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jueves, 15 de enero de 2026

La OIT manifiesta su preocupación por el incremento de las desigualdades y el estancamiento del empleo de calidad. Notas al Informe de tendencias sociales y del empleo 2026.

 

1. Fiel a su cita anual, la OIT publicó el día 14 su informe anual sobre tendencias sociales y del empleo (texto íntegro en inglés disponible aquí   , y amplio resumen ejecutivo en castellano disponible aquí 

En dicho resumen ejecutivo, los titulares de cada apartado en el que se sintetiza una parte del Informe, ya nos permiten intuir por donde van las preocupaciones de la OIT.

En primer lugar, se afirma que  “los avances en la calidad de empleo se han estancado”; en segundo término que “el desempleo no presenta signos de variación, aunque se vislumbran riesgos inminente; a continuación que “el crecimiento de la productividad y de los ingresos laborales no alcanza el nivel necesario para impulsar el trabajo decente”; más adelante, que “las difíciles condiciones del mercado laboral para los jóvenes podrían verse agravadas con la adopción de la IA”; sigue la mención a que “las perturbaciones y los patrones cambiantes del comercio repercuten en el comportamiento del empleo”; y por fin, a modo de conclusión, que “un crecimiento más alto y un sólido marco institucional son condiciones necesarias para remediar los déficits de trabajo decente”

En la nota de prensa depresentación del informe  , a la que se acompaña un vídeo en el que se explican los puntos más destacados, se efectúa una buena síntesis de su contenido, siendo su título y subtítulo un fiel reflejo de las preocupaciones de la OIT: “La calidad del empleo a nivel mundial se estanca pese a un crecimiento resiliente”, y “Persisten los desafíos, especialmente para los jóvenes y las mujeres, según el informe Tendencias Sociales y del Empleo 2026”.

En el texto se expone que “... la inteligencia artificial y la incertidumbre en materia de políticas comerciales podrían debilitar aún más los mercados de trabajo”, y se recogen las declaraciones del Director General Gilbert F. Houngbo, para quien “el crecimiento resiliente y las cifras estables de desempleo no deben distraernos de una realidad más profunda: cientos de millones de trabajadores siguen atrapados en la pobreza, la informalidad y la exclusión”.

2. La importancia del Informe anual de la OIT ya ha merecido la atención de los medios de comunicación.

Valga citar el artículo   de las redactoras de eldiario.es Laura Olías y Lucía Llargués “La OIT advierte de los riesgos de la IA para la inserción laboral de los jóvenes con alta cualificación”, acompañado del subtítulo “La organización prevé que un menor crecimiento del empleo en 2026 y que el paro se mantenga estable, y advierte de la incertidumbre comercial en el mundo y las persistentes brechas de género”.

Y, también el artículo  del redactor de El País Emilio Sánchez “ La ONU advierte de un estancamiento mundial de las condiciones laborales y teme un futuro a peor”, acompañado de un amplio subtítulo: “Los salarios reales no se han recuperado de la crisis de inflación, la IA amenaza el acceso de los jóvenes cualificados al empleo y crece el trabajo irregular, según la OIT. Pese a la incertidumbre global, no aumenta el paro”.

3. Desde mediados de la pasada década he dedicado especial atención en el blog a los informes anuales de la OIT, al igual que he hecho con las notas publicadas periódicamente desde el inicio de la crisis sanitaria en 2020, con sus devastadoras consecuencias económicas y sociales, sobre las perspectivas sociales y de empleo en el mundo.

Para quien desee consultar unas amplias síntesis de los informes anuales publicados desde 2014, remito a las entradas que enumero a continuación:

- Entrada  (2014 a 2020).  Perspectivas sociales y del empleo en el mundo – Tendencias 2020. Notas al informe de la OIT y amplio recordatorio de los anteriores (2014 a 2019)    

Entrada (2021). El papel de las plataformas digitales en la transformación del mundo del trabajo. Notas al Informe OIT 2021.  

Entrada   (2022). El incremento de las desigualdades durante la crisis. OIT, FOESSA, INTERMON-OXFAM. Lecturas recomendadas. 

Entrada (2023). Las desigualdades se incrementan, y el mundo del trabajo las sufre cada vez más a escala internacional (OIT y Oxfam Intermón dixit, ¿y el Foro Económico Mundial?). 

Entrada  (2024). Sigamos hablando de las desigualdades (aunque sea reiterar e incluso reforzar lo expuesto en años anteriores) y de propuestas para su corrección (solo por algunos). Fórum Económico Mundial, Oxfam, OIT, FMI. 

Entrada  (2025). OIT, Foro Económico Mundial, OCDE, Oxfam, FOESSA. Siguen los debates sobre la realidad y el futuro del empleo... y del crecimiento de las desigualdades. Un repaso a recientes informes y documentos  

4. El Informe 2026 consta de tres capítulos, a los que siguen unas breves conclusiones. El primero, está dedicado a las tendencias y perspectivas mundiales; el segundo, trata sobre el empleo y las tendencias sociales por región; el tercero, versa sobre los cambios en los patrones del comercio y el empleo. Entre los mensajes claves que se recogen en cada capítulo, merecen destacarse a mi parecer aquellos que expongo a continuación:

5. En el primer capítulo, es importante subrayar la diferencia existente entre el número de personas desempleadas previsto para 2026, 186 millones, y el del “déficit de empleo”, que alcanza a 408 millones, concepto este último que incluye no sólo a las personas desempleadas sino también a personas trabajadoras desanimadas y a quienes desearían trabajar pero no tienen posibilidades por motivos como el cuidado de otras personas.

