martes, 24 de noviembre de 2015

La política migratoria de la Unión Europea y la crisis de los refugiados. Las decisiones políticas, las normas y las medidas concretas adoptadas en 2015 (I).



Introducción

1. La política migratoria de la Unión Europea ha de prestar especial atención a la problemática de los refugiados, y así lo está haciendo (con qué resultados es ya otra cuestión) desde la aprobación de la agenda europea de migración en mayo de este año hasta las últimas decisiones adoptadas teniendo en consideración el drama de los atentados terroristas de París el 13 de noviembre y que a buen seguro, no soy pitonisa pero es fácil prever que irá por este camino, supondrán un importante endurecimiento de las políticas de seguridad y restricciones a los acceso a territorio europeo, así como también a los desplazamientos en su interior incluso para aquellos ciudadanos que gozan del derecho a la libre circulación.

¿Debería ser necesariamente así? Convendría no olvidar, aunque estos últimos días, el drama de los refugiados haya quedado ocultado bajo la conmoción experimentada por la ciudadanía por los atentados terroristas de París, que dicha realidad existe y seguirá existiendo mientras no se alcancen acuerdos políticos que sienten las bases  para la estabilidad económica y social de los territorios (en especial Siria en estos momentos) de los que provienen gran parte de las personas que desean acceder a Europa. Por ello, conviene prestar atención, y que no caigan en saco roto, las propuestasformuladas por organizaciones sociales como CEAR e Intermon Oxfam, y prestar especial atención a la realidad de esos flujos desde territorio africano, tal como ha hecho recientemente un exhaustivo informe de Amnistía Internacional. Por esta razón me ha parecido necesario, al mismo tiempo que oportuno, prestar atención a estos documentos que contienen propuestas de actuación para corregir el dramatismo de una situación que, más o menos silenciosamente está cobrándose miles de vidas, la mayor parte de ellas en el mar.

2. Porque los muros sólo retrasan la resolución de los problemas pero no los resuelven ni muchos menos. Decía lo siguiente el Papa Francisco el pasado 28 de septiembre, en su viaje de regreso a Roma tras su estancia en Estados Unidos, ante la pregunta de un periodista: "Y usted me pregunta sobre las barreras. Usted sabe cómo terminan los muros… Todos, todos los muros caen, hoy, mañana, o dentro de 100 años, pero todos caen. No es una solución. El muro no es una solución. En este momento, Europa está en dificultades, es verdad… Debemos ser inteligentes porque viene toda aquella ola migratoria y no es fácil encontrar soluciones", abogando por la vía del diálogo para poder superar la que ha considerado una crisis "nunca vista desde la Segunda Guerra Mundial".

3. La afirmación del Papa Francisco sobre la gravedad de la situación es confirmada por los datos aportados en un informe elaborado por la Confederación SindicalInternacional para la reunión del G20 en Turquía celebrada la pasada semana. Casi con la mismas palabras utilizadas por el Papa, el informe constata que el mundo “se enfrenta a la crisis de refugiados más grave que se ha experimentado desde la segunda guerra mundial”, y que el 86 % de las personas desplazadas, sea interna o externamente, “provienen de países en desarrollo”, así como también que los acontecimiento de llegada masiva de refugiados a las costas europeas han abierto los ojos de sus gobiernos, así como también a los de América y Asia, a la crisis, criticando después que “no todo han asumido la responsabilidad de acoger a los refugiados que huyen de la guerra , el terror y la pobreza”. Desde su atalaya privilegiada a escala mundial de la realidad económica y social, con especial atención al mundo del trabajo, la CSI pidió a los gobiernos del G20 que incrementaran los fondos económicos para satisfacer las necesidades de las personas refugiadas, que se ponga en marcha una estrategia común de reasentamiento para personas que se ven obligadas a huir a países  vecinos, y que el reconocimiento del derecho de asilo para todas las personas necesitadas de especial protección con arreglo a los convenios y tratados internacionales “debe incluir que se les brinde el derecho al trabajo en la economía formal y que se les concedan plenos derechos sociales, políticos y culturales, además de ofrecerles la ayuda financiera necesaria para cumplir con estos compromisos”.

