domingo, 11 de mayo de 2014

Empleo, recuperación y desarrollo sostenible. Los análisis y las propuestas de la OIT para la Conferencia anual de 2014.



1. Faltan pocos días para el inicio de la 103ª reunión de la Conferencia Internacional delTrabajo, que se celebrará en Ginebra del 28 de mayo al 12 de junio. Uno de los informes que se someterán a discusión es el titulado “Políticas de empleo parauna recuperación y un desarrollo sostenible”, en el que se aborda la situación del período 2010-2013, y dicha discusión se llevará a cabo “en el marco de la Declaración de la OIT sobre la justicia social para una globalización equitativa”.

Recomiendo la lectura del documento, tanto por la importante documentación a la que te permite tener acceso sobre la realidad económica y social a escala mundial como también por el conjunto de argumentos y propuestas que se plantean para el debate en la conferencia anual, partiendo de una constatación recogida, directamente y sin contemplaciones, en las primeras líneas de su introducción: “Seis años después del estallido de la crisis económica y financiera, los mercados de trabajo de muchos países están sumidos en el caos, el déficit mundial de empleos es superior al del inicio de la crisis en 2008, y el mundo se enfrenta a la perspectiva de que la economía se recuperará de forma débil y desigual en 2014, y probablemente también en años venideros”.  El Informe se muestra bastante crítico con las políticas macroeconómicas puestas en marcha  en gran parte de los países desarrollados a partir de 2010 y su apuesta por la estabilidad (control de la inflación y consolidación fiscal), con la tajante afirmación de que estas políticas manifiestan una preocupación “que suele estar desconectada de las consideraciones centrales en materia de desarrollo, como la creación de empleo, la diversificación económica y la reducción de la pobreza). Para la OIT, si bien es cierto que “la inestabilidad macroeconómica extrema mata el crecimiento”, no lo es menos que “la recuperación de la estabilidad no siempre promueve y sostiene el crecimiento a largo plazo o la creación de empleo productivo y duradero”.

Por ello, y al objeto de superar el bajo nivel de demanda agregada que dificulta la recuperación, se apuesta por otras políticas económicas y sociales que apliquen “un enfoque más equilibrado y centrado en el consumo, la inversión y los mercados internos” para contrarrestar la debilidad de las exportaciones. Y en cualquier caso, la OIT reivindica, y hace bien en hacerlo, la importancia del diálogo social para poner en marcha políticas que repercutan positivamente en beneficio de la mayor parte de la población; es decir, “el diálogo social es crucial para alcanzar un consenso informado y esencial en torno a las difíciles reformas estructurales necesarias para tomar la senda de una recuperación y un desarrollo basados en el empleo”.

2. Para la OIT sigue siendo necesario entender cómo está cambiando la realidad económica y social a escala mundial para adoptar las medidas adecuadas para mejorar las condiciones de vida y de trabajo de la mayor parte de la población.

A) Entre los factores a los que se debe prestar especial atención se encuentra en primer lugar la globalización, y los datos disponibles demuestran que se trata de un proceso desigual porque “la inversión tiende a concentrarse en los países que pueden proporcionar una masa crítica mínima y óptima de infraestructura, competencias y servicios de apoyo que las empresas multinacionales requieren”.

B) También, el nuevo contexto demográfico, con unos cambios en las edades que afectarán sin duda al mercado de trabajo, ya que las proyecciones al año 2050 prevén “que la población mayor de 65 años se habrá triplicado con respecto al nivel de 2010, mientras que la población menor de 15 años de edad se mantendrá estable”, con un estancamiento o disminución en los países desarrollados, dato que influirá en las políticas migratorias; o mejor dicho, sin esperar al futuro influye ya ahora, dado que como han demostrado diversos estudios, y es un ámbito de estudio que ha merecido mi atención en varias entradas del blog, “la migración por motivos de empleo se tiene cada vez más en cuenta en las políticas de empleo de los países de origen y destino”, aún cuando el populismo existente en algunos países europeos lleva a las fuerzas políticas gobernantes a aplicar políticas restrictivas cuyos resultados se prevén en cualquier caso muy dudosos en su impacto positivo, que es el teóricamente perseguido, en sus mercados de trabajo.  

