domingo, 15 de septiembre de 2013

Un apunte sobre los ciudadanos europeos y la crisis social, a partir de algunos escritos y documentos. Conocemos los problemas, ¿tenemos respuestas?



1. Se ha publicado recientemente el último eurobarómetro general de la Unión Europea, con entrevistas realizadas entre el 10 y 26 de mayo a ciudadanos de 34 países o territorios (ya que incluye la Comunidad turcochipriota). Las preguntas han girado, al igual que los anteriores, sobre la situación política y social de la UE, y en su presentación se destaca que desde la realización del eurobarómetro general de otoño de 2012 han tenido lugar elecciones generales en cuatro países: Chipre, República Checa, Italia y Malta.

Una de las preguntas que se formula es cómo impacta la crisis en el empleo y si estamos saliendo de la misma, al objeto de poder seguir la evolución de los pareceres de los ciudadanos europeos. Desde otoño del pasado año se ha incrementado en siete puntos, hasta alcanzar el 36 %, el número de personas que creen que el impacto de la crisis sobre el empleo ya ha alcanzado su punto álgido, reduciéndose en el mismo número el porcentaje de aquellos que creen que lo peor está aún por llegar en términos de mayor incremento del desempleo, mientras que un 9 %, el mismo porcentaje que en el eurobarómetro anterior, no saben cuál es la situación.

 Si nos fijamos en los datos disponibles desde el realizado en mayo y junio de 2009, la cifra de ciudadanos “positivos” tuvo un fuerte incremento que alcanzó el 43 % en septiembre de 2011 (frente al 28 % de abril y mayo de 2009), cayendo radicalmente en el siguiente (23 %) y remontando gradualmente hasta llegar al porcentaje actual. Con respecto a los ciudadanos “negativos”, su mala percepción disminuyó considerablemente hasta alcanzar solo el 47 % en septiembre de 2011 (desde  el 61 % de abril y  mayo de 2009), sufriendo un incremento radical de más de veinte puntos en el siguiente eurobarómetro (68 %) y reduciéndose de forma gradual, pero con altibajos, hasta llegar al último porcentaje conocido del 55 %. Respecto a los ciudadanos que no tienen parecer u opinión, no ha habido prácticamente diferencias desde el primer eurobarómetro mencionado, oscilando entre el 11 y 9 %.

Sí hay diferencias significativas por países, y centrando la atención en los Estados de la UE cabe decir que en diecinueve de ellos hay mayoría de ciudadanos “negativos”, un empate técnico en uno, y ventaja de los “positivos” en ocho. Entre los primeros, los más pesimistas son los ciudadanos de Chipre (83 %), mientras que los españoles vemos más el lado oscuro de la situación en un 62 %, y entre quienes creen que la crisis ya ha llegado a su punto más alto y que la situación va a mejorar encontramos a los daneses, con un 60 %. Otro dato importante a destacar es que en 24 Estado de la UE se ha incrementado el número de encuestados, con respecto al eurobarómetro anterior, que creen que la situación ha mejorado, con especial énfasis para los de Suecia (incremento porcentual de 18 puntos), aunque tampoco está nada mal España en este ranking, ya que ha habido una mejora en once puntos y un descenso de la valoración negativa en doce.

2. La mejora global de la percepción de los ciudadanos europeos no debe hacernos olvidar que la situación económica y social sigue siendo muy difícil para buena parte de la ciudadanía, y que es necesario adoptar a escala europea (y no sólo estatal) medidas que contribuyan a cambiarla, aunque parece que los ritmos de las decisiones políticas son mucho más lentos que el impacto directo de la crisis sobre muchas personas. En el bien entendido además que muchas de las medidas aprobadas hasta ahora no han contribuido, sino lo contrario, a la recuperación, y muchos ciudadanos de Grecia, Portugal y España sabe directamente de lo que hablo. ¿Estamos asistiendo al incremento de las desigualdades y a la puesta en cuestión, o incluso intento de desmantelamiento, del modelo social europeo y del Estado del Bienestar?

La cuestión da para un análisis mucho más extenso, por su complejidad, pero me quedo ahora con la referencia a un reciente informe presentado por Oxfam con un título que no engaña: “La trampa de la austeridad. El verdadero coste de la desigualdad en Europa”, del que resalto dos ideas centrales de su contenido: por una parte, que “actualmente, el modelo europeo se ve amenazado por unas políticas de austeridad mal planteadas, que se presentan ante la ciudadanía como el precio que todos debemos pagar por recuperar un crecimiento económico estable. A menos que se revisen, estas políticas debilitarán las conquistas sociales de Europa, creando divisiones dentro de los países y del continente, y perpetuando la pobreza durante una generación”; por otra, que “Los programas de austeridad que se han aplicado en toda Europa están basados en una fiscalidad regresiva y corta de miras, así como en el drástico recorte del gasto, especialmente en servicios públicos como la educación, la sanidad y la seguridad social. Estas medidas han debilitado los mecanismos que reducen la desigualdad y hacen posible un crecimiento equitativo. Las políticas de austeridad han perjudicado especialmente a las personas más pobres y vulnerables, sobre quienes se ha hecho recaer la responsabilidad de cargar con los excesos de las últimas décadas, a pesar de ser las menos culpables de ellos”.  

