1. El pasado día 8 se presentó el denominado “Manifiesto de Madrid por una IA responsable. Hacia una IA democrática, innovadora, inclusiva, sostenible y responsable al servicio del interés público” , elaborado por el Consejo Asesor Internacional de Inteligencia Artificial.
El CAIA fue creado y regulado por la Orden TDF/619/2024, de 18 de junio , configurándolo como “órgano colegiado, que asesorará al Ministerio para la Transformación Digital y de la Función Pública en el despliegue de una IA inclusiva en España, así como en sentar las bases del desarrollo ético de la IA que permitan al ministerio adoptar una posición en la esfera internacional”. Se constituyó los días 20 y 21 de junio, integrado por diez reconocidos expertos y expertas, y siendo presidido por Manuel Castells
En el Manifiesto, tal como se explica
en la nota de prensa del Ministerio para la transformación digital y la función
pública, se defiende el rol legítimo de las democracias "en la
configuración, la gobernanza y la supervisión de la Inteligencia Artificial, de
modo que sus beneficios, oportunidades y capacidades sean compartidas
globalmente y estén alineadas con los derechos humanos y los valores
democráticos”. "La autorregulación de esta tecnología no es
suficiente", ya que “no puede asegurar que se desarrolla en línea con el
interés público
2. La presentación del Manifiesto me ha animado a proceder a un nuevo repaso, obviamente de forma esquemática, de diversas lecturas que he tenido ocasión de efectuar recientemente sobre la relación entre la IA y el mundo del trabajo, para seguir en la misma línea de estudio e investigación que vengo efectuando desde hace ya casi siete años, y que quedó recogida en la recopilación de los textos publicados desde febrero de 2010 hasta el día 10 del mismo mes de 2026, a la que se puede acceder desde la entrada “Sobre tecnología, inteligencia artificial y gestión algorítmica. Impacto en el mundo del trabajo. Presentación, y ordenación y recopilación de artículos publicados en el blog (2020-2026)” , y que también se encuentra disponible en este enlace
Desde la publicación de dicha entrada del blog, he continuado con nuevas reflexiones y aportaciones de documentos, informes y estudios que ponen, total o parcialmente, su atención, sobre la IA y su relación e impacto sobre el mundo del trabajo, que me permito ahora solamente recordar, antes de pasar al examen de los nuevos textos, para ponerlos a disposición de todas las personas interesadas
Entrada “Nuevas aportaciones legales y doctrinales sobre el impacto de la Inteligencia Artificial en las relaciones de trabajo y en la vida política, económica y social”
Entrada “A vueltas con los debates sobre la Inteligencia Artificial (y en especial su impacto sobre la vida laboral). A propósito del Anteproyecto de Ley para su buen uso y gobernanza, y otros documentos de interés”
Entrada “La inteligencia artificial a debate en la próxima Conferencia anual de la OIT. Notas descriptivas de la Memoria del Director General, y repaso a nuevas aportaciones de interés laboral”
Entrada “La inteligencia humana plantea con seriedad y rigurosidad el necesario debate sobre el impacto de la inteligencia artificial en general y en el mundo del trabajo en particular. Mi selección, personal y muy subjetiva, de los contenidos más destacados de la Encíclica Magnífica Humanitas (sin ayuda de la IA), y más lecturas recomendadas sobre IA”
Entrada “Las aportaciones de la doctrina laboralista al Derecho del Trabajo digital y sus marcos normativos (internacional, europeo y español). Segunda iniciativa Interblogs”
Entrada “Sobre los límites de la utilización de la IA para proceder a una extinción de contrato por causas objetivas (o más exactamente sobre la prueba de su aplicación e impacto). Notas a la sentencia de la Sección de lo Social del Tribunal de Instancia de Bilbao, plaza núm. 7, de 6 de julio de 2026”
3. Paso ya, a continuación, al repaso de los documentos que han sido objeto de mi lectura en sus apartados que se refieren de forma total o parcial a la relación entre la IA y el mundo del trabajo (la negrita es mía) .
A) Inicio mi exposición justamente con el apartado dedicado al mundo del trabajo en el Manifiesto de Madrid anteriormente referenciado, que se pronuncia en estos términos:
“Mejora del trabajo
La transformación tecnológica debe orientarse prioritariamente a complementar las capacidades de trabajadores y profesionales, mejorar la calidad del empleo y favorecer organizaciones más colaborativas y eficaces. Las ganancias de productividad derivadas de la IA deberían compartirse con los trabajadores mediante mejoras salariales y de las condiciones laborales, incluidas oportunidades para reducir el tiempo de trabajo sin pérdida salarial.
