domingo, 27 de mayo de 2012

El empleo, el desempleo y la crisis social. Las alertas de la OIT y de la OCDE. Análisis de sus documentos (y II)..


Entre las propuestas concretas, y recuérdese que se trata de un texto que debería poder aplicarse en razón de los condicionantes propios de cada uno de sus 184 miembros, se propone la mejora de los salarios mínimos, de tal manera que las instituciones del mercado laboral “deberían fortalecerse de manera que los salarios crezcan al mismo ritmo que la productividad”, la reanudación del acceso al crédito y la creación de un ambiente empresarial más favorable para las pequeñas empresas (que no pasa a mi parecer, aviso para navegantes, por un debilitamiento del estatus jurídico de los trabajadores de las mismas), un estímulo en las políticas de demanda agregada para los países emergentes y en desarrollo, y un énfasis especial en la protección de las personas desempleadas en los países desarrollados, con especial atención a los jóvenes, “a fin de garantizar que reciban el apoyo adecuado para encontrar nuevos empleos”. Una idea especialmente interesante y sugestiva es la de crear mecanismos que permitan identificar un “límite máximo de desempleo” que, en caso de ser superado, obligaría a la adopción de medidas correctoras por los poderes públicos, de la misma manera que se hace, y así se recuerda por la OIT, con los objetivos de inflación. Son propuestas, en definitiva, que tratan de dar respuestas a una situación socialmente degradada a escala mundial, ya que las tasas de empleo sólo se han incrementado en 6 de las 36 economías avanzadas desde 2007, mientras que aumentan las tasas de desempleo juvenil y de pobreza, tanto en los países desarrollados como en aquellos en vías de desarrollo.

3. La lectura del Informe sobre el trabajo en el mundo debe completarse con el documentopreparado junto con la OCDE para la reunión de Ministros de Trabajo y Empleodel G-20, un texto que tiene el especial interés de utilizar datos muy puestos al día, ya que la documentación estadística utilizada llega hasta el pasado 9 de mayo. El texto se refiere al también reciente Informe del FMI sobre las perspectivas de la economía mundial, presentado en abril, y destaca que los datos disponibles apuntan a “una frágil recuperación”, aunque en la eurozona el pronóstico a corto plazo “no deja de ser poco alentador”. Si la recuperación no avanza con mayor rapidez de la previsible según los datos ahora disponibles, no podrá corregirse el déficit de empleo en el G-20  “que afecta aproximadamente a 21,3 millones de personas y que lleva acumulándose desde el comienzo de la crisis financiera mundial en 2008” (la mitad concentrada en un solo país, Estados Unidos).

La OIT y la OCDE muestran su preocupación en especial por el incremento del desempleo juvenil y de larga duración, así como también por el impacto negativo de la crisis del empleo en las demandas de los consumidores y en el comportamiento de los hogares, “lo que supone una presión adicional para la recuperación”. Con respecto a los cambios estructurales en el empleo, el documento destaca el impacto muy negativo de la crisis en el sector de la construcción, las “enormes” pérdidas de empleo en las economías más avanzadas en el sector manufacturero y el crecimiento del empleo en los servicios públicos, mientras que por el contrario en los países de economías emergentes sí se ha producido incremento en aquel sector (¿el juego de la deslocalización, acompañado de crecimiento?) y también en los servicios de mercado. Con estos datos en la mano, el texto alerta lógicamente, y con acierto a mi parecer, de la importancia de tener en consideración, en todas las políticas que concentren su atención en el mercado de trabajo, “sus implicaciones en materia de ajuste, con el fin de fomentar la readaptación profesional y  la movilidad de las personas”.

La OIT y la OCDE llaman la atención sobre la ineludible necesidad de adoptar medidas que permitan reducir el desempleo de larga duración, no sólo por el impacto positivo que ello tenga sobre las personas ocupadas, sino también para corregir los “efectos colaterales” que puede provocar y que los estudios realizados asocian a “un mayor riesgo de pobreza, problemas de salud y fracaso escolar para los hijos de los individuos afectados”; piden la adopción de medidas que permitan corregir la infrautilización de mano de obra que hoy existe en varios países (entre ellos España) y que se concreta en una utilización involuntaria de la prestación laboral a tiempo parcial; piden también un intenso crecimiento del empleo que permita tanto la incorporación de nuevas personas al mercado como la reducción del desempleo existentes.