Los datos recogidos en el Informe, y basados en las informaciones disponibles de la Organización Internacional para las migraciones (OIM) son suficientemente expresivos de la importancia y gravedad de la situación: por una parte, entre enero y agosto de este año ha cruzado las fronteras de la UE 350.000 personas entre migrantes y refugiados, que cifras más recientes elevan a 500.000 (con la dificultad añadida, señalo por mi parte, de efectuar esta diferenciación para muchas personas), mientras que en todo 2014 el número se “quedó” en 280.000. Por otra, y con atención al grueso de refugiados sin duda más importante en estos momentos, los ciudadanos sirios que huyen de la guerra en su país, más de diez millones han sido expulsado de sus hogares desde que empezó el conflicto bélico en 2011, albergando Turquía, por cierto el país que recibe el mayor número de refugiados del mundo y seguida de Irán y Pakistán, a 1,9 millón de refugiados sirios.  El documento pone de manifiesto, aunque está por ver si podrá mantener su tesis en los meses venideros ante el progresivo repliegue del gobierno alemán y también del sueco, que Alemania y Suecia “destacan por su apoyo humanitario”, y que por el contrario, a lo largo de Europa, e incluso de otros continentes, se constata “la ausencia de generosidad para incrementar la admisión de personas migrantes, pese a que se ha demostrado desde el punto de vista económico que, con el tiempo, el asilo no supone un coste adicional y que la migración laboral representa un beneficio neto”.

4. No, los muros no son la solución, y en muchas ocasiones agravan los problemas y el sufrimiento de muchas personas necesitadas de protección. Tal es la tajante conclusión del reciente estudio elaborado por Amnistía Internacional y que lleva por título “Miedos y vallas. Los planteamientos de Europa para contener a las personas refugiadas”, Nuevamente, y no creo que todos los informes examinados se hayan puesto de acuerdo para realizar la misma afirmación sino que es producto de una realidad palpable, AI constata que el mundo “atraviesa su peor crisis de refugiados desde la segunda guerra mundial”, y que cerca de sesenta millones de personas se encuentran desplazadas de sus territorios de residencia originaria, la gran mayoría de ellos, el 86 %, acogidos en países en desarrollo, criticando con gran dureza la política de la UE (creo que sería más correcto referirse, al menos hasta el momento, a algunos gobiernos de Estados miembros) porque en lugar de acoger y recibir con dignidad un pequeño porcentaje de ese flujo de refugiados, si tomamos los datos a escala mundial, han adoptado medidas para intentar evitar su entrada en la “Europa rica”, y lo han hecho “levantando vallas en las fronteras, desplegando cada vez más guardias de fronteras, invirtiendo en tecnologías de vigilancia e intentando que los países vecinos que ya acogen un gran número de refugiados actúen de guardabarreras”.

Los cierres de vías regulares de entrada obligan a las personas que buscan refugio en Europa a buscar otras vías de acceso más peligrosas, y dado que el 90 % de los refugiados llegan, o intentan llegar, vía marítima, no es de extrañar lamentablemente el elevado número de vidas humanas que se pierden en el agua. Es difícil pensar, por mucho que algunos gobiernos se empeñen en ello, que personas que viven afectadas por situaciones de guerra y pobreza no busquen salida a esa situación, y esta puede ser embarcarse, y nunca mejor utilizada esta palabra, en un viaje incierto hacia Europa, hacia el territorio “rico” en su imaginario y desde luego, al menos hasta el presente, mucho más que de donde provienen. El detallado estudio realizado por AI desde 2013 sobre las principales rutas utilizadas por los refugiados para llegar a la UE demuestra que “los intentos de impedir la llegada de inmigrantes irregulares a los países de la UE sólo sirven para obligar a los refugiados a tomar rutas más clandestinas y, por tanto, en su mayoría más peligrosa”, para lo que dependen cada vez más de los traficantes-delincuentes de personas, llamando acertadamente la atención AI sobre el hecho de que las sumas, muy importantes, de dinero pagado a los traficantes “podrían haberse destinado a su integración tras su llegada a Europa”.