C) El aumento de la desigualdad de ingresos y sus consecuencias, que afecta tanto a los individuos y a los hogares como en la distribución de la renta nacional entre beneficios y salarios. Es obligado referirse aquí a las aportaciones de TomasPiketty, en su obra “El capital en el siglo XXI”, sobre la materia, con su análisis de la evolución de la desigualdad económica en una veintena de países desde el comienzo de la revolución industrial hasta la actualidad, la importante reducción operada en los años sesenta en Europa con  la puesta en marcha del modelo social europeo, y el cambio radical operado con el éxito de las políticas neoliberales desde los años ochenta del pasado siglo, de tal manera que “tras los grandes shocks acumulados al comienzo del siglo XXI, se estarían difuminando esos efectos igualitarios y la riqueza está logrando durante los últimos años volver a unos niveles de concentración no vistos desde la Primera Guerra Mundial”.

Los datos de la OIT para un período menor de tiempo, ya que se inicia en los ochenta pero finaliza en 2005 (con lo que cabe razonablemente pensar que las diferencias se habrán incrementado) van en la misma línea que el libro de Piketty para los países desarrollados, ya que la desigualdad de ingresos pasó de 28.7 a 30.1 en ese período.

Otro dato que avalaría el incremento de las desigualdades es la disminución de la importancia del factor trabajo en la renta nacional, dato puesto de manifiesto en el Informe mundial sobre salarios 2012-2013 de la propia OIT, que tomó como referencia 26 economías desarrolladas, en las que ese factor “pasó de ser más del 75  por ciento por término medio a finales de 1970 a situarse en torno al 65 por ciento en los años que precedieron a la crisis”.  En este mismo Informe la distancia entre el 10 % superior y el 10 % inferior de los asalariados “aumentó en 23 de 31 países” y la proporción de ocupados con salarios bajos, definidos conceptualmente como menos de 2/3 de la mediana salarial, “también aumentó en 25 de 37 países”.  

Por ello, cobra sentido una política que potencie el crecimiento continuado de los salarios mínimos ya que son estos “los que contribuyen significativamente a sostener el consumo privado, y, por tanto, a gestionar, la demanda agregada”. Pero, por ejemplo, en el ámbito español no es desde luego ésta la política practicada por los poderes públicos en los últimos años, que ha merecido mi crítica en anteriores entradas y que ahora se encuentra también en el editorial de la revistaRelaciones Laborales (núm. 4, abril 2014) suscrito por sus directores, los catedráticos de Derecho del Trabajo y Seguridad Social, y ex presidentes del Tribunal Constitucional, Miguel Rodríguez-Piñero y Mª Emilia Casas, que lleva por título “El uso del Decreto-Ley como instrumento de las reformas laborales. La garantía juvenil y la tarifa plana para el fomento del empleo y la contratación indefinida”. En dicho artículo , los autores ponen de manifiesto que las últimas reformas, en concreto el RDL 3/2014 conocido como el de la “tarifa plana” a efectos de contratación, continúan el “intenso proceso de moderación y devaluación salarial” iniciado con el RDL 3/2012, siguiendo con la apuesta por una política social y económica que “refuerza el modelo de competitividad sostenido sobre el bajo precio del trabajo y no sobre la productividad de los trabajadores, el empleo de calidad, la formación, la innovación, la modernización tecnológica y la internacionalización de las empresas”.

Justamente es la desigualdad uno de los ámbitos donde el estudio de la OIT reconoce que hay “importantes lagunas” en los conocimientos y los instrumentos de política que se utilizan para su corrección, por lo que se requiere, y así se prevé hacerlo, avanzar y profundizar en su estudio, junto también con otros ámbitos en los que sí hay más conocimientos adquiridos pero cuyos cambios obligan a una actualización permanente, tales como el desempleo estructural y de larga duración (con especial atención a la situación de los jóvenes), el trabajo por cuenta propia (de especial importante en los países en desarrollo y que hay que conocer mejor al objeto de “generar posibles vías para mejorar los ingresos y la productividad y reducir la vulnerabilidad”), o en fin los vínculos existentes entre la tecnología, el empleo y las competencias, y más concretamente sobre algunas de las cuestiones que más preocupan en la actualidad en los países desarrollados, esto es “las repercusiones sobre las tendencias de la segmentación del mercado laboral y el aumento de las formas atípicas de trabajo”.