En cuanto a los principales “desafíos estructurales” en los mercados de trabajo del G-20, para la OIT y la OCDE son claves un mejor aprovechamiento de los recursos laborales y un empleo de mayor calidad, sin olvidar que deben superarse en un contexto especialmente difícil. La integración de los jóvenes, mujeres y migrantes en los mercados  de trabajo, y la mejora de las condiciones de cualificación para los trabajadores con poco bagaje profesional son objetivos que deben mantenerse como prioritarios en las economías avanzadas, como también posibilitar una mayor permanencia de la población trabajadora en el mercado de trabajo, para lograr que este sea más inclusivo y que se adapte a los intereses del mundo de las empresas y de los trabajadores. Con respecto a los jóvenes, y al igual que en documentos anteriores de las dos organizaciones, se insiste en la importancia de evitar el crecimiento de aquellos que ni trabajan ni siguen estudiando, ya que a medida que la situación se consolida “este subgrupo de jóvenes corre un riesgo particularmente alto de sufrir unos resultados poco satisfactorios en el mercado de trabajo”. La mejora de la calidad del empleo para lograr un trabajo decente, con atención especial al crecimiento del empleo formal en los países de economías emergentes y a la disminución de la inestabilidad/precariedad laboral en los países de economías avanzadas, es otro objetivo a conseguir, así como la puesta en marcha de una política salarial que corrija las cada vez más crecientes desigualdades salariales, unas desigualdades que no sólo responden, aunque sea relevante, a los cambios tecnológicos y a su impacto sobre las cualificaciones profesionales, sino también, y referido específicamente al ámbito laboral, “al debilitamiento de los sindicatos y la negociación colectiva”.

Por cierto, hay que subrayar también que esta semana se ha celebrado la reunión de Ministros delos Estados miembros de la OCDE, en la que se ha destacado la importancia de promover un  crecimiento inclusivo y crear empleos y luchar contra el desempleo juvenil mediante reformas estructurales, así como estudiar de qué manera pueden reducirse las desigualdades existentes. A dicha reunión el sindicalismo internacional ha presentado un documento de trabajo dirigido a los ministros en el que se pide la adopción de medidas que apuesten por un crecimiento duradero, la creación de empleo y la reducción de las desigualdades, criticando muy duramente la actuación de algunos gobiernos, con especial importancia en Europa, “para debilitar los mecanismos de negociación colectiva, disminuir los salarios mínimos y eliminar la protección del empleo”. De ahí que el TUAC exija el respeto de los derechos fundamentales en el trabajo y el apoyo a políticas que refuercen las instituciones del mercado de trabajo y la negociación colectiva “con el fin de reducir las desigualdades de rentas y de paralizar el incremento de los empleos precarios e informales”, así como también integrar la noción de “trabajo decente” en todas las estrategias de la OCDE.

La preocupación no sólo por el crecimiento del desempleo sino también, y muy especialmente, por el de las desigualdades sociales y su impacto sobre la población trabajadora también está presente en los documentos de la Confederación Europea de Sindicatos. En un reciente documento de su Instituto de Estudios (ETUI) se destaca que Europa va por el camino equivocado con sus políticas de austeridad y que es necesario adoptar medidas que reviertan la situación actual existente en muchos países y que contribuyen al incremento de las desigualdades: “los programas de austeridad que conllevan consecuencias regresivas, la inversión de la anterior tendencia a aumentar la convergencia entre los Estados miembros y las regiones, el incremento de la inseguridad del empleo, el deterioro de las condiciones laborales, la puesta en entredicho de los sistemas de negociación colectiva aunque dichos sistemas contribuyan a fomentar la igualdad de las rentas, el debilitamiento de los modelos sociales nacionales y la marginación de los sindicatos en la elaboración y la aplicación de las directrices socioeconómicas estratégicas de la Unión Europea y sus Estados miembros”.

4. Más recientemente la OIT ha presentado su informe para este año sobre las “Tendencias mundialesdel empleo juvenil”, en el que presta especial atención a la difícil situación de muchos jóvenes que se encuentran en situación de desempleo (12,6 % en 2011 y proyección del 12,7 % para este año), más exactamente alrededor de 75 millones de personas, habiendo acabado la crisis producida en 2008 con el descenso del desempleo juvenil que se había operado en el período 2002-2007 y provocando un incremento de cerca de 4 millones de desempleados desde 2007.

