jueves, 8 de noviembre de 2012

Reflexiones sobre la inmigración y cómo están impactando los cambios normativos, económicos y sociales sobre la misma (y II).



D) Cuarta idea: acercarse a la realidad de la inmigración debe hacerse con especial atención a los importantes cambios operados en los últimos años, tanto en términos de menor presencia de los flujos de entrada como de una mayor consolidación jurídica de la población inmigrada al ser cada vez más relevante el número de aquellas personas que disponen de la residencia de larga duración. Tampoco conviene olvidar, por su impacto sobre las políticas laborales dirigidas a la población inmigrada, el importante número de personas que han adquirido la nacionalidad española en los últimos años como consecuencia de la aplicación de la Ley52/2007 de 26 de diciembre, “por la que se reconocen y amplían derechos y se establecen medidas en favor de quienes padecieron persecución o violencia durante la guerra civil y la dictadura”, y más concretamente de su disposición adicional 7ª relativa a la adquisición de la nacionalidad española (“1. Las personas cuyo padre o madre hubiese sido originariamente español podrán optar a la nacionalidad española de origen si formalizan su declaración en el plazo de dos años desde la entrada en vigor de la presente Disposición adicional. Dicho plazo podrá ser prorrogado por acuerdo de Consejo de Ministros hasta el límite de un año.2. Este derecho también se reconocerá a los nietos de quienes perdieron o tuvieron que renunciar a la nacionalidad española como consecuencia del exilio”); en fin, en el debate sobre las políticas de migración circular y las políticas de retorno, convendrá recordar que buena parte de la población que ha abandonado España en los últimos tres años posee la doble nacionalidad, y por consiguiente podrán reincorporarse al mercado de trabajo español en igualdad de condiciones que aquellos residentes en nuestro país. Al respecto, es interesante el dato hecho público por el Instituto Nacional de Estadística sobre la población española residente en el extranjero, un total de 1.816.835 personas a 1 de enero de 2012, con un incremento de 114.057 (6,7 %) sobre la misma fecha del año anterior, y más exactamente que “el 36 % de los españoles residentes en el extranjero nacieron en España, el 58,2 % en su actual país de residencia, y el 5,1 % en otros países” (654.395, 1.057.730 y 92.473, respectivamente), así como también que el 62,4 % (1.133.228 personas) tienen su residencia en América”.


En relación con los “nuevos españoles”, aquí están los datos oficiales facilitados por elMinisterio de Justicia el 30 de marzo: se han presentado un total de 503.439 solicitudes de opción a la nacionalidad española, y de ellas el 94,84% (477.462) de las solicitudes presentadas en el mundo lo fueron en las Oficinas Consulares de España en Iberoamérica. Por el tipo de solicitudes presentadas, el 92.34% del total (464.858) corresponden a hijos de padre o madre originariamente español, mientras que el 6,32 % (32.141) de las solicitudes corresponden a nietos de quienes perdieron o tuvieron que renunciar a la nacionalidad española por motivo del exilio. El restante 1,28% (6.440) “corresponde a las solicitudes de transformación en nacionalidad española de origen de aquellos casos en que la opción dio lugar a una nacionalidad española no de origen”. El Ministerio de Justicia aporta el dato de la aprobación de un 48,02 % de la solicitudes, es decir 241.763 personas, al mismo tiempo que recuerda, y debemos tenerlo en cuenta, que “Es preciso tener en cuenta que hay un número importante de solicitudes que se encuentran en fase de estudio o pendientes de presentación de documentación, caso este último no infrecuente al ser necesaria la presentación de documentación (especialmente certificados de nacimiento de padres y abuelos) no siempre fácil de conseguir”.

