domingo, 30 de enero de 2011

Las tendencias mundiales del empleo 2011 según la OIT. Cómo estamos en el mundo tres años después de la crisis.

1. La Organización Internacional del Trabajo presentó el pasado martes su informe anual sobre tendencias mundiales del empleo, que lleva por título “El desafío de la recuperación del empleo”, del que puede leerse tanto un resumen de su contenido como el texto íntegro.

2010 fue el tercer año consecutivo de crecimiento del desempleo a escala mundial desde el inicio de la crisis de 2008, circunstancia que ha llevado al director general de la OIT, Juan Somavia, a reivindicar nuevamente, con ocasión de la presentación del Informe, la creación de empleo como un objetivo macroeconómico tan importante como pueden ser “las altas tasas de crecimiento, la baja inflación y los presupuestos públicos equilibrados”, ya que no debe olvidarse que “para la gente, la calidad del trabajo define la calidad de la sociedad”. En esta misma línea, una de las reflexiones generales de alcance político que se contienen en el Informe es que “La demora en la recuperación del mercado de trabajo agrava los tremendos costos humanos que conlleva la recesión, incluida la reducción de los ingresos a lo largo de la vida y de la empleabilidad, y las mayores repercusiones sociales y en materia de salud. Dado que es muy probable que estos efectos persistan, afectando a la generación actual de trabajadores y amenazando el potencial del capital humano de las generaciones actuales y futuras, es esencial forjar una recuperación sostenible y rica en empleos”.

2. Es interesante, y necesario, comparar los datos y las reflexiones formuladas en el informe de 2008, con datos anteriores al inicio de la crisis, con el de 2011, para conocer la magnitud de los efectos provocados por la misma.

A) Según ponía de manifiesto el informe de 2008, en 2007 continuó observándose un fuerte crecimiento del PIB mundial, a una tasa del 5,2 %; trabajó un total de tres mil millones de mayores de 15 años, lo que representó un aumento de 1,6 por ciento con respecto a las cifras del año anterior y un 17,4 % de aumento con respecto a las cifras de 1997; en fin, de los casi 45 millones de empleos creados entre 2006 y 2007, la mayor parte se creó en Asia Meridional.

Entre 1996 y 2006 la fuerza de trabajo mundial aumentó un 16,6 %, a 2.900 millones de personas, que representaban 2/3 de los 4.600 millones de personas en edad laboral (de 15 años de edad o mayores). Por primera vez en 2006 la participación del sector de los servicios en el empleo mundial total superó a la agricultura, y en 2007, a escala mundial el sector servicios aumentó más su contribución al empleo que el sector agrícola. El primero proporcionaba el 42,7 % de los puestos de trabajo en el mundo; la agricultura en cambio sólo proporcionaba el 34,9 %. El sector industrial, que entre 1997 y 2003 había experimentado una ligera disminución, continuó la incipiente recuperación registrada en los últimos años. En 2007, este sector empleaba al 22,4 % de los trabajadores.

En el informe de 2011 se constata que el desempleo alcanzó a 205 millones de personas en 2010, una cifra superior en 27,6 millones a la registrada en 2.007, con una tasa de desempleo del 6,2 %, un porcentaje superior en 0,6 puntos al 5,6 % de 2007. El informe alerta de que hay pocas esperanzas de que “a corto plazo” se vuelva a los niveles anteriores a la crisis, si bien las circunstancias son bastante diferentes según cuál sea el ámbito geográfico objeto de estudio, poniéndose de manifiesto que la recuperación de los mercados de trabajo es muy desigual, “con un aumento continuado del desempleo en la región de las economías desarrolladas y la Unión Europea frente a una situación de estabilidad a ligera mejoría del desempleo en la mayoría de las regiones en desarrollo”.

