domingo, 7 de febrero de 2016

Notas sobre el Informe de la OIT “Perspectivas sociales y de empleo en el mundo. Tendencias 2016”, y apuntes sobre otros documentos de interés.



1. Fieles a su cita anual, el pasado mes de enero fueron publicados dos documentos de indudable interés para quienes nos dedicamos al estudio y análisis del mundo del trabajo. Se trata, en primer lugar, del Informe de la OIT sobre “Perspectivassociales y de empleo en el mundo. Tendencias 2016”, que según puede leerse en la página web “incluye una previsión de los niveles de desempleo en el mundo y examina la situación en las economías desarrolladas, emergentes y en desarrollo, con cifras y gráficos detallados. El informe presta particular atención a la proporción de empleo vulnerable, así como a la magnitud de la economía informal. Propone además orientaciones políticas para estimular las oportunidades de trabajo decente en todo el mundo”.  

En segundo término, el Informe de la Comisión Europea sobre la evolución del empleo y lasituación social en la UE en 2015, presentado como “un estudio anual sobre lasúltimas tendencias en materia social y de empleo, en el que se exponen losretos futuros y las posibles respuestas políticas”. El informe analiza la creación de empleo, la eficacia del mercado de trabajo, la modernización de la protección social y la inversión en personas, destacando que hay una evolución positiva del empleo y la situación económica en la UE, pero que sin embargo “siguen existiendo grandes disparidades entre los Estados miembros en lo que respecta al crecimiento económico, al empleo y a otros indicadores claves en materia social y de mercado de trabajo”, y califica (aunque del dicho al hecho suele haber un largo trecho) el diálogo social entre los agentes sociales como “esencial para promover una recuperación económica sostenible e integradora”, al tiempo que proclama la necesidad de encontrar un justo equilibrio entre la flexibilidad y la seguridad en el mercado de trabajo, ya que “si bien algunos nuevos contratos pueden dar a una situación beneficiosa para todas las partes, otros producen inestabilidad laboral”.

2. Destaco a continuación los contenidos más relevantes a mi parecer del Informe de la OIT, al mismo tiempo que me refiero a otros documentos de interés para los laboralistas.   

En la presentacióndel Informe de la OIT, su director general Guy Rider explicó que “La significativa desaceleración de las economías emergentes junto a una drástica disminución de los precios de las materias primas tiene un efecto negativo sobre el mundo del trabajo”, así como también que “Muchos trabajadores y trabajadoras tienen que aceptar empleos mal remunerados, tanto en las economías emergentes como en las en desarrollo y, cada vez más, en los países desarrollados. A pesar de la disminución del número de desempleados en algunos países de la Unión Europea y en Estados Unidos, demasiadas personas aún no tienen trabajo. Es necesario emprender una acción urgente para estimular las oportunidades de trabajo decente, o corremos el riesgo de que se intensifiquen las tensiones sociales”. Para Raymond Torres, Director del Departamento de Investigación de la OIT, “La inestabilidad del contexto económico asociada con la volatilidad de los flujos de capital, la persistente disfunción de los mercados financieros y la insuficiente demanda mundial, siguen afectando a las empresas y desincentivan las inversiones y la creación de empleo”.

