de la población del planeta posee sólo el 6 % de la riqueza global.

Por consiguiente, tener trabajo es importante, pero de ahí no se deriva un vínculo automático con un mayor y mejor desarrollo humano, y el informe se pregunta, y pasa revista en su contenido, sobre la calidad del trabajo en los mismos términos que viene haciendo desde hace varios años la OIT y muchas de las personas que tienen una actividad laboral pero que carecen de elementos cualitativos que acompañen al elemento cuantitativo, ciertamente importante, de la remuneración económica: “¿Es seguro el trabajo¿ ¿Se sienten las personas satisfechas en el trabajo? ¿Hay perspectivas de progreso? ¿Posibilita el empleo un equilibrio flexible entre el trabajo y la vida personal? ¿Hay igualdad de oportunidades entre mujeres y hombres?”.

3. El informe pasa revista a los importantes cambios que se están operando en el mundo del trabajo y en las formas de trabajar por el creciente proceso de globalización de buena parte de las actividades productivas (externalización de actividades y aparición de las “cadenas mundiales de valor”, definidas por la OIT como “la  creación  de  valor que  va adquiriendo  un  producto  desde  su  concepción  hasta  su  consumo final. Esto  incluye las  diferentes  etapas  de  suministro  de  insumos, diseño,  producción,  venta  y  servicios  de  apoyo  a  la  cadena”)   y por la revolución tecnológica, destacando que en los últimos años el conocimiento “se ha convertido en un aspecto esencial de la producción”, y ha abierto nuevas posibilidades de trabajo colaborativo (cuestión distinta es, añado yo ahora, cómo se articulan las relaciones de trabajo, por cuenta ajena o por cuenta propia, en el marco de la economía y el trabajo colaborativo).  

Los aspectos positivos de los cambios no pueden ni deben hacernos olvidar que también hay perdedores, y que hay que adoptar las medidas necesarias para corregir esa situación, entre ellas las políticas de readaptación profesional para los trabajadores que pierden sus empleos, mayoritariamente en los países desarrollados como consecuencia de la externalización de las actividades productivas que no son el núcleo duro  o eje principal de la actividad empresarial, insistiendo el Informe en la importancia de poner en marcha “programas que ayuden a las personas a encontrar nuevos trabajos, mejorar sus competencias y mantener el acceso a una renta básica”.

Se está operando una polarización de la población trabajadora, tanto a escala nacional como internacional, poniendo de manifiesto el Informe que ello hace “que los trabajadores de baja cualificación procedan principalmente de los mercados nacionales y los más cualificados de los mercados globales”, con una cada vez más acusada desigualdad en los ingresos, de tal manera que los incrementos salariales sólo han beneficiado a una muy pequeña parte de la población, ya que “a medida que la participación en los ingresos de la mano de obra altamente cualificada (y del capital) ha ido aumentando, la participación del resto de trabajadores ha ido disminuyendo”. La situación afecta más negativamente a las mujeres por su presencia en los “dos mundos laborales” que son el trabajo de cuidados no remunerados y el trabajo remunerado, en mucha mayor proporción en el primero que los hombres y menor en el segundo, con estos datos suficientemente significativos: “Del 59% del trabajo remunerado, que se realiza en su mayor parte fuera del hogar, la proporción de hombres es casi el doble que la de mujeres (el 38% frente al 21%). La situación se invierte en el caso del trabajo no remunerado, que en su mayor parte se realiza dentro del hogar y abarca una gran variedad de labores de cuidado: del 41% del trabajo que no es remunerado, las mujeres representan el triple que los hombres (el 31% frente al 10%)”. Para corregir tal desigualdad, por su beneficio para el conjunto de la población, el Informe propugna la adopción de medidas en cuatro ámbitos: “reducción y reparto de la carga del trabajo de cuidados no remunerados; aumento de las oportunidades para las mujeres en el empleo remunerado, mejora de los resultados del trabajo remunerado, y modificación de las normas”

Incluso dentro de las cadenas de valor hay ganadores y perdedores como ponen de manifiesto diversos estudios realizados sobre las mismas, y de ahí subrayo por mi parte la importancia del sindicalismo internacional para negociar condiciones laborales a escala mundial que tomen en consideración todas las diversas problemáticas de aquellas según el sector en el que operen. En este punto me remito a la ponencia presentada por Isidor Boix, Secretaría de Internacional de CCOO de Industria y Coordinador de IndustriALL Global Union para la aplicación del Acuerdo Marco Global con INDITEX  LaNegociación Colectiva en la cadena de valor de INDITEX”, presentada en una jornada de estudio el 29 de abril de 2014