La transformación digital debe ir acompañada de medidas que garanticen la protección de los trabajadores, el acceso a la formación continua, el diálogo social, unas condiciones laborales justas, medidas para prevenir desplazamientos laborales evitables, apoyo a la recolocación profesional, seguridad de ingresos y salvaguardias frente a la monitorización desproporcionada y otros impactos adversos derivados del uso de la IA. Estas protecciones deberían extenderse a los trabajadores de toda la cadena de valor de la IA, incluidos los trabajadores subcontratados, los etiquetadores de datos y los moderadores de contenido.
El resultado no viene determinado por la tecnología, sino por las decisiones organizativas que la acompañan: quién participa en su diseño, con qué objetivos se implanta y cómo se reparten sus beneficios. De esas decisiones depende que la automatización amplíe las capacidades profesionales.
Los trabajadores y sus representantes deberían tener derechos efectivos para participar en las decisiones relacionadas con el uso de sistemas algorítmicos en el ámbito laboral, entre otros medios mediante el diálogo social, la negociación colectiva y los procedimientos de información y consulta” (la negrita es mía).
B) De indudable interés, y no sólo de carácter histórico, es el informe elaborado para la OIT por Paloma Carrillo, Marta Golin, David Bescond, Avichal Mahajan y Rémi Viné, “Internet móvil y empleo.Datos de 52 países” , publicado el 8 de octubre, cuyo muy amplio y detallado resumen es el siguiente
“Este artículo analiza cómo la expansión de Internet móvil 3G afectó a la participación en la población activa y a la composición del empleo en 52 países, en su mayoría de renta media-alta y alta, que abarcan aproximadamente el 28 % de la población activa mundial, entre 2004 y 2023. Utilizando microdatos armonizados de encuestas de población activa y mapas de cobertura regional de alta resolución, aplicamos regresiones OLS de efectos fijos y una estrategia de variables instrumentales que aprovecha la variación regional en la densidad de rayos. Nuestra principal conclusión es que la expansión de la 3G no tiene efectos uniformes en el mercado laboral: sus consecuencias dependen fundamentalmente de la posición de los países en el proceso de difusión digital y de su nivel de desarrollo económico. En entornos de menores ingresos y menor cobertura, la mayor conectividad aumenta la participación y el empleo, con mayores beneficios para las mujeres, mientras que en entornos más desarrollados y digitalmente maduros, esa misma expansión reduce la participación debido a la caída del empleo, en consonancia con los rendimientos decrecientes en las últimas etapas de la difusión. Las mejoras en el empleo en los contextos más pobres se producen en gran medida a través del trabajo por cuenta propia y familiar, así como en la agricultura, lo que apunta a formas de empleo más vulnerables, mientras que en los contextos más ricos se observa un cambio hacia el empleo asalariado, las grandes empresas y los servicios. Las mejoras también varían en función de las características de los trabajadores, concentrándose entre aquellos con educación básica o intermedia, mientras que el empleo se reduce para los trabajadores con un alto nivel de formación y los de más edad en las economías más avanzadas. Contrariamente a las expectativas optimistas, la expansión de la 3G no reduce sistemáticamente las brechas de género; el hallazgo más sólido en materia de género es un aumento de las ya amplias brechas de género en la exclusión de los jóvenes del mercado laboral, ya que las mujeres jóvenes de los países con menores ingresos tienen cada vez más probabilidades de no estar empleadas ni cursar estudios ni recibir formación. En general, los resultados advierten contra la idea de considerar la infraestructura digital como una tecnología con beneficios predecibles para el mercado laboral, y sugieren que la política de conectividad debe integrarse en una estrategia más amplia que aborde la calidad del empleo, la formalización y el acceso equitativo”.
En el apartado 4,
dedicado a explicar los resultados del estudio, hay un punto concreto que versa
sobre la composición del empleo, en el que se constata que “un aumento del
empleo no es necesariamente sinónimo de una mejora en la calidad del mismo si
está impulsado por empleos vulnerables en lugar de por trabajos asalariados más
estables; por ello, la difusión digital debería ir acompañada de políticas que
promuevan un empleo estable y de calidad para todos. En cambio, en los países
de ingresos más altos, las mujeres presentan el patrón opuesto: un aumento en
la proporción de empleadas y una disminución del trabajo por cuenta propia y
del trabajo familiar no remunerado. En el caso de los hombres, el efecto sigue
la misma dirección y es comparable en magnitud.