5. Hay que buscar, pues, soluciones para encarar la situación actual que contengan medidas no solo de seguridad que en la mayor parte de las ocasiones sólo retardan, cuando no impiden, la búsqueda de otras respuestas más adecuadas, y plantear alternativas con contenidos políticos, económicos y sociales. En esa línea avanza la propuesta presentada por CEAR e Intermon Oxfam el pasado 17 de noviembre y cuya lectura íntegra recomiendo encarecidamente a todas las personas interesadas.

Comparto sus planteamientos y me quedo en especial, haciéndolas también mías, tres propuestas: la primera, relativa a las acciones a abordar en los países de origen, y que ciertamente no va precisamente en la línea de las últimas propuesta de la Comisión Europea, “no condicionar la ayuda al desarrollo a inversiones en materia de seguridad o control migratorio en los mismos países africanos”; la segunda, referida a los países en tránsito, “asegurar que se habiliten vías legales y seguras para que las personas necesitadas de protección internacional puedan solicitar asilo en terceros países y no se vean obligadas a arriesgar sus vidas y enriquecer a las mafias”, así como “establecer un plan de reasentamiento permanente a nivel europeo (aquí sí que hay puntos de convergencia con las actuales propuestas comunitarias); por último, y referido a las acciones en países de llegada, como puede ser España, “asegurar la dotación de medios adecuados y la puesta en marcha de un plan efectivo para que las personas refugiadas que España se ha comprometido a acoger tengan una reubicación digna”. 

Porque, no nos olvidemos, los migrantes (regulares, irregulares, indocumentados…) y los refugiados son ante todo personas, y toda persona tiene una serie de derechos reconocidos en la Declaración Universal de Derechos Humanos que ningún Estado debe dejar de reconocer.  

I. La inmigración en el programa de trabajo de la Comisión Europea para 2015.

Me detengo a continuación en aquello ya conocido y parcialmente actuado, es decir en el programa de trabajo de la Comisión para 2015, al objeto de efectuar mi análisis del mismo.

1. La Comisión Europea publicó el 16 de diciembre de 2014 su programa de trabajo para 2015, con un título, “Un nuevo comienzo”, indudablemente vinculado al hecho de la formación de la nueva dirección de la UE y el inicio de su mandato a partir del 1 de noviembre bajo la dirección de Jean-Claude Junker. El programa de trabajo va acompañado de cuatro anexos. En el primero se explican las medidas concretas para aplicar las diez prioridades de las orientaciones políticas de la nueva Comisión para dar “un nuevo impulso a la creación de empleo, al crecimiento y a la inversión, incluida la continuación del plan de inversiones”. En el anexo II se relacionan las iniciativas aún en fase de tramitación que se propone retirar por considerar que ya han perdido interés (una de las prioridades de la nueva Comisión es “la reducción de la carga normativa”, recordando que la Comisión ha “heredado” 452 propuestas), en el anexo III se relaciona la lista de normas que serán objeto de evaluación como posible paso previo a la revisión, mientras que el último anexo incluye la relación de los actos legislativos que entrarán en vigor en 2015, al objeto, se afirma por la Comisión, de “mejorar la visibilidad de los próximos cambios para los ciudadanos y las empresas”.
2. Con respecto a la nueva política migratoria, o quizás sea mejor decir la política migratoria de la nueva Comisión (no es un juego de palabras sino una manifestación de que no parecen observarse grandes cambios en el horizonte con respecto a la política vigente), y anunciando ya que volveré sobre la misma más adelante para tratar de forma específica la crisis de los refugiados, cabe decir lo siguiente:

Durante la campaña electoral al Parlamento Europeo, el entonces candidato Jean Claude Junker defendió la construcción de una política europea de inmigración basada en cinco pilares:  la implementación “sin demora” del sistema europeo común de asilo aprobado en junio de 2013; la intensificación de la asistencia práctica proporcionada por la Oficina de Apoyo al Asilo Europeo, “cuya misión es apoyar a los Estados miembros en virtud de la presión especial”; en tercer lugar, y con un pragmatismo ciertamente descarnado que combinaba, a mi parecer, deseos y realidades, proponía la intensificación de la cooperación con terceros países y ponía el acento en los del norte de África, afirmando que” para hacer frente al reto de la inmigración, es ingenuo que Europa sea sólo abierta y hospitalaria. Incluso Europa, como el continente más rico del mundo, no será capaz de dar cabida a la angustia y el dolor de todo el mundo. No sólo debemos lidiar con los síntomas, tenemos que ir a la raíz del problema y ayudar a lograr un cambio en los países de origen”. En cuarto lugar, una apuesta clara por potenciar la inmigración legal o regular, justamente para desincentivar la que se lleva a cabo de forma ilegal o irregular, pero no sólo por seguridad de los migrantes sino también por razones de índole económica en beneficio de la UE, debido al proceso de envejecimiento de la población europea, enfatizando que “a partir de 2015,  la disminución demográfica de la UE significará dos cosas: uno, que tendremos que sustituir a los pensionistas en el mercado de trabajo; y dos, que necesitaremos cubrir nuevos puestos de trabajo para servir a un número cada vez mayor de pensionistas, en particular en el sector de la atención. Por lo tanto, necesitamos desarrollar una política de inmigración legal común para satisfacer la creciente demanda de habilidades y talentos”, y manifestando su deseo de que Europa “sea, al menos, tan atractiva como los destinos preferidos por los inmigrantes: Australia, Canadá y EE.UU” (es decir, tomen nota, inmigración cualificada). En quinto y último lugar, las propuestas del entonces candidato no olvidaban en modo alguno las políticas de seguridad de la “fortaleza Europa”, con propuestas de incremento de las capacidades operativas de Frontex y aplicación de la normas contra traficantes de personas, ya que “esos delincuentes que explotan el dolor y las necesidades de las personas en peligro o perseguidas, tienen que saber que Europa está en guardia y los llevará ante la justicia”.

Poco después de celebradas las elecciones, el ya candidato a la presidencia presentó ante el Parlamento Europeo, que le daría su aprobación, las “Orientaciones políticas” en caso de ser elegido, como así fue Presidente de la Comisión. La número ocho llevaba por título “Hacia una nueva política sobre migración”, en donde reiteró sustancialmente sus propuestas de la etapa electoral, no sin olvidar mencionar los dramas humanos vividos periódicamente en las aguas del Mediterráneo para enfatizar la importancia de gestionar mejor la  política de inmigración, al objeto de que no vuelvan a sucederse “situaciones como la de Lampedusa”.  Resalto que el candidato insistió en su deseo de impulsar una nueva política europea en materia de migración legal “que pueda ayudarnos a corregir la escasez de cualificaciones específicas y atraer talento para afrontar mejor los retos demográficos de la Unión Europea”, y anunció ya que “empezaré por revisar la legislación sobre la «Tarjeta Azul» y la insatisfactoria situación de su aplicación”.

En el programa de trabajo de la Comisión sólo hay ocho líneas dedicadas a la “nueva política migratoria”, en las que se anuncia que se está trabajando en la elaboración de “una agenda europea de inmigración” que recogerá todas las orientaciones y propuestas explicadas con anterioridad, con potenciación de la inmigración cualificada y una lucha más intensa contra la inmigración irregular, que pasará por una mejor coordinación de la política migratoria y de la política exterior de la UE, con la cooperación con los Estados de  origen y en el marco de una política europea, entre los Estados miembros, de “responsabilidad y solidaridad” (la distribución de los solicitantes de asilo viene inmediatamente a la cabeza). Esperaremos, pues, a la aprobación de la nueva agenda para examinar esa llamada “nueva política migratoria”.