D) En fin, otros factores a considerar son la igualdad de género en los mercados de trabajo (y todo aquello que resta por hacer para conseguir que sea real y efectiva), la transición hacia un desarrollo ecológicamente sostenible, y los desajustes entre la oferta y la demanda de competencias profesionales.   

3. El Informe constata que los países que forman parte del grupo de economías avanzadas representan menos del 16 % de la mano de obra mundial, pero han concentrado la mitad del desempleo (31,8 millones de personas) producido desde el inicio de la crisis en 2008. Por cierto, un dato que conviene enfatizar es el incremento de la parte del Producto Interior Bruto a escala mundial que ya detentan los llamados países en desarrollo, que experimentó un crecimiento del 17  % en 1990 al 37 % en 2012, y aún más importante que cerca del 75 % del crecimiento de la economía mundial producida a partir de 2008 se debe a estos países (con una presencia muy importante de China y Brasil).  

Pero a pesar del descenso en la tasa de participación de la fuerza de trabajo a escala mundial (menos empleos, más personas desanimadas, más abandonos del mercado de trabajo), las previsiones a diez años vista señalan la presencia de 400 millones de personas más en el mercado de trabajo, es decir desde la perspectiva laboral “será necesario crear más de 600 millones de empleos en todo el mundo para atender tanto a las personas que en la actualidad carecen de un empleo como a las que se incorporarán al mercado de trabajo”, debiendo prestar especial atención a los jóvenes, ya que estos se ven afectados a escala mundial por unos elevados índices de desempleo y acceso a empleos de poca calidad, de tal manera que debe ser objeto de preocupación, y así lo manifiesta el documento, que “la brecha entre las aspiraciones y las capacidades de los jóvenes y las posibles oportunidades de empleo se han ampliado”, con especial preocupación para los países menos adelantados, ya que en estos un muy elevado porcentaje de jóvenes que están en el mundo laboral “están subempleados o trabajan en la economía informal”. En el bien entendido, que la presencia en esa parcela económica no es exclusiva, ni mucho menos, de los jóvenes, ya que estudios recientes ponen de manifiesto que “más del 40 por ciento de los empleos no agrícolas en los países en desarrollo se enmarcan en el sector informal”, y que esos empleos ya se constató en el Informe mundial 2013 sobre el empleo que se trata habitualmente de “trabajos de baja calidad, con condiciones deficientes y sin apenas perspectivas de mejora en lo que respecta a las competencias profesionales o a la creación  de capacidad”.

Tampoco olvida la OIT el preocupante incremento del desempleo de larga duración, producido en los países de la OCDE y con especial relevancia en Estados Unidos (con lo que ello implica de incremento de las desigualdades), ya que en el año 2012 su duración era de alrededor de nueve meses, “un aumento del 140 por ciento con respecto al nivel anterior a la recesión en 2007”, y de ahí que se llame a los poderes públicos a adoptar las medidas que posibiliten tanto la creación de empleo para estas personas como la puesta en marcha de medidas formativas que eviten su apartamiento del mercado laboral, y también la existencia de mecanismos de protección social adecuados para encarar esta cada vez más preocupante realidad, con la sugerencia de que hay que encontrar el adecuado equilibrio entre las llamadas políticas pasiva de empleo (protección económica) y las activas (medidas tendentes a reincorporarles al mercado de trabajo) “para conciliar igualdad de oportunidades y eficacia”, rechazando que las prestaciones desincentiven el acceso al empleo y afirmando que “los datos de que se dispone contradicen la opinión de que a más prestaciones por desempleo, mayor es el lapso de tiempo que pasa antes de que una persona encuentre empleo”.  