Las cifras del informe de 2011 ponen de manifiesto que el núcleo principal de la crisis (en concreto el 55 % del aumento total del desempleo mundial desde el inicio de la crisis) se ha producido en el seno de las economías desarrolladas (incluida la Unión Europea), mientras que estas sólo representan el 15 % de la fuerza de trabajo mundial. Por ámbitos sectoriales, es especialmente preocupante la disminución del empleo en el sector industrial, con una pérdida de 9,5 millones de personas entre 2007 y 2009. El Informe prevé que el desempleo decaiga ligeramente en 2011, pero aún así “seguirá sumando 15 millones de desempleados más que en 2007 (más del 50 por ciento)”

B) Respecto al número de jóvenes en desempleo, un colectivo especialmente afectado por la crisis, las cifras de 2000 son de 77,7 millones (12,6 % de tasa de desempleo sobre el total) más de cuatro millones superior a los 73,5 millones de 2007, un 11,8 %. Si se quiere ver la botella medio lleva en este aspecto, pueden compararse las cifras de 2010 con las del año anterior, y en tal caso debe valorarse de forma positiva que el desempleo juvenil haya descendido en casi dos millones, ya que el número de jóvenes desempleados en 2009 era de 79,6 millones, un 12,8 %.

C) En 2007, cinco de cada diez personas con empleo eran trabajadores familiares no remunerados o trabajadores por cuenta propia. Una proporción de esa magnitud de personas con “empleo vulnerable” era sólo ligeramente inferior a la proporción observada diez años atrás. El nuevo indicador que utilizaba la OIT, denominado “empleo vulnerable”, se calculaba como la suma de los trabajadores por cuenta propia y de los trabajadores familiares no remunerados respecto del empleo total, ya que se trata de personas que suelen trabajan con arreglo a modalidades informales, y se argumentaba que “su inclusión en la categoría de trabajadores con “empleo vulnerable” permitiría confirmar o invalidar la aseveración de que los mercados de trabajo experimentan un proceso de informalización”. En 2010, el número de trabajadores en situación de empleo vulnerable, utilizando los criterios a los que me he referido con anterioridad, se situaba en 209 (últimos datos disponibles) en 1.530 millones, un número semejante al del año anterior y que contrasta con la disminución media que se había dado en los años anteriores de la crisis. Para darnos una real idea de lo que supone ese número, baste decir que “corresponde a una tasa mundial de empleo vulnerable del 50,1 por ciento”

D) En 2007 había 486,7 millones de trabajadores cuyos ingresos no sobrepasaban 1 dólar diario para vivir ellos y sus familias, que es el umbral de pobreza, y 1,3 mil millones de trabajadores no ganaban lo suficiente para sobrepasar el umbral de los 2 dólares diarios; es decir, más de cuatro de cada diez trabajadores eran pobres aunque tuvieran una actividad laboral retribuida. En 2010 la tasa de trabajadores pobres, calculada ahora sobre ingresos inferiores a 1,25 dólares ,era del 20,7 por ciento, cifra que según la OIT “equivale a alrededor de 40 millones de trabajadores pobres más en el nivel extremo de 1,25 dólares de los Estados Unidos en 2009 de lo que hubiese cabido esperar a partir de las tendencias previas a la crisis”. Con respecto a la proporción de trabajadores que percibe menos de 2 dólares diarios, los datos más recientes la sitúan en un 39 % de la población trabajadora, alrededor de 1.200 millones de personas en el mundo.

E) Entre 1997 y 2007 se redujo la proporción de la población en edad de trabajar (15 años y más) que tiene un empleo, conocida como la relación empleo–población. En 2007 dicha relación era de 61,7 por ciento, casi un punto porcentual menos que diez años antes, y la disminución fue mayor en la categoría 15 – 24 años: de un 50,6 por ciento en 1997 bajó a un 47,8 por ciento en 2007, disminución que se justificaba en el Informe tanto por la mayor proporción de jóvenes que estudiaban como por el desaliento para acceder a un empleo en algunas regiones. La brecha entre hombres y mujeres respecto de la participación en el mercado de trabajo continuaba: en 2007 un 49,1 por ciento de mujeres y un 74,3 por ciento de hombres en edad de trabajar tenía empleo.

En 2009, la citada relación empleo-población, disminuyó hasta el 61,2 %, previéndose un nuevo descenso de una décima para 2010. Dicha de forma más clara, muchas economías no generan suficientes oportunidades de empleo para absorber el crecimiento de la población en edad de trabajar, siendo así, como constata el Informe, que “en muchos países la recuperación económica en curso aún no está conduciendo a una expansión suficiente de las oportunidades de empleo”.