Como bien se indica en el título de la nota de prensa antes referenciada, una parte importante del empleo mundial, de la población activa, está ajeno, obviamente de manera involuntaria, a lo que se califica de “calidad del empleo”, que en el ámbito europeo comunitario se identifica como “remuneración justa, condiciones de trabajo seguras y saludables, protección contra el estrés y otros riesgos en el trabajo, seguridad laboral, conciliación de la vida familiar y la vida profesional, igualdad de género, acceso a las capacidades, formación y desarrollo profesional, una sólida protección social y cobertura de la negociación colectiva” (remito a la entrada “UE. La Comisión pone en marcha la hoja de ruta para la creación de puestos de trabajo de calidad”  )

Los datos son harto significativos, a la par que preocupantes: “En 2025, 284 millones de trabajadores en todo el mundo vivían en condiciones de pobreza extrema, con menos de 3 dólares al día, mientras que la proporción de trabajadores pobres extremos en los países de bajos ingresos aumentó de forma preocupante en 0,8 puntos porcentuales entre 2015 y 2025. Además, 2100 millones de trabajadores (el 57,7 %) en el mundo son informales, y la tendencia va en aumento”. Se destaca más concretamente que “Las tasas de empleo informal siguen siendo generalizadas en subregiones como América Latina y el Caribe, Asia sudoriental y Asia meridional, y son más elevadas en África subsahariana, donde casi nueve de cada diez trabajadores tenían un empleo informal en 2025”. Aun cuando el crecimiento del empleo en los países de ingresos bajos se destaca en el informe (previsión de 3,1 % para 2026) “gracias al fuerte crecimiento poblacional y a una gran cohorte de jóvenes que se incorporan al mundo del trabajo”, el Informe manifiesta su preocupación ya que “el tenue crecimiento de la productividad y la escasez de oportunidades de trabajo decente amenazan con impedir que estos países se beneficien de un posible dividendo demográfico” (la negrita es mía).

Sobre quiénes son las personas más afectadas por las nuevas, y algunas mucho más antiguas, realidades del mundo laboral a escala mundial, el informa pone nuevamente el acento en las dificultades que encuentran las mujeres (volveré más adelante sobre ello). Por lo que respecta a los jóvenes, se destaca que se enfrentan a perspectivas laborales difíciles, “ya que las empresas podrían reducir la contratación y la inteligencia artificial amenaza los puestos de nivel inicial”, y se subraya nuevamente la preocupación d ela OIT por los jóvenes que ni estudian ni trabajan, un 20%, que se concreta en que “257 millones de jóvenes perdieron la oportunidad de adquirir educación, competencias profesionales y/o experiencias laborales de gran valor para sus perspectivas de futuro en el mercado laboral”, acentuándose el problema en los países de ingreso bajo, “donde las tasas de ninis fueron hasta 17 puntos porcentuales más altas que en los países de ingreso alto”.

Ahora bien, conviene una vez más enfatizar que no hay una categoría homogénea de jóvenes, y que el status familiar tiene una incidencia significativa sobre cómo se acceder, es decir con qué condiciones, al mundo laboral, como bien se destaca por Joaquim González en una reciente entrada en su blog, titulada “Meritocracia: ¡porque yolo valgo!  , en el que efectúa una buena síntesis del estudio “Who rides out the storm? The immediate post-college transition and Its role in socioeconomic earnings gaps” https://www.nber.org/system/files/working_papers/w34366/w34366.pdf?utm_source=chatgpt.com , y concluye que “

“Quien cuenta con respaldo familiar puede rechazar ofertas malas, permitirse meses de búsqueda, hacer prácticas mal pagadas mientras acumula contactos, esperar la oportunidad adecuada. Ese tiempo no es un sacrificio: es una inversión sostenida por un colchón económico y afectivo. Quien no dispone de ese margen acepta lo que primero aparece. Y lo que aparece pronto, demasiadas veces, es un empleo peor pagado, menos estable o escasamente relacionado con la formación recibida. No es falta de ambición ni de mérito, es una urgencia material. Hay alquileres, facturas, responsabilidades familiares,…., pendientes. La necesidad empuja y la elección se convierte en imposición...”