Oxfam señala que medidas que se están adoptando en Europa tienen puntos en común con las que se aplicaron en países de América Latina, el este asiático y África subsahariana  en los años ochenta y noventa del siglo XX, y recuerda que “En muchos países, las políticas de ajuste estructural tuvieron como resultado el estancamiento de los ingresos y el aumento de la pobreza, lo cual ha marcado a varias generaciones en todo el mundo”.

3. Potenciar la dimensión social de la UE es una necesidad vital si queremos poner en marcha mecanismos a escala europea que contribuyan a la salida de la crisis en todos los países, aunque la rapidez de la misma sea desigual ya que las diferencias actuales son muy importantes (y en algunos Estados del centro y norte de Europa no hay esa percepción de crisis que tenemos en los países del sur), y en ello ha insistido reiteradamente el comisario europeo encargado de asuntos sociales Lazlo Andor, destacando, en una reciente artículo publicado por el EuropeanPolicy Centre, que si bien es cierto que las diferencias entre los Estados son importantes, y que el marco jurídico de la UE sitúa las competencias en materia de empleo y políticas sociales en el terreno de los Estados miembros, “Nonetheless, it has been broadly accepted that due to the limited availability of adjustment mechanisms for national economies within the EMU, unemployment and social crises risk developing to a greater extent in a currency union than in a more flexible exchange rate regime, unless they are anticipated and addressed by the currency union on a collective basis….. It is increasingly recognised that severe employment and social problems in individual countries generate 'spill-over' effects beyond national borders, notably through four channels: trade with other Member States, competitiveness, cross-border migration, and financial markets..”.      

4. Y en esa dimensión europea cobra una especial importancia la problemática de la inmigración, aunque todavía a algunos les sorprenda que se hable de ella en una Europa, y más concretamente en algunos países, con altos niveles de desempleo, una realidad que abona fenómenos de populismo con tintes xenófobos en muchas ocasiones (y, desgraciadamente, con importantes réditos electorales como tenemos oportunidad de comprobar en las elecciones celebradas en diversos Estados).

Si se quiere ser egoísta económico, la inmigración es importante porque la situación demográfica de la UE y la disminución de la población en edad laboral tiene un indudable impacto sobre el futuro a medio plazo del mercado de trabajo en la UE, poniéndose de manifiesto en un reciente informe elaborado para laComisión Europea que los “cuellos de botella” en algunos Estados potentes de la UE van ya a aparecer en los próximos cinco años, incluso teniendo en consideración un importante incremento de la tasa de actividad, y que otros Estados se encontrarán en la misma situación en el período más o menos aproximado de una década, concluyendo que “Given the strong inertia of demographics, even total EU employment will start shrinking in 15 to 20 years from now. Labour supply constrains will arise considerably earlier in the case of highly educated workers”, pidiendo a los responsables políticos que, sin poder desconocer obviamente la importancia del desempleo actual en los países de la UE, no olviden actuar ante los retos que la situación va a plantear en el futuro a medio plazo, y refiriéndose a las políticas migratorias solicitan un nuevo enfoque que facilite un mejor uso del potencial humano que supone la población migrante que reside legalmente en la UE, y que al mismo tiempo abra “clear and stable pathways for new migrant workers on the basis of specific labour vacancies but also on the basis of much broader human capital criteria”.

Seguramente pocas personas conocen tan bien la realidad de las políticas europeas de inmigración y asilo como los comisarios encargados de ese ámbito de actuación, y en efecto la actual comisaria, la sueca Cecilia Mamlströn, y su equipo, lo está demostrando, con independencia de los resultados obtenidos con su gestión. El pasado viernes pronunciaba una conferencia en el marco de la International Metropolis Conference, celebrada en la ciudad finlandesa de Tampere, donde se sentaron las bases de la actual política migratoria en el ya lejano año de 1999, con el acuerdo alcanzado por el Consejo Europeo en el que se partía de la  necesidad de garantizar una trato justo a los nacionales de terceros países que residieran legalmente en un país de la UE (obsérvese, dicho sea incidentalmente, que la referencia a la legalidad de la estancia será una constante en casi todos los documentos de trabajo y textos normativos aprobados por los poderes públicos de la UE desde entonces)  y de poner en marcha una política de integración que les concediera derechos y obligaciones “comparables a las de los ciudadanos de la Unión”.  

En la intervención de la Comisaria se destaca la necesidad de incrementar la participación de los migrantes en el mercado de trabajo, y de hacer un uso mucho mejor y más eficiente del que se realiza en la actualidad de sus conocimientos y talentos, afirmando que “Migrants and refugees have a pool of skills and talents which is untapped and we need to make use of it. This is just common sense and decency in a welcoming society”; igualmente, se enfatiza la necesidad de las políticas de integración, con asunción de responsabilidades por todas las partes, y muy especialmente por los poderes públicos, para facilitar su trato como miembros de pleno derecho de nuestras sociedades. Son retos que aún están pendientes de resolver en muchos casos, y que requieren, tal como destacó la Comisaria, de un nuevo empuje por parte de todos los Estados en el marco de una política común, que necesita, tanto de una efectiva aplicación de la normativa ya vigente, y de respeto estricto de las leyes, como un desarrollo más amplio que favorezca y potencie la migración legal hacia Europa, concluyendo que  “We need to consider where we could improve even further and find common solutions for the union. That will indeed be a project for the coming years following the Stockholm Programme”.