F) Por fin, el documento de 2008 enfatizaba que no es fácil capturar todas las dimensiones de un concepto tan complejo como el de empleo pleno y productivo, y un trabajo decente para todos, a través de un conjunto de indicadores que deben satisfacer criterios estrictos, pero para hacerlo posible seleccionó cuatro indicadores: “i) relación empleo–población; ii) empleo vulnerable; iii) proporción de trabajadores pobres (ingresos de hasta un dólar diario); iv) crecimiento de la productividad del trabajo”. En combinación con otros indicadores del mercado de trabajo (entre ellos, la tasa desempleo, los salarios, y la tasa de empleo por sectores), se argumentaba que pueden ser válidos para analizar en detalle el mercado del trabajo en países y regiones a fin de identificar los principales retos que se plantean en el mercado laboral.

3. En el Informe de 2008 se constataba que el proceso de globalización y de rápido cambio tecnológico seguía su curso y continuaba teniendo efectos en los mercados de trabajo en todo el mundo, y que aunque esta evolución seguía planteando retos de envergadura, también traía consigo mayores oportunidades para las personas que luchan por mejorar sus modos de vida, argumentándose que “es probable que sea la primera vez que una perturbación experimentada por una robusta región económica (economías desarrolladas y Unión Europea y sobre todo los Estados Unidos, como resultado de la tormenta en el sector de la vivienda en este país y el elevado precio del petróleo) no haya tenido hasta el momento efectos en las demás regiones”.

Por otra parte, el documento se preguntaba si las regiones eran más fuertes y su grado de integración mayor, respondiendo de forma afirmativa, dado que todas ellas, incluidas las más pobres, habían visto aumentar su participación en los mercados internacionales, lo que había tenido repercusiones importantes en sus mercados laborales. No obstante, se alertaba de que “el déficit de trabajo decente en el mundo sigue siendo enorme. Si se considera que en el mundo cinco de cada diez trabajadores tienen un empleo vulnerable, y que cuatro de cada diez de estos trabajadores y sus familias viven en la pobreza, los retos que se tienen por delante son gigantescos”

En el Informe de 2010 se expone que muchas economías han comenzado a avanzar lenta y cuidadosamente entre las medidas de estímulo y la consolidación fiscal, y que, en la medida en que sea viable desde el punto de vista fiscal, “es crucial mantener o promover medidas que puedan ayudar a impulsar la generación de empleo y a poner en marcha una recuperación sostenible de los puestos de trabajo. La mejora de los resultados del mercado de trabajo contribuiría a una recuperación macroeconómica de mayor alcance y ayudaría a contrarrestar los efectos adversos de la consolidación fiscal”. El documento alerta con claridad, y en la misma línea que han venido haciendo los documentos elaborados por la OIT desde el inicio de la crisis, que “un enfoque limitado en la reducción de los déficits que no aborde el reto de la creación de empleo no hará sino debilitar en mayor medida las perspectivas de empleo y poner en peligro la recuperación”. En fin, desde el plano macroeconómico se defiende que en las economías avanzadas “es preciso contar con políticas e incentivos para estimular la inversión privada, al tiempo que se den a conocer planes creíbles para reducir el déficit presupuestario a medio plazo”, y que para los países con déficit, principalmente los desarrollados, “también es fundamental impulsar las exportaciones netas, que a su vez redundarían en una mayor demanda y en más margen para la consolidación fiscal”. Igualmente, “es preciso prever políticas para impulsar la productividad de la mano de obra con objeto de reducir los costos laborales unitarios y mejorar la competitividad”.

Por último, para los países en desarrollo se defiende la conveniencia de fortalecer las fuentes interna de demanda, ya que hasta ahora han dependido en gran medida sólo de las exportaciones, y se considera que ello es posible porque sus economías “han experimentado una recuperación más rápida del crecimiento, sustentada en un espacio fiscal comparativamente mayor y en unos fundamentos macroeconómicos estables”. No se olvida el informe, como no podía ser de otra forma, de reivindicar el aumento de la protección social, dado que ello se considera fundamental para mejorar la seguridad económica y promover un mayor consumo, ni tampoco la participación y el diálogo social en el seno de las relaciones de trabajo, poniéndose de manifiesto que “as políticas de mercado de trabajo destinadas a mejorar la relación entre el aumento de la productividad de la mano de obra y el aumento de los salarios reales también son primordiales, y deben verse respaldadas por el diálogo social entre trabajadores, empleadores y gobiernos”.

Buena lectura del documento.