En conjunto, los
resultados sugieren que los efectos de la tecnología 3G en el empleo dependen
no solo de si se expande la conectividad, sino también de la etapa de
transformación estructural en la que se produce dicha expansión. En contextos
de ingresos más bajos, la conectividad puede facilitar el acceso al trabajo por
cuenta propia y a la producción doméstica; en entornos de ingresos más altos,
parece estar más estrechamente asociada al empleo asalariado”.
... Desde la
perspectiva de las políticas públicas, estos resultados sugieren que es poco
probable que la infraestructura digital por sí sola genere el mismo patrón de
transformación estructural en todas partes. En los entornos de menores
ingresos, podrían ser necesarias políticas complementarias para garantizar que
la mejora de la conectividad se traduzca en acceso a empleos más productivos,
en lugar de limitarse a reforzar formas de empleo de baja productividad.
... En general,
los resultados relativos a la composición refuerzan el mensaje más amplio
derivado del análisis de la fuerza laboral: los efectos del despliegue de la
tecnología 3G dependen en gran medida del contexto. En entornos de menores
ingresos y menor cobertura, es más probable que la conectividad impulse a los
trabajadores a incorporarse al mercado laboral mediante el trabajo por cuenta
propia, el trabajo familiar no remunerado, las microempresas y, en algunos
casos, la agricultura. En entornos de mayores ingresos o con mayor madurez
digital, los cambios en la composición se asocian más al empleo asalariado, al
desplazamiento hacia el sector servicios y a la expansión empresarial. Estas
diferencias conllevan claras implicaciones para las políticas públicas. Ampliar
la cobertura digital puede fomentar el crecimiento del empleo, pero sin
intervenciones complementarias —como el apoyo a la formalización, la mejora de
las empresas, la capacitación y la protección de los trabajadores—, también
podría aumentar el empleo vulnerable. Por tanto, los resultados sugieren que la
política de infraestructura digital debería integrarse en una estrategia de
empleo más amplia, adaptada a la etapa de desarrollo y transformación
estructural de cada país.
C) La tercera referencia
es la del estudio realizado en Francia por Marco G. Palladino, Antonin
Bergeaud, Antoine Bertheau, Simon Bunel, y Oscar Degos, “IA generativa: losprimeros cambios en el mercado laboral para los jóvenes”, hecho público el 8 de octubre,
en cuyo resumen se expone que “Desde finales de 2022, las contrataciones de
jóvenes con contratos indefinidos (CDI) han disminuido más en aquellas
profesiones cuyas tareas pueden realizarse o asistirse más fácilmente mediante
IA generativa. También se observa un descenso en la finalización de contratos,
mientras que el empleo total en las empresas que declaran un uso intensivo de
la IA no difiere significativamente del de otras empresas. Así, los primeros
cambios observados se manifiestan más a través de las entradas y salidas de
personal que mediante una reducción visible del número total de empleados”.
En el estudio, se
constata que “El descenso de las contrataciones se concentra en los más
jóvenes”, poniéndose de manifiesto que
“Una vez
clasificadas las profesiones según su exposición a la IA, la brecha resulta
evidente en el grupo de 21 a 29 años. En marzo de 2026, las contrataciones con
contrato indefinido en el quintil de profesiones más expuesto se sitúan
aproximadamente un 28 % por debajo de su nivel de noviembre de 2022, frente al
8 % del quintil menos expuesto ... La
diferencia entre ambas trayectorias alcanza así unos veinte puntos
porcentuales. Esta brecha se reduce en los grupos de 30 a 39 años y de 40 a 49
años, y llega a ser casi inexistente para los trabajadores de 50 años o más...
La evolución de la
finalización de contratos sigue la misma tendencia, aunque su descenso es menos
pronunciado que el de las contrataciones. En el grupo de 21 a 29 años, estas
cifras se sitúan aproximadamente un 23 % por debajo de los niveles de noviembre
de 2022 en el quintil más expuesto, frente a un 6 % en el quintil menos
expuesto. El descenso simultáneo de las entradas y salidas refleja una menor
rotación de la mano de obra. Dado que las contrataciones disminuyen más que
la finalización de contratos, la renovación de las plantillas se ralentiza,
especialmente entre los jóvenes y en las ocupaciones más expuestas.