A) Recupero un breve comentario efectuado sobre el Informe 2015 para poderlo comparar por parte de los lectores y lectoras con el presentado el 19 de enero de este año: “El informe 2015 de la OIT sigue constatando la existencia de amplias brechas laborales y sociales surgidas durante la crisis, siendo un reto de futuro, muy difícil de alcanzar si no se adoptan las políticas adecuadas para ello, crear empleos en un número suficiente no sólo para acoger a quienes se incorporan al mercado de trabajo sino también para quienes quedaron fuera del mismo en años anteriores, cerca de 61 millones de personas desde 2008, por lo que para colmar aquello que la OIT ha calificado, con expresión que ha hecho fortuna, “brecha de empleo”, se calcula que será necesario crear a escala mundial 280 millones de nuevos empleos en 2019. Pero los datos y las perspectivas con las que trabaja el máximo foro mundial sociolaboral no son precisamente optimistas, ya que desde el inicio de la crisis se han incorporado 31 millones de personas a la situación de desempleo, en la que se encontraban en 2014 201 millones, previéndose un incremento de 3 millones este año y de 8 millones durante los cuatro siguientes. La cifra de trabajadores vulnerables (empleo vulnerable se define por la OIT como la suma de los trabajadores por cuenta propia más los trabajadores en negocios familiares) se cifra en 1400 millones en el mundo, con un incremento de 27 millones desde 2012, y uno de cada catorce trabajadores seguirá viviendo al finalizar este decenio “en condiciones de extrema pobreza”. Conviene recordar que en su informe de 2014 la OIT afirmaba que aunque haya disminuido de forma notable desde principios del siglo XXI, y es una noticia de la que sólo cabe felicitarse, el número de trabajadores pobres, es decir aquellos que a pesar de tener un trabajo no pueden escapar de una situación de pobreza, los datos siguen siendo muy preocupantes, poniendo de relieve que la reducción parece haberse estancado, de tal manera que “se calcula que, en 2013, 375 millones de trabajadores (un 11.9 por ciento del total de empleados) vivían con menos de 1,25 dólares de los Estados Unidos al día y 839 millones (o 26.7 del total de empleados) con 2 dólares al día o menos”. Otro dato importante a destacar del informe es el incremento de las desigualdades en las economías avanzadas, mientras que el avance en la corrección de estas en las economías emergentes y en desarrollo se ha ralentizado considerablemente. Para las economías avanzadas (no en todas ciertamente, pero España sí estaría en el grupo de las afectadas), de las que se recuerda que “tradicionalmente las desigualdades han sido muy inferiores a las de los países en desarrollo” se dice ahora que las desigualdades en los ingresos han empeorado rápidamente después de la crisis, y en algunos casos se están acercando a niveles registrados en algunas economías emergentes”. Para intentar corregir las deficiencias denunciadas en el Informe la OIT apuesta, una vez más como en anteriores informes, por el impulso de la demanda agregada y la inversión empresarial, y la reorientación de los sistemas crediticios para apoyar la economía real y con especial atención a las pequeñas empresas, junto con políticas del mercado de trabajo y fiscales bien diseñadas. Igualmente, “también hay que afrontar las persistentes vulnerabilidades sociales vinculadas a la frágil recuperación laboral, principalmente el elevado desempleo de los jóvenes, el desempleo de larga duración y el abandono del mercado de trabajo, sobre todo entre las mujeres. Para ello es preciso emprender reformas del mercado de trabajo inclusivas con objeto de apoyar la participación, promover la calidad del empleo y actualizar las calificaciones”.  

B) El Informe de 2016 pone de manifiesto el impacto que ha  tenido el debilitamiento de la economía en el aumento del desempleo a escala mundial, situando su  origen en factores que no son en modo alguno actuales sino que vienen de lejos, como el descenso de la inversión de capital a largo plazo, el envejecimiento demográfico, la creciente desigualdad y el debilitamiento de la productividad”, de tal manera que en 2015 el número de personas desempleadas alcanzó los 197 millones, dado que implica no sólo el crecimiento en un millón del número de desempleados con respecto a 2014, sino también, y mucho más relevante, de veintisiete millones con respecto a los años anteriores al inicio de la crisis, crecimiento que se ha concentrado en gran medida en los países emergentes y en desarrollo, a diferencia de los avances operados en Estados Unidos y Europa, si bien el Informe no olvida recordar que el sur de Europa, y por tanto en España, “… a pesar de ciertas mejoras, las tasa de desempleo han seguido altas”. Las perspectivas laborales no son precisamente halagüeñas de cara al futuro, antes las cada vez más importantes incertidumbres económicas, y se vaticina un crecimiento del desempleo en 2,3 millones este año y 1,1  más en 2017.

3. Justamente uno de los elementos citados, el factor demográfico, será objeto de especial atención en el Primer Congreso de la Red CIELO, que tendrá lugar en la ciudad portuguesa de Oporto los días 30 de septiembre y 1 de octubre de este año, y en especial los retos que plantea para el Derecho del Trabajo, la Seguridad Social y para los modelos organizativos de empresa. Entre las propuestas formuladas por la organización del Congreso para las personas interesada en presentar ponencias se encuentran, por ejemplo, el impacto de los cambios demográficos en las dinámicas del mercado de trabajo y en las políticas para el empleo, y el efecto de tales cambios en los modelos organizativos de empresas, “especialmente en el diálogo intergeneracional, el envejecimiento activo, el trabajo sostenible, la gestión de la diversidad, el aumento de la calidad en el trabajo o, en fin, en la prevención de riesgos laborales y la conciliación”. También otro factor al que se presta especial atención en los documentos de las organizaciones internacionales, el cambio climático y el medio ambiente, tendrá un papel relevante en el primer congreso de CIELO, con el abordaje de su impacto sobre las nuevas formas empleo, la llamada “economía verde”, y sobre las características de los empleos, las cualificaciones del personal y sobre las condiciones de trabajo (piénsese, a título de ejemplo, cómo afectan los desastres, tanto naturales, como provocados por los seres humanos, sobre la económica de las regiones afectadas y sobre la vida laboral de las personas que pueden perder sus empleos).