II: La nueva Agenda Europea de migración para el período 2015-2020.  

1. La Comisión Europea presentó el 13 de mayo su esperada Comunicación sobre la agenda europeade migración para los próximos años. La AEM encuentra un punto indudable de referencia histórico en  las conclusiones del Consejo Europeo celebrado los días 26 y 27 de junio de 2014, donde se apuntaron las bases del nuevo programa o agenda en materia de inmigración a partir de 2015. La apuesta por políticas que refuercen las migraciones legales, con una estrecha implicación del mundo empresarial y sindical, y que potencien políticas de integración que fomenten la cohesión social y el dinamismo económico están en la base del programa del próximo quinquenio, llamando el Consejo una vez más a que las medidas que se adopten tengan en consideración y se guíen por los principios de solidaridad y distribución equitativa de la responsabilidad recogidos en el art. 80 del TFUE  (“Las políticas de la Unión mencionadas en el presente capítulo y su ejecución se regirán por el principio de solidaridad y de reparto equitativo de la responsabilidad entre los Estados miembros, también en el aspecto financiero. Cada vez que sea necesario, los actos de la Unión adoptados en virtud del presente capítulo contendrán medidas apropiadas para la aplicación de este principio”). En fin, una de las prioridades que se acuerda establecer para los próximos cinco años en la UE es la de “mejorar de la gestión de la migración en todos sus aspectos”. En las conclusiones sólo hay una mención genérica a la potenciación de la inmigración cualificada, en cuanto que las políticas comunitaria deberían mejorar la gestión de la inmigración “abordando las carencias de competencias específicas y atrayendo talento”, pero sí que hay varias referencias a políticas que apuestan sustancialmente por “más seguridad”, pues no de otra manera creo que deben entenderse las siguientes propuestas: mejora de la gestión de la inmigración “abordando con mayor determinación la migración irregular, también mediante la mejora de la cooperación con terceros países, por ejemplo en materia de readmisión; protegiendo a aquellos que lo necesitan mediante una firme política de asilo; reforzando y modernizando la gestión de las fronteras exteriores de la Unión”. 

La presentaciónde la AEM estuvo a cargo de dos vicepresidentes de la CE, Frans Timmermans y Federica Mogherini, y del Comisario responsable de migración, asuntos de interior y ciudadanía, Dimitris Avramopoulos. La nueva AEM fue presentada oficialmente como un documento que esboza “tanto las medidas inmediatas que se adoptarán a fin de responder a la situación de crisis que existe en el Mediterráneo como los diversos pasos que deben darse en los próximos años para gestionar mejor la migración en todos sus aspectos”. F. Timmermans insistió en la tesis de la  responsabilidad compartida de todos los Estados “para poner a punto una política de migración efectiva”. Por su parte, F. Mogherini puso el acento en que estamos delante ante una realidad que no afecta sólo a la UE sino que tiene un alcance mundial, y que adoptar decisiones como las propuestas en la AEM no debe dejar lado el reconocimiento de que “una respuesta real y a largo plazo sólo será posible si se solucionan las causas profundas”, con expresa mención a la crisis humanitaria provocada por guerras como las de Siria y Libia. Ya había avanzado estas tesis en su intervención el día 11 de mayo ante el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