No obstante, los
primeros estudios disponibles en el extranjero ofrecen un panorama todavía
dispar. En Estados Unidos, Brynjolfsson et al. (2026) también observan un
deterioro relativo del empleo juvenil en las ocupaciones expuestas, debido
principalmente a una reducción de las contrataciones. En cambio, en Noruega,
Hernæs y Kostøl (2026) no detectan un retroceso relativo en el quintil más
expuesto al analizar el conjunto de ocupaciones de los trabajadores jóvenes. En
Dinamarca, Humlum y Vestergaard (2026) observan sobre todo una rápida
reorganización de las tareas, sin efectos medios apreciables sobre las horas
trabajadas o los ingresos. Estas diferencias sugieren que es preferible
distinguir entre ocupaciones, márgenes de ajuste e instituciones, en lugar de
intentar determinar desde ahora un efecto medio único de la IA sobre el empleo.
En el estudio se
constata también un dato de indudable interés, cual es que la difusión de la IA
coincide con otros cambios en el mercado laboral, explicado en estos términos:
“No obstante, el
descenso de la contratación de personal joven en los sectores expuestos se
produce en un momento en que diversos factores han afectado a los mismos
empleos. El endurecimiento de la política monetaria y la corrección del sector
tecnológico tras la pandemia de COVID-19 lastraron la contratación a partir de
2022, especialmente en profesiones que, a su vez, están muy expuestas a la IA.
El teletrabajo —que también parece tener un efecto negativo en la contratación
de jóvenes— complica aún más la interpretación, ya que afecta en gran medida a
las mismas categorías de empleo y ha modificado profundamente su organización.
Por tanto, la IA, el teletrabajo y el ciclo laboral no constituyen
necesariamente explicaciones excluyentes entre sí, dado que pueden haber
afectado simultáneamente a las mismas empresas y tareas.
En fin, los
autores muestran que la ralentización de la contratación puede alterar el
inicio de la carrera profesional, exponiendo que la misma “puede tener
repercusiones que van mucho más allá del número de empleos que no se están
creando actualmente. De hecho, diversos estudios teóricos recientes demuestran
que la automatización de las tareas asignadas a los principiantes puede reducir
el aprendizaje mediante la práctica y, a largo plazo, la acumulación de capital
humano futuro (p. ej., Asriyan et al., 2026; Afrouzi et al., 2026). Nuestros
resultados no permiten afirmar que este mecanismo esté operando ya en Francia.
No obstante, muestran que la contratación de jóvenes en las ocupaciones
expuestas —el ámbito donde este fenómeno podría manifestarse inicialmente— ha
comenzado a contraerse. Por tanto, centrarse únicamente en el empleo total
podría llevar a pasar por alto parte del ajuste si la IA altera, en primer
lugar, la renovación de las plantillas y la formación de los trabajadores.
D) Mi atención se
centra a continuación en el artículo “Política laboral para la era de la IARecomendaciones de la literatura económica” de Guy Ben-Ishai y Neil C. Thompson
, publicado el 15 de septiembre, en cuya introducción se sintetiza el artículo,
referido a la realidad de los Estados Unidos pero creo que con indudable
interés para todos los países, en estos términos:
“ El debate sobre
la IA y el trabajo suele plantearse como una disyuntiva entre el desempleo
masivo y la mejora generalizada de las capacidades humanas. La evidencia
económica no respalda ninguna de las dos conclusiones. En cambio, la literatura
sugiere que la IA probablemente producirá resultados muy divergentes en el
mercado laboral, con plazos muy diferentes, desplazando rápidamente algunas
formas de trabajo y, al mismo tiempo, mejorando gradualmente otras. Es probable
que estos efectos varíen sustancialmente entre ocupaciones, sectores e incluso
empleadores.
La principal
contribución de la literatura económica no consiste simplemente en demostrar
que la adopción de la IA será divergente y desigual, sino también en demostrar
que la exposición a la IA es un principio organizativo erróneo para las
políticas laborales. Lo que importa no es solo si una determinada ocupación se
ve afectada, sino también cómo la IA modifica el valor del trabajo humano y si
mejora la experiencia humana o reduce las barreras a las oportunidades
económicas.