4. No sólo preocupa el desempleo a la OIT, sino que también es motivo de atención la fragilidad o vulnerabilidad del empleo que se crea, y por consiguiente la calidad del trabajo debe ponerse en el punto de mira de las políticas de empleo. Aquí no incluye la OIT todos los supuestos en los que puede observarse tal fragilidad (estoy pensando en el trabajo temporal permanente, o en el trabajo a tiempo parcial involuntario ante la falta de posibilidades de acceder a un empleo a tiempo completo, aunque sí los califica de subempleo y con especial impacto entre los jóvenes y las mujeres), sino que se refiere al trabajo por cuenta propia (en bastantes ocasiones, además, una versión jurídica del falso autónomo, ya que sus condiciones laborales le acercan en gran medida a un trabajador por cuenta ajena) y al trabajo familiar no remunerado, constatando  que, a pesar de haberse producido una ligera disminución desde el inicio de la crisis, todavía supone el 46 % del empleo total en el mundo, o lo que es lo mismo más de 1.500 millones de personas, con porcentajes que alcanzan el 70 % en el Sur de Asia y en el África Subsahariana.

Otros datos no menos destacados del Informe, y ya se había alertado de ellos en años anteriores sin haber recibido respuesta alguna por la mayor parte de dirigentes de los países a los que iba dirigido, es la constatación de un crecimiento más lento y por consiguiente, en cuanto que dicho crecimiento va de la mano con un aumento de las desigualdades sociales, la menor posibilidad de acceso al nivel de vida de la clase media en buena parte de los países emergentes y en desarrollo, circunstancia que “puede alimentar el malestar social”. Además, también en los países desarrollados se constata por el Informe que la alta tasa de desempleo entre los hombres jóvenes “es, a menudo, un factor determinante, en los movimientos políticos y sociales”.
Por cierto, también se observa este malestar en los países desarrollados, y los datos reunidos por la OIT ponen de manifiesto que hay motivo más que justificado para ello, ante el importante aumento de la desigualdad de ingresos, de tal manera que “mientras que los ingresos más altos continúan creciendo, el 40 por ciento más pobre de los hogares se ha ido quedando atrás desde el inicio de la crisis mundial”.

Conviene retener en este punto, por su importancia, los datos recogidos en el Informe de OxfamIntermon “Una economía al servicio del 1 %”, presentado en la cumbre de Davos celebrada el pasado mes de enero: “El aumento descontrolado de la desigualdad ha creado un mundo en el que tan sólo 62 personas poseen tanta riqueza como 3.600 millones de personas, la mitad de la población mundial… Desde 2010, los ingresos de la mitad más pobre de la población se han reducido en un billón de dólares, lo que supone una caída del 38%. Mientras, la riqueza de las 62 personas más ricas del planeta ha aumentado en más de 500.000 millones de dólares”. No menos impactantes son los datos sobre España: “… el 1%  de la población concentra más riqueza que el 80% más pobre. En 2015, mientras el patrimonio de las 20 personas más ricas del país se incrementó un 15%, la riqueza del 99% restante de la población cayó un 15%. Los presidentes de las empresas del IBEX35 cobran ya 158 veces más que el salario de un trabajador medio. El incremento de la desigualdad en nuestro país se debe principalmente a la combinación de una enorme brecha salarial con una un sistema fiscal regresivo que grava poco a los que más tienen.  Los presidentes de las empresas del IBEX35 cobran 158 veces más que un trabajador medio”.