En fin, el comisario responsable de inmigración, recalcó la importancia de adoptar medidas que frenen la actuación de quienes se aprovechan de las situaciones de necesidad de los migrantes, y de poner en marcha “un enfoque global que mejorará considerablemente la gestión de la migración en Europea”. El propio comisario Avramopoulos escribió el día 14 de mayo un artículo en el diario El Mundo en el que calificaba las medidas adoptadas en la AEM de “realistas y audaces”, en cuanto que “contempla acciones que ofrecen respuestas rápidas a la situación de emergencia en el Mediterráneo y en otras zonas de nuestras fronteras exteriores que están bajo presión. Presenta medidas estructurales para que el sistema actual desarrolle todo su potencial, y ofrece la posibilidad de una mayor integración de las políticas migratorias a escala de la UE”. Conviene recordar que en su comparecencia en el Parlamento europeo el 30 de septiembre de 2014 para presentar sus líneas de actuación, el comisario europeo había ya señalado cuáles serían las tres líneas de trabajo durante la legislatura: en primer lugar, “hacer frente de una manera eficaz a la presión inmigratoria en nuestras fronteras”, con la posible creación de un sistema europeo de guardia de fronteras; en segundo término, la mejora de los canales de acceso de los migrantes, “atrayendo a trabajadores altamente cualificados y talentos específicos al mercado de trabajo europeo”; por fin, permitir que las personas viajen sin controles en las fronteras interiores”.

2. El documento comunitario no sólo aborda, ni mucho menos, la política de inmigración en sentido estricto y relacionado con el acceso regular y ordenado a los Estados miembros y a sus mercados de trabajo, sino que dedica especial atención a la política de asilo y a la posible redistribución de los refugiados entre todos los Estados miembros, desde la constatación de que la política migratoria ha de basarse a escala europea en los principios de solidaridad y de responsabilidad compartida. Es decir, por una parte, se trata de conjugar las necesidades propias de cada Estado, que en virtud de lo dispuesto en el TFUE tiene la decisión final sobre el número de migrantes por razones económicas que desea admitir en su territorio, con las necesidades colectivas de la economía de la UE; por otra, se trata de dar una respuesta adecuada a escala europea frente a la llegada masiva de refugiados,  “con un mecanismo de distribución dentro de la UE de los demandantes de asilo (reubicación), trayendo un mayor número de refugiados desde terceros países (reasentamiento) de forma legal y segura a la UE, y usando las herramientas operativas y financieras de la UE para ayudar a los Estados miembros situados en primera línea”.

Sus cuatro pilares, según la Comunicación y la información facilitada por la propia CE, en la que se detalla la financiación prevista para cada uno de ellos, son los siguientes:

A) En primer lugar, reducir los incentivos para la migración irregular, mediante un plan de acción dirigido esencialmente contra los traficantes de personas, de tal manera que se pongan en práctica acciones con medidas “encaminadas a transformar el tráfico de personas en una actividad delictiva de alto riesgo y bajo rendimiento", y ello unido estrechamente al abordaje de las causas profundas de la migración irregular “mediante la cooperación al desarrollo y la ayuda humanitaria”;

B) En segundo lugar, una gestión de las fronteras que permita tanto salvar las vidas de los migrantes como asegurar las fronteras exteriores de la UE (me pregunto si es una forma más edulcorada de referirse a la “Europa fortaleza”), y a tal efecto la CE propone reforzar Frontex, reforzar la capacidad de los terceros países (aquellos de donde proviene gran parte de la inmigración irregular) para gestionar sus fronteras, y “poniendo más en común, cuando proceda, determinadas  funciones de vigilancia costera a escala de la UE”.

C) En tercer lugar, se plantea la mejora del sistema europeo de asilo, “en particular promoviendo la detección sistemática y la toma de huellas dactilares y haciendo esfuerzos para reducir los abusos que se hacen de él mediante el refuerzo de las disposiciones relativas al país de origen seguro de la Directiva relativa a los procedimientos de asilo”. Para justificar estas medidas, se afirma por la CE que demasiadas solicitudes presentadas carecen de fundamento, ya que  “en 2014 el 55 % de las solicitudes de asilo obtuvieron una respuesta negativa…. lo que dificulta la capacidad de los Estados miembros para dar una rápida protección a los que la necesitan”.