Por lo que respecta a la inseguridad laboral de carácter objetivo gran parte de la misma se concentra en el incremento del empleo temporal no voluntario (ante la falta de poder acceder a un empleo permanente) y el trabajo a tiempo parcial con carácter involuntario, en cuanto que buena parte de quienes se acogen al mismo desearían trabajar a tiempo completo, siendo precisamente España citada en este punto, con datos de 2010 y que se han incrementado en sus porcentajes en años venideros, afirmándose que en nuestro país, y en esa fecha, “el 56,2 por ciento de los hombres y el 49,8 por ciento de las mujeres que trabajaban a tiempo parcial lo hacían porque no habían conseguido encontrar un trabajo a tiempo completo”.

Especial atención dedica el Informe al que califica de “trabajo marginal”, entre los que cita los minijobs alemanes o el contrato de cero horas británico, conceptuándolo con carácter general como “una organización del trabajo profundamente atípica que se caracteriza por un número muy reducido de horas de trabajo (a menudo, 15 horas semanales o menos), una duración de los turnos muy variable y la imposibilidad de predecir los horarios o los turnos de trabajo”. Justamente sobre los problemas, tanto sociales como económicos, que plantea en el Reino Unido ese contrato “de cero horas o a la llamada”, o dicho en lenguaje menos técnico tanto te pago por tantas horas trabajadas cuando lo necesite, se ha abierto un interesante debate en el que incluso acaba de participar TheEconomist poniendo de manifiesto no sólo sus, a su juicio, aspectos positivos, sino destacando también , y esto es más sorprendente, los aspectos negativos que puede tener tanto para los trabajadores como para las empresas. Por su interés reproduzco un párrafo del artículo publicado ayer: “But the recovery will not cause unwanted zero-hours contracts to disappear. Some workers will never have much negotiating power: they are constrained by geography, family commitments and lack of competition for their skills among a small number of big employers. Zero-hours contracts make it easier for employers to abuse their labour-market power. Some use them to avoid statutory obligations such as sick and maternity pay. Workers are penalised for not being available when requested. And some contracts contain exclusivity clauses which prevent workers from taking additional jobs. These can harm other employers as well as workers, and actually reduce labour market flexibility. That, at least, is worth doing away with”.  

4. Por último, dejo constancia, por el interés que tiene para las políticas de empleo a escala europea, y sus consiguientes repercusiones tanto a escala mundial como de cada Estado en particular, de la Decisión aprobada por el Consejo de la UE el pasadodía 8 de mayo por la que se crea la red europea de los servicios públicos deempleo, integrada por los servicios de cada Estado y la Comisión, en el bien entendido, y esto es especialmente importante para España, en donde las Comunidades Autónomas tienen competencias en materia de políticas activas de empleo, que los Estados miembros con SPE autónomos regionales “deberán garantizar una adecuada representación de los mismos en las iniciativas específicas de la Red”.

Con la creación de esta Red se pretende la aplicación de estas iniciativas: “a) Desarrollar y aplicar a escala europea sistemas de evaluación comparativa basada en datos entre los servicios públicos de empleo, que se sustenten en la utilización de indicadores cuantitativos y cualitativos, para evaluar los resultados de los servicios públicos de empleo, y obtener datos con vistas a establecer un medio adecuado de aprendizaje mutuo. También deberá participar activamente en la puesta en práctica de estas actividades mediante el intercambio de datos, conocimientos y prácticas.  b)   Facilitar la ayuda mutua, ya sea en forma de actividades de grupo o entre iguales, a través de la cooperación, los intercambios entre sus miembros de información, experiencia y personal, incluido el apoyo a la aplicación de recomendaciones específicas del Consejo para cada país en relación con los servicios públicos de empleo.  c)      Adoptar y aplicar un concepto para modernizar y reforzar los SPE en ámbitos clave. d)   Elaborar informes en el ámbito del empleo, ya sea a petición del Consejo, de la Comisión, o por propia iniciativa. e)            Contribuir a la aplicación de iniciativas políticas en el terreno del empleo.  f)        Adoptar y aplicar un programa anual que defina sus métodos de trabajo, los resultados que debe ofrecer y detalles adicionales relacionados con la aplicación de los sistemas de evaluación comparativa”.

Buena lectura del documento.