4. Como ya he indicado, el Informe no es sólo un excelente documento teórico y una fuente de primera categoría para el acceso a datos económicos y sociales a escala mundial que se encuentran diseminados en documentos de diversas organizaciones internacionales, sino que también formula propuestas para mejor el desarrollo humano a través del trabajo, en esta visión amplia del mismo que en modo alguno se refiere sólo al del empleo (por cuenta ajena o propia), que se articulan alrededor de tres ejes; crear más oportunidades de trabajo para ampliar las opciones laborales, garantizar el bienestar de los trabajadores para reforzar la relación positiva entre el trabajo y el desarrollo humano, y poner en marcha acciones específicas para hacer frente a las dificultades de grupos y contextos concretos. Igualmente, y esta es un propuesta sin duda importante de cara al futuro venidero, el Informe propugna un nuevo programa de acción “para crear un impulso favorable al cambio adoptando un enfoque basado en tres pilares: un nuevo contrato social, un pacto mundial y el programa de trabajo decente”.

5. Fijémonos con un cierto detalle en los ejes planteados y en el programa propuesto. Para el PNUD, basándose en la experiencia de las medidas puestas en marcha en bastantes países, una “estrategia de empleo nacional” debe incluir medidas del siguiente tenor: fijar un objetivo de empleo, formular una estrategia de crecimiento impulsada por el empleo (con inclusión de “sólidos marcos jurídicos y regulatorios”), disponer de un “sistema financiero inclusivo” como elemento esencial para la transformación estructural y la creación de empleo, y la creación de un marco macroeconómico de apoyo.

Entre las medidas que pueden contemplarse y ponerse en marcha (y recordemos que el documento ha de prestar atención a muy diversas realidades económicas y sociales según el grado de desarrollo de cada país y las diferencias de cohesión social existentes en cada uno de ellos) se proponen las siguientes: fijación de un marco mínimo de protección de los derechos laborales que evite “una nivelación hacia abajo”, relacionando con acierto el respeto a los derechos laborales con las decisiones que pueden adoptar los consumidores respecto a la compra de producto producidos en condiciones poco dignas e insistiendo en centrar la atención mundial “en el logro de salarios dignos, el mantenimiento de la seguridad de los trabajadores y la protección de sus derechos”, y facilitar nuevas capacidades y educación para los trabajadores.

Por lo que respecta a las estrategias para garantizar el bienestar de los trabajadores, el Informe  apuesta en la misma línea que en el punto anterior por adoptar medidas legislativas y reglamentarias que reconozcan derechos individuales, como el de la seguridad y estabilidad en el empleo o un salario mínimo, y colectivos como el de negociación colectiva por su estrecha relación con el derecho de libertad sindical, enfatizando la importancia de ratificar los ocho Convenios que la  OIT ha considerado fundamentales (Convenio sobre la libertad sindical y la protección del derecho de sindicación, 1948 (núm. 87). Convenio sobre el derecho de sindicación y de negociación colectiva, 1949 (núm. 98). Convenio sobre el trabajo forzoso, 1930 (núm. 29).  Convenio sobre la abolición del trabajo forzoso, 1957 (núm. 105).  Convenio sobre la edad mínima, 1973 (núm. 138).  Convenio sobre las peores formas de trabajo infantil, 1999 (núm. 182). Convenio sobre igualdad de remuneración, 1951 (núm. 100). Convenio sobre la discriminación (empleo y ocupación), 1958 (núm. 111)). Refiriéndose a colectivos laborales concretos, se propone medidas para garantizar el trabajo de las personas con discapacidad y los derechos de los trabajadores migrantes con implicación tanto de los países de origen como de acogida. No menos relevante son las propuestas de adopción de políticas de protección social que contemplen la posibilidad, teniendo en consideración las diferencias económicas y sociales existentes en los diversos países, de una “garantía de ingresos mínimos para vivir”, y la adecuada combinación de las medidas de protección social con estrategia de empleo adecuadas, no olvidando recordar el Informe que “sólo el 27 % de la población mundial cuenta con un sistema de protección social integral, lo que limita gravemente la seguridad y las oportunidades de los trabajadores”.