En fin, volviendo al Informe de la OIT se constata que el número de trabajadores en situación de pobreza moderada o casi moderada se ha incrementado desde el año 2000 (entendiendo por tal situación quienes viven con un ingreso entre 1,90 y 5 $ diarios en términos de paridad de poder adquisitivo), dato que pone claramente de manifiesto el deterioro de la remuneración de muchas personas trabajadoras. En este punto, es necesario resaltar que la calidad de empleo, junto con la cantidad, debe ser un elemento importante de atención para la mayor parte de países, y no menos el desarrollo de un sistema de protección social adecuado que cubra las necesidades de las personas afectadas por situaciones de pérdida de empleo y de carencia de recursos. Por decirlo con las propias palabras del documento, “hacer del trabajo decente un pilar central de la estrategia política no sólo aliviaría la crisis del empleo y mejoraría las diferencias sociales, sino que también contribuiría a poner al mundo económico en una senda de crecimiento económico mejor y más sostenible”. Recuérdese aquí el dato recogido en el Informe de 2015 sobre la falta de protección social de muchos trabajadores en el mundo: solo el 5 % de los trabajadores vulnerables tienen acceso a ellos, y el 40 % de los trabajadores asalariados no están protegidos.

5. Y en esta compleja realidad económica y social, ¿qué hay que decir sobre la migración y su impacto en los mercados de trabajo de los países de acogida, y más en estos momentos en los que, en concreto en la Unión Europea, hay un intenso debate sobre cómo afectara la mayor presencia de refugiados?. Sobre esta cuestión no sólo se debate en la OIT, y en el seno de la UE, sino que también se ha prestado especial atención en la reunión de Davos, con la presentación de dos documentos en los que se ha analizado su importancia y que han sido muy bien resumidos por el director de la Catedra de Inmigración, Derechos y Ciudadaníade la Universidad de Girona, el profesor Ferran Camas, en su blog, y tal como explica en uno de ellos, relativo a qué debe hacer Europa en el bienio 2016-2017, se señala que los países de la UE “deben ser más dinámicos en el proceso de verificación y aprobación de las calificaciones de los inmigrantes. Sin embargo, si bien sólo una limitada parte de este último flujo de personas puede tener calificaciones transferibles, el mayor reto es el aprendizaje de la lengua, la educación profesional y los programas para la integración de los recién llegados en el mercado de trabajo. Sin embargo, también se expresa las dificultades que pueden encontrar estas políticas frente al aumento de partidos populistas y de extrema derecha en Europa y el aumento de sentimientos anti-migratorios, particularmente en Francia, España, Italia y Reino Unido”. 
Pues bien, el planteamiento de la OIT destaca que la migración “es un mecanismo importante para equilibrar la oferta y demanda de trabajo entre los países”, y que el flujo de refugiados llegado a Europa hace del todo punto necesario “facilitar su entrada en el mercado de trabajo lo más rápida y eficazmente posible”, enfatizando algo que también ha sido destacado desde ámbitos económicos pero que cuesta mucho más de asumir por buena parte de la población, cual es que “a largo plazo, la afluencia de migrantes ayudará a suplir la escasez de habilidades en ciertas áreas, así como a mitigar los riesgos asociados con el estancamiento secular”.

Además, conviene poner de manifiesto algo en lo que repara con especial atención el Informe de la Comisión Europea, esto es que la población extranjera no supone una carga para los sistemas de protección social en los países de acogida, ya que en general reciben menos prestaciones que los nativos por su más estrecha vinculación con el mercado de trabajo, aun cuando no descarta que una presión pueda producirse en algunos casos a escala local, ante unos servicios públicos no bien preparados para atender las necesidades de una cada vez mayor población.

Para concluir, dicho sea incidentalmente, sobre la crisis de los refugiados, pero vista ahora desde la perspectiva que debería jugar, y no juega, Estados Unidos en apoyo de la UE, es muy recomendable la lectura del reciente artículo de Michael Ignatieff, “EstadosUnidos es un espectador de la crisis de los refugiados”, en el que afirma que El desentendimiento estadounidense ante esta crisis es una asombrosa decepción para los europeos que recuerdan un tiempo, tan reciente como 1995, en que el liderazgo estadounidense puso fin a la guerra de Bosnia. Los europeos ven a un gobierno que pivota hacia Asia y no pueden entender cómo se ha olvidado de que Europa sigue siendo un socio comercial vital y su más importante aliado estratégico”.

Buena lectura del Informe de la OIT.