Quinta idea: El debate sobre cómo articular una adecuada política migratoria adquiere una gran importancia, tanto en el ámbito español como en el europeo e internacional, pues parece muy difícil pensar que la inmigración se reducirá drásticamente o desaparecerá aún cuando se establezcan numerosas medidas restrictivas y de control. Al respecto, un informe de la prestigiosa Fundación Ceimigra expone que la baja natalidad, el envejecimiento de la población y mantener el sistema de Seguridad Social hará que la economía española necesite que lleguen unos 4,1 millones de inmigrantes en el año 2034.

El fenómeno migratorio es uno de los fenómenos más característicos encuadrables en el proceso de globalización económica y que se ve seriamente afectado por los procesos de transnacionalización, si bien se ha producido a lo largo de toda la historia e incluso en muchas ocasiones impulsado por los gobiernos para evitar conflictos sociales y reducir los niveles de desempleo. Hay que acercarse a este fenómeno sin creer que tiene naturaleza básicamente temporal, pues la realidad nos demuestra que cada vez más tiene una vocación de permanencia estable, tanto para el inmigrante como para la familia que se incorporará después una vez que tenga derecho a ello, y las secuelas posteriores en términos de generaciones de hijos e hijas de inmigrantes y que se encuentran plenamente integradas en la sociedad que acogió a sus mayores. Cuestión diferente, y cada vez de mayor importancia es cómo facilitar la migración circular y evitar la pérdida de derechos para la población extranjera que abandone el país de acogida (en este caso España) durante un determinado período de tiempo, a fin y efecto de que pueda regresar cuando lo considere oportuno.

Con respecto a la integración laboral de las personas inmigrantes en España en la primera década de este siglo, se ha publicado un interesante estudio de la Fundación Primerode Mayo, dirigido por Jorge Aragón, del que extraigo algunas de las tesis que me han parecido más relevantes: en nuestro país, y también en otros países europeos, “los procesos migratorios se encuentran íntimamente ligados a las transformaciones y demandas del mercado de trabajo, a los déficits de mano de obra y a los desajustes registrados a lo largo de las últimas décadas”. Esto es muy importante porque “el acceso a los derechos y la integración social de las personas inmigrantes descansa, en parte, en el acceso al mercado de trabajo y en la garantía de unas condiciones laborales dignas”. Coincido plenamente con la importancia de la calidad del empleo como elemento clave de la integración. La crisis (a partir de 2008) está afectando más intensamente a la población extranjera que a la española y, por otra parte, la población inmigrante “registra niveles de sobre cualificación superiores, un salario medio muy inferior y un menor porcentaje de participación en formación continua que la población española”. Justamente con ocasión de la crisis se constata que los inmigrantes han ampliado el uso de los recursos que ofrecen los Servicios Públicos de Empleo, y ha superado a la población española “en demandas de empleo, beneficiarios de prestaciones por desempleo, contratación y formación ocupacional”. Desde una perspectiva internacional, los estudios de la Organización Internacional del Trabajo siempre han de sernos útiles como punto de referencia, y los dedicados a las migraciones laborales internacionales contienen varias tesis que creo que son de utilidad: “la gobernanza nacional e internacional de la migración laboral debería reconocer que la mayor parte de los migrantes busca trabajo decente, y ofrecer mayores oportunidades legales para la movilidad laboral; que las políticas deberían basarse en el reconocimiento de los beneficios mutuos, tanto para los países de origen como para los de destino; que la protección de los derechos de los migrantes es fundamental para que todas las partes obtengan los beneficios de desarrollo que acarrea la migración; que son necesarios enfoques integrales para la migración irregular, incluso que aborden sus causas básicas”.

4. Pasemos ahora al estudio y análisis de todas las cifras y datos disponibles, para entender la realidad actual de la inmigración en España.