Sobre la importancia de la inteligencia artificial en las relaciones de trabajo, remito a la reciente entrada “Inteligencia artificial y trabajo. Nuevas aportaciones del Parlamento Europeo, del Senado, y de la doctrina laboralista”  También me permito recomendar la lectura del artículo “Intervista dei sindacati sull’IA: rischi, tutele e strategie per il lavoro”, publicado en la Revista Labour&Law Journal  (2025)  en el que destacados dirigentes de los tres principales sindicatos italianos (CGIL, CISL y UIL) debaten sobre el impacto de la IA en las relaciones laborales. Unas manifestaciones del responsable de la Fundacion de la CIGL me parecen una perfecta síntesis de todas las reflexiones que se contienen en el artículo:

“F. Sinopoli (FDV-CGIL): El reto para los sindicatos es, ante todo, no aceptar una discusión fatalista. La tecnología no es neutral, infalible ni inevitable. La clave está en cómo intervenir para gobernar los procesos democráticamente y redistribuir la riqueza producida. A lo largo de la historia, los beneficios del progreso nunca se han redistribuido a la comunidad de forma natural, sino a través de las relaciones sociales establecidas... . El terreno del conflicto social sigue siendo esencial, pero, al mismo tiempo, los sindicatos deben cuestionar los efectos de la IA en el empleo y buscar negociarlos y regularlos.

El objetivo principal es defender el empleo y exigir una reducción de la jornada laboral, manteniendo la igualdad salarial. A continuación, comprender cómo está cambiando la organización del trabajo (también porque los procesos a menudo no son muy transparentes ni visibles) e intervenir para prevenir el aumento del ritmo y el estrés, la reducción de salarios y derechos, y la descualificación de las profesiones. El sindicato debe exigir participación en los procesos de implementación de nuevas tecnologías y en los procesos de formación, actualización y reconocimiento profesional, para que las desigualdades en el lugar de trabajo no aumenten y nadie se quede atrás. Especialmente las generaciones más jóvenes.

Debemos exigir el cumplimiento de la normativa vigente y, al mismo tiempo, regular lo que no lo es, por ejemplo, el uso de datos digitales, su transparencia, el respeto a la privacidad y, sobre todo, la dignidad de los trabajadores. También debe abordarse la cuestión del reconocimiento salarial de los datos digitales. El big data es el nuevo combustible de la economía basada en la IA, ya que es necesario para su formación, pero el valor que genera no se redistribuye entre quienes lo producen.

En las primeras fases, los sindicatos deben cuestionar los límites de la IA y oponerse a ella, especialmente cuando la ética, la democracia y la dignidad de los trabajadores están en juego. Por lo tanto, es crucial esclarecer los mecanismos de explotación que se esconden tras la IA: desde el consumo de energía hasta el reforzamiento de la discriminación, pasando por la inaceptable explotación de los trabajadores de datos en el Sur global”.

6. En el capítulo 2, se valora de forma positiva en primer lugar el crecimiento del empleo estable, y el mantenimiento, o incluso reducción, del desempleo “en la mayoría de las regiones entre 2024 y 2025”, lo que no obsta a que siga existiendo, como acabo de exponer, un importante déficit de empleo de calidad, así como también una preocupante “pobreza laboral” en algunas regiones, siendo muy significativo el dato de que tal realidad afectaba el pasado año a más de la mitad del empleo total en la región subsahariana, algo que sin duda debe tenerse en consideración para comprender la importancia de los flujos migratorios de esa región hacia países desarrollados, y más ante una realidad demográfica de crecimiento de la población joven en la misma que contrasta fuertemente con el de envejecimiento que se está produciendo en otros lugares.

Dicho envejecimiento también tiene un impacto innegable en el menor crecimiento de la población activa a escala mundial, y así se sintetiza en el resumen ejecutivo: “El menor crecimiento de la población activa en un contexto de cambios demográficos está estabilizando las tasas de desempleo a pesar del débil crecimiento del empleo. Se prevé que la tasa mundial de actividad siga disminuyendo hasta alcanzar el 60,5 por ciento en 2027. Esta tendencia estructural a la baja, motivada en parte por el creciente número de jubilados en una población que envejece, ha vuelto a acelerarse ante la interrupción del efecto moderador provocado por las crecientes tasas de actividad femenina en los países de ingreso mediano bajo y de ingreso alto entre 2015 y 2025” (la negrita es mía).

La menor presencia femenina en el mercado de trabajo es destacada en el Informe cuando aborda la realidad laboral en los Estados árabes, norte de África y Sur de Asia, subrayándose que ello “refleja los obstáculos que desde hace tiempo encuentran las mujeres, tanto en el acceso al mercado laboral como a un empleo digno y productivo”. En el resumen ejecutivo se apunta un dato que me parece de especial interés y que demuestra que hay factores externos al mundo laboral y que inciden de forma muy relevante en el mismo: “la brecha entre hombres y mujeres muestra una variación más fuerte entre grupos de países clasificados por geográfica que por nivel de ingreso, lo que pone de relieve la influencia de los usos y estereotipos sociales en estos patrones” (la negrita es mía).

Con carácter general, se constata que “la probabilidad de que las mujeres formaran parte de la población activa fue 24,2 puntos porcentuales más baja que la de los hombres, y la proporción de mujeres jóvenes que ni trabajan ni estudian ni reciben formación (ninis) fue 14,4 puntos porcentuales más elevada que la de los hombres jóvenes”, así como también que “las diferencias de género en indicadores como la incidencia del trabajo familiar auxiliar y la proporción de