Especial atención dedica al Informe a la propuesta de medidas para abordar, y corregir, “los desequilibrios en las oportunidades de trabajo remunerado y no remunerado entre hombres y mujeres”, con medidas educativas, formativas y regulatorias que contribuyan a superar las desigualdades existentes, tales como una mejor regulación de la licencia parental de maternidad y paternidad que incentive su uso por los padres en mayor medida que en la actualidad, mejora de los servicios de atención a los menores, fomento de las modalidades de trabajo flexible (incluido el teletrabajo), y valoración del trabajo de cuidados.

Con carácter más general, y para valorar debidamente aquello que aportan algunos trabajos de carácter social a la sociedad se propone reconocer e incentivar las externalidades positivas en el trabajo de las personas, por ejemplo utilizando un sueldo social que va más allá del sueldo privado y tiene por finalidad recompensar a los trabajadores cuando su trabajo aporta valor a la sociedad (por ejemplo la conservación forestal)”.

No menos importantes son las políticas que deben ponerse en marcha para la población juvenil para facilitar su mejora educativa y formativa, su acceso en condiciones dignas al mercado de trabajo y la posibilidad de poner en marcha iniciativas emprendedoras, y tener en cuenta el potencial creativo de los jóvenes que requiere de entornos productivos que faciliten su desarrollo, aunque esta medida creo que es válida para una cada vez mayor parte de la población trabajadora que demanda tener participación directa en las decisiones que le afectan en su vida laboral, y también en su ejecución, reconociéndose por el Informe, y aportando propuestas concretas al respecto, que el trabajo creativo “requiere un entorno de trabajo propicio, en particular apoyo financiero, así como oportunidades para colaborar y favorecer el intercambio fecundo de ideas”.

6. En fin,  como ya he indicado, el Informe aboga por un nuevo programa de acción que implica la elaboración de “un nuevo contrato social”, a escala mundial,  que tome en consideración los cambios cada vez más importantes que acaecen en el mundo del trabajo y el debilitamiento de los vínculos jurídicos estables con un empleador que han sido el pilar durante mucho tiempo de los marcos normativos, y de los acuerdos convencionales entre organizaciones empresariales y sindicales, reguladores de los derechos individuales y colectivos tanto en el ámbito laboral como en el de la protección social.   Así lo reconoce expresamente el Informe cuando constata que en el nuevo mundo del trabajo “es menos probable que los participantes mantengan vínculos a largo plazo con un único empleador o que sean miembro de un sindicato, a diferencia de sus antecesores. Este mundo del trabajo no encaja en los regímenes tradicionales de protección”.

Ese contrato social a escala mundial debería basarse en la aplicación del programa de trabajo decente de la OIT, con una importante implicación de los agentes sociales y la potenciación del diálogo social, pues no es vano, así lo reconoce expresamente el Informe, “contribuye al desarrollo humano mediante una participación amplia, empoderamiento y cohesión social”.  Ese programa de trabajo decente con sus cuatro pilares, y con ellofinalizo la presente entrada, es explicado por la propia OIT en estos términos: “Crear Trabajo  – una economía que genere oportunidades de inversión, iniciativa empresarial, desarrollo de calificaciones, puestos de trabajo y modos de vida sostenibles -. Garantizar los derechos de los trabajadores  – para lograr el reconocimiento y el respeto de los derechos de los trabajadores. De todos los trabajadores, y en particular de los trabajadores desfavorecidos o pobres que necesitan representación, participación y leyes adecuadas que se cumplan y estén a favor, y no en contra, de sus intereses -. Extender la protección social  – para promover tanto la inclusión social como la productividad al garantizar que mujeres y hombres disfruten de condiciones de trabajo seguras, que les proporcionen tiempo libre y descanso adecuados, que tengan en cuenta los valores familiares y sociales, que contemplen una retribución adecuada en caso de pérdida o reducción de los ingresos, y que permitan el acceso a una asistencia sanitaria apropiada- . Promover el diálogo social   – La participación de organizaciones de trabajadores y de empleadores, sólidas e independientes, es fundamental para elevar la productividad, evitar los conflictos en el trabajo, así como para crear sociedades cohesionadas-.”.

Buena lectura.