A) Analicemos en primer lugar, los datos demográficos más generales. Según los datos provisionales delpadrón municipal facilitados por el Instituto Nacional de Estadística, que se hicieron públicos el mes de abril, del total de la población empadronada a 1 de enero de 2012,  47.212.990 personas, con un incremento anual de 22.947, 5.711.040 personas son extranjeras, o lo que es lo mismo el 12,1 % del total de inscritos. Destaca el descenso de la población extranjera en 40.447 personas (0,7 %), mientras que por el contrario se incrementa la población autóctona en 62.944 (0,2 %), y también me parece significativo (y creo que es tanto producto de la crisis como de la nacionalización de una parte de la población  que proviene de América del Sur) que la población no comunitaria se haya visto reducida en 85.941 personas, quedándose en 3.270.188, mientras que la comunitaria  se ha incrementado en 45.494, siendo en la actualidad 2.440.852 personas. Para ayudar a confirmar esta apreciación, cabe destacar que la población extranjera que ha experimentado un mayor crecimiento absoluto en 2011 ha sido la rumana (30263 personas), mientras que el descenso más destacado se ha producido en tres países latinoamericanos, Ecuador (54.330), Colombia (28.506) y Bolivia (14.374). Como consecuencia de los cambios operados en la composición de la población extranjera la presencia de la población europea comunitaria ha crecido del 41,6 % de 2011 al actual 42,7 %, y la sudamericana ha descendido desde el 24,8 al 22,6 %. En cuanto a las poblaciones africanas y asiáticas, el cambio positivo ha sido mínimo (0,3 y 0,4 décimas respectivamente).


Por sexos, la distribución es bastante equilibrada, ya que la diferencia a favor de los varones es de sólo 3,8 puntos (51,9 y 48,1 %, respectivamente), si bien sí se diferencia de la española en cuanto que en esta la presencia femenina supera en 1,4 puntos a la masculina (50,7 y 49,3 %). La presencia extranjera en los tramos de edad vinculados a la presencia en el mercado de trabajo es abrumadora (59,9 % en personas de 16 a 44 años, y 18,5 % entre las de 45 y 64), siendo también significativa la de los jóvenes menores de 16 años (15,4 %) y mucho menos la de los comprendidos entre 65 y más años (6,2%). La diferencia con la población autóctona es especialmente significativa en la franja laboral (41,1 y 25,7 %), mientras que también lo es, pero en este caso porque el porcentajes es muy superior, entre la población de mayor edad (17,4 %, es decir más de 11 puntos superior a la extranjera).


Por Comunidades Autónomas, destacan porcentualmente dos en las que el peso de la población comunitaria es muy significativo, Islas Baleares (21,6 %) y Comunidad Valenciana (17,2%), mientras que en la tercera en el ranking porcentual, la Región de Murcia (16,1 %) sí que es significativa la presencia de personas de nacionalidades extracomunitarias. Las dos Comunidades Autónomas con mayor presencia cuantitativa de población extranjera, Cataluña y Madrid, ocupan los dos lugares posteriores en la lista, con el mismo porcentaje, el 15,6 %.     


Con respecto a la Comunidad Autónoma de Cataluña, según los datos facilitados por IDESCAT, la población empadronada es de 7.655.603, con un incremento absoluto de 25.985 personas sobre 2011 y porcentual del 0,3 %. La población extranjera disminuye por segundo año consecutivo, ahora en 1.945 personas, y es en la actualidad el 15,6 % del total de la población, una décima menos que en 2011, siendo la cifra total de 1.183.907 personas.  


Datos más recientes  de los flujos migratorios enEspaña durante los meses de enero a septiembre de 2012, también facilitados por el INE, ponen de manifiesto, y el impacto de la crisis en estos datos es indudable, que aumenta la emigración y disminuye la inmigración. Si el saldo entre las personas que abandonan España y las que llegan era positivo para la inmigración en 47.362 y 62.156 personas en 2009 y 2010, respectivamente, en 2.011 se han invertido los términos y han salido de España 50.990 personas más de las que han llegado. Además, la inmigración se ha reducido en un 19,4 %, ya que de los  314.191 inmigrantes llegados en los nueve primeros meses de 2011 se ha pasado a 253.149 en el mismo período de 2012.