Los datos disponibles con los que trabaja la OIT prevén el mantenimiento de las tasas de desempleo en los próximos años, y de ahí que sea necesario adoptar medidas que posibiliten la inserción laboral, y no sólo esta sino también que se produzca con arreglo a unas condiciones contractuales y salariales dignas y adecuadas, y que sea necesario, con arreglo a las posibilidades y los marcos jurídicos existentes en los diferentes Estados, poner en marchas medidas que eviten que los jóvenes se concentren en empleos de duración determinada y con escasos requerimientos de cualificación y además con niveles salarios reducidos. Entre las medidas propuestas para mejorar la situación a medio plazo se encuentran algunas que son aplicables al conjunto de las políticas laborales y otras dirigidas más específicamente a los jóvenes: políticas macroeconómicas y de crecimiento; programas activos de mercado laboral como desarrollo de servicios públicos de empleo y subsidios salariales y de capacitación, o reducción de impuestos; mejorar la calidad del trabajo y las garantías de protección social; potenciar el diálogo social para poner en marcha medidas para mejorar la situación del empleo juvenil; en fin, “apoyar una mayor información sobre el mercado laboral y los sistemas de análisis, los cuales sirven de base para supervisar los mercados laborales y diseñar e implementar políticas efectivas”.

La lectura del Informe debe completarse con el documento de trabajo presentado a la 101ª Conferencia Internacional del Trabajo con el título “La crisis del empleo delos jóvenes: ¡Actuemos ya!”, en el que se alerta sobre la marginación de los jóvenes y la crisis del empleo juvenil como “una amenaza para la cohesión social y la estabilidad política” si no se corrigen las preocupantes perspectivas para toda una generación de jóvenes de disponer de condiciones de vida inferiores a las de la generación anterior, y el riesgo adicional que todo ello conlleva de  socavar “la confianza de hombres y mujeres jóvenes en los paradigmas de políticas vigentes y en la posibilidad de un futuro mejor”, por lo que es del todo punto necesario enfatizar la importancia de adopción de medidas que conviertan el empleo y la protección social, tanto en general como para los jóvenes en particular, “en objetivos claves de las políticas económicas y las estrategias de desarrollo”. En el bien entendido, y comparto plenamente la tesis que ahora expondré y que he defendido en mis trabajos en los que he abordado la problemática del empleo juvenil, que “los jóvenes no constituyen un grupo homogéneo, de ahí que sea más eficaz centrarse en determinados grupos y desventajas y vulnerabilidades específicas en el mercado de trabajo”, y que para conseguir que ello sea posible “es necesario contar con los recursos y las capacidades administrativas que requiere la aplicación de este tipo de programas específicos y de gran complejidad”.

La OIT defiende políticas que incentiven económicamente la contratación y rechaza las asociadas a trabajos temporales o a salarios inferiores a los de otros trabajadores, y valora positivamente los programas públicos de empleo en economías desfavorecidas para incorporar de forma regular a los jóvenes al mercado laboral. Y no se recata en reconocer que una crisis como la actual afecta, aunque sea de diferente manera, a todos los países, y que deben abordarse acciones a escala internacional “por parte del G-20 y la comunidad internacional, en particular las instituciones financiera internacionales, otras organizaciones multilaterales y regionales, y el sistema de las Naciones Unidas”, y que corresponde a la OIT “recabar el apoyo de todos estos actores”.  

Tampoco conviene olvidar las conclusiones de la recientemente celebrada conferencia de expertos sobreel empleo y la inclusión de los jóvenes en tiempos de crisis, organizada por la presidencia danesa de la UE los días 26 y 27 abril, en la que se ha debatido sobre qué medidas son las más adecuadas para facilitar la incorporación laboral, las transiciones en el mercado de trabajo y la mejora de las cualificaciones requeridas para los nuevos empleos, y en la que se ha enfatizado que la inversión en políticas dirigidas a jóvenes es una apuesta obligada de futuro y que repercutirá en beneficio del conjunto de la población.

5. Concluyo. Buena lectura, para quien tenga tiempo y ganas, de todos los documentos analizados en esta entrada. ¡Ah!, y no olviden la Comunicación de la Comisión Europea de 18 de abril que lleva por título “Hacia una recuperación generadorade empleo”, que completa las prioridades en materia de empleo del Estudio Prospectivo anual sobre el crecimiento, al que dedique especial atención en otra entrada. El llamado “paquete de empleo” se debatirá en una conferencia europea de alto nivel los días 6 y 7 de septiembre, y será entonces, como mínimo, cuando habrá que volver sobre las propuestas de la UE.