5. Para cerrar esta entrada, es obligado referirse a uno de los problemas más importantes que tiene Europa en la actualidad, cual es el del desempleo juvenil, asunto complejo que ya ha merecido con anterioridad mi atención (y que, lamentablemente, creo que lo seguirá manteniendo en el futuro, al menos a corto plazo), y al que ha dedicado un reciente artículo el profesor VicençNavarro, en el que formula diversas propuestas para mejorar su situación (y la de empleo en general), desde el planteamiento previo de que “Hoy existe en la UE un desempleo masivo entre la juventud, a pesar de que el número de jóvenes buscando trabajo ha disminuido en términos proporcionales como consecuencia de su inserción en el mercado de trabajo a una edad más tardía, resultado de un mayor periodo de educación y formación que en tiempos anteriores. En realidad, el desempleo juvenil nunca había sido tan elevado como ahora”.

El Parlamento europeo ha abordado la problemática juvenil en la sesión plenaria celebrada esta semana, habiendo aprobado el 11 de septiembre una importante Resolución que lleva por título (ilusionante) “Cómo combatir el desempleojuvenil: posibles soluciones”. Se trata de un texto muy extenso (20 páginas) que contiene propuestas interesantes y dignas de tomar en consideración (también, muchas reiteraciones, pero esto es algo frecuente en documentos del PE, supongo que para acoger la mayor parte posible de las propuestas de los diferentes grupos parlamentarios al objeto de que emitan su voto positivo). En el documento se contiene referencias a las cifras del desempleo (23,5 % de los jóvenes activos en junio de este año); la necesidad de adecuar las políticas a las diferentes necesidades de los distintos grupos de jóvenes y prestando especial atención a las mujeres jóvenes “que siguen sufriendo discriminación por motivos de edad y género cuando se incorporan al mercado de trabajo”; la necesidad de poner en marcha un marco adecuado de regulación de las prácticas laborales que evite la explotación laboral de los jóvenes; en fin, la potenciación de los mecanismos de formación dual  y de los métodos de aprendizaje innovadores, con una referencia a la migración involuntaria de buena parte de la población juvenil y que no creo que sea del agrado de nuestra Ministra de empleo y seguridad social.

Reproduzco seis tesis del documento que me parecen más importantes, y remito a todas las personas interesadas a su lectura íntegra.

“Hace hincapié en que las medidas políticas nacionales y de la UE para impulsar el empleo juvenil deben ser coherentes y reforzarse mutuamente y deben centrarse especialmente en la formación (profesional) de calidad y la oferta de experiencia laboral, permitiendo así a los jóvenes conseguir un empleo estable de calidad; insiste en que la creación de oportunidades para la realización de prácticas con una compensación justa y actividades voluntarias en el interés público puede permitir a los jóvenes participar en actividades de utilidad social y obtener experiencia profesional”

“Subraya la necesidad de contar con políticas del mercado de trabajo activas, globales e integradoras orientadas a la creación de empleo, con medidas especiales para los jóvenes, para, por una parte, evitar el derroche de los recursos disponibles y, por otra, lograr la reducción del desempleo juvenil y no su mero «reciclado»”.

“Pide a los Estados miembros que reconozcan los retos sin precedentes planteados por un entorno económico mundial en rápida evolución a los que deben hacer frente los profesores escolares y universitarios; señala que un factor fundamental para la educación satisfactoria de los jóvenes y sus perspectivas de empleo es el desarrollo de nuevas aptitudes y competencias, enfoques innovadores y métodos de enseñanza y aprendizaje modernos”.  

“Considera que deben tenerse en cuenta las necesidades locales y las especificidades territoriales con el fin de permitir la detección de puestos de trabajo, en particular en sectores innovadores, como la economía verde y las empresas sociales, en el marco de estrategias integradas de desarrollo territorial”.

“Pide a los Estados miembros que presten particular atención a la elevada tasa de desempleo juvenil entre los migrantes y que den prioridad a la integración en el mercado de trabajo y la integración de las políticas de integración, dado que el empleo es la clave para una integración satisfactoria; insiste en que deben tenerse en cuenta las dificultades experimentadas por los jóvenes migrantes a la hora de obtener asesoramiento profesional y en que debe supervisarse y evaluarse la integración de los jóvenes migrantes en la sociedad y el mercado de trabajo”.

“Destaca que debe solucionarse el problema del «despilfarro de cerebros», porque el hecho de tener a jóvenes altamente cualificados y capacitados trabajando muy por debajo de sus posibilidades provoca que no utilicen sus capacidades y cualificaciones reales, mientras que, al mismo tiempo, tiene un efecto negativo en ellos en términos sociales y psicológicos”;

 Buena lectura de todos los escritos y documentos.