Investigaciones
económicas recientes ofrecen cuatro hallazgos clave que arrojan luz sobre estas
cuestiones y pueden ayudar a definir la respuesta de los responsables
políticos. En primer lugar, la exposición a la IA no se traduce necesariamente
en automatización o mejora comercialmente viables. En segundo lugar, la
cuestión central no debería ser simplemente si la IA crea o destruye empleos,
sino también cómo modifica el valor de la experiencia humana. En tercer lugar,
la adopción exitosa de la IA requiere no solo saber cómo usarla, sino también
cuándo confiar en ella. En cuarto lugar, a medida que los modelos se vuelven
más fiables y capaces de completar tareas más largas y complejas, la adopción
de la IA puede volverse más autónoma y comercialmente viable en una gama más
amplia de flujos de trabajo.
Estos hallazgos
desaconsejan tanto la complacencia como una intervención inmediata y
generalizada en toda la economía. En cambio, las políticas laborales deberían
anticiparse a los peores inconvenientes potenciales de la IA y desarrollar un
marco normativo específico que pueda adaptarse a la evolución del mercado
laboral. Deberían priorizar las áreas donde las políticas pueden tener el mayor
impacto económico: apoyar a los trabajadores que realmente pierden su empleo y
ampliar el acceso a nuevas oportunidades de alta rentabilidad. Los programas
deberían involucrar directamente a los empleadores en su diseño y promover la
formación práctica especializada, los programas de aprendizaje y el seguro de
salarios.
El desafío
principal no es predecir todos los empleos que la IA afectará, sino desarrollar
un nuevo marco capaz de identificar disrupciones imprevistas y determinar
cuándo, dónde y cómo deben responder las políticas laborales.
En el resto del
artículo, destacamos por qué es imperativo que las políticas públicas
respondan, analizamos la tensión entre la incertidumbre política y los costos
de la inacción, discutimos cuatro ideas clave de la literatura económica y sus
implicaciones para las políticas laborales, y proponemos cinco líneas de
acción basadas en dichas ideas. Específicamente, recomendamos priorizar a los
trabajadores desplazados y las oportunidades emergentes de alta productividad,
diseñar capacitación especializada, adaptar los programas a los cambios en la
experiencia humana, ampliar los programas de aprendizaje y establecer un
programa federal de seguro salarial.
E) Por último, mi
atención se detiene en el análisis que efectúa el informe de BBVA y FEDEA “ObservatorioTrimestral del Mercado de Trabajo 2T2026” , publicado el 17 de septiembre y coordinado por
Florentino Felgueroso (FEDEA) y Rafael
Doménech (BBVA Research).
El informe dedica
un apartado monográfico a “IA generativa, estructura ocupacional y entrada
al mercado de trabajo”, en el que se constata, entre otras aportaciones, que
“La exposición
potencial a la IA generativa presenta importantes diferencias entre ocupaciones
y grupos de trabajadores. Las ocupaciones administrativas, financieras,
informáticas y profesionales se encuentran entre las más expuestas, mientras
que las de carácter manual -especialmente, las relacionadas con la construcción
y el sector primario- presentan niveles considerablemente menores ...
Más del 40 % de
las personas empleadas con estudios superiores trabaja en ocupaciones de alta
exposición (en el último cuartil de los valores del índice de exposición, Q4),
frente a alrededor del 15 % de quienes tienen ESO o menos. Casi la mitad de
estos últimos se concentra en ocupaciones de baja exposición (en el primer
cuartil de los valores del índice de exposición, Q1), frente a menos del 10 %
entre la población trabajadora con estudios superiores...
Y que en España, a
diferencia de otros países, “En un mercado de trabajo en expansión, no
observamos todavía un peor comportamiento agregado del empleo en las
ocupaciones más expuestas a la IA ni un desplazamiento evidente de los nuevos
entrantes hacia ocupaciones menos expuestas. No obstante, comienzan a aparecer
indicios de ajustes en segmentos concretos: un reciente informe de la Fundación
CYD, DigitalES e InfoJobs señala que las ofertas de empleo para programadores
junior disminuyeron un 33 % entre 2025 y 2026, al tiempo que aumentaba la
demanda de perfiles vinculados al desarrollo y la integración de la IA. Con una
adopción todavía en expansión y una brecha entre exposición potencial y uso
efectivo, estos resultados deben interpretarse como una primera fotografía de
una transformación en curso, que habrá que seguir a medida que se generalice el
uso de estas tecnologías”.
Continuara, seguro. Mientras tanto, buena lectura.
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