Para hacer frente a la situación en el Mediterráneo, la Comisión ya anunciaba en la Comunicación que  propondría, a finales de mayo, la puesta en marcha del mecanismo de respuesta de emergencia previsto en el artículo 78.3 del TFUE (“Si uno o varios Estados miembros se enfrentan a una situación de emergencia caracterizada por la afluencia repentina de nacionales de terceros países, el Consejo podrá adoptar, a propuesta de la Comisión, medidas provisionales en beneficio de los Estados miembros afectados. El Consejo se pronunciará previa consulta al Parlamento Europeo”), de tal manera que “La propuesta incluirá un mecanismo de reubicación temporal para los demandantes de asilo que claramente necesiten protección internacional, con el fin de garantizar que todos los Estados miembros participen de forma equilibrada y equitativa en este esfuerzo común. El Estado miembro de llegada será responsable del examen de la solicitud de asilo, de conformidad con las normas establecidas de la UE. La Comisión definirá un cálculo de redistribución basado en criterios tales como PIB, población, tasa de desempleo y número de demandantes de asilo y refugiados reasentados con anterioridad (vid  Anexo de la Comunicación).

Igualmente, se anunciaba ya que la CE plantearía la puesta en marcha de un sistema permanente para compartir la responsabilidad entre los Estados miembros frente al elevado número de refugiados y demandantes de asilo, y “presentará una propuesta legislativa a finales de 2015 para permitir, cuando se produzca una llegada masiva, un sistema obligatorio y automáticamente activado de reubicación para distribuir a las personas que claramente necesiten protección internacional dentro de la UE. El sistema tendrá en cuenta los esfuerzos ya realizados de forma voluntaria por los Estados miembros” (Vid. Anexo de la Comunicación)

D) Por fin, en cuarto lugar, se apuesta (aunque creo que este planteamiento ya estaba presente en buena parte de los documentos europeos sobre inmigración desde la puesta en marcha del programa de Estocolmo en 2010), por lo que se califica de “nueva política europea en materia de inmigración legal”, que ha de tomar en consideración la necesidad de atraer inmigrantes cualificados hacia Europa, con modificaciones en la normativa de la tarjeta azul que así lo permita, para corregir los déficits demográficos consecuencia del proceso de envejecimiento de su población, adoptar medidas éticas que impidan que los países de donde provienen mayoritariamente los migrantes queden desprovistos de una mano de obra cualificada en sectores de especial atención y necesidad para las personas (el sanitario es el más significativo), y aprovechar los beneficios de  la migración para las personas y los países de origen, “facilitando por ejemplo, transferencias de fondos más baratas, rápidas y seguras”.  En el ámbito laboral, la CE se propone reforzar la aplicación y el cumplimiento de la Directiva que sanciona a los empleadores que den ocupación a los trabajadores en situación irregular, al mismo tiempo que se fortalecen y mejoran los canales de acceso regular al mercado de trabajo, pero, insisto, poniendo el acento en la incorporación de trabajadores cualificados.

En fin, plantea un interrogante la manifestación contenida en la Comunicación de que en el futuro, por tanto sin concretar fecha alguna, la CE quiere estudiar (es decir analizar la posibilidad de poner en práctica, pero no de hacerlo inmediatamente) la posibilidad de desarrollar (obsérvese la extremada prudencia con la que los redactores de la Comunicación se mueven) junto con los Estados miembros (que son, no se olvide, los que tienen la competencia exclusiva según el TFUE para fijar el número de entrada de inmigrantes económicos en su territorio) “un sistema de manifestación de interés donde los potenciales migrantes candidatos podrían entrar en contacto con empresarios interesados de toda la UE”. Parece una propuesta digna de estudio para canalizar ordenadamente la migración por motivos laborales, en el bien entendido que deberán funcionar muy eficazmente los canales de conocimiento de las ofertas y demandas de trabajo para que ello funcione bien (¿sistema EURES?, ¿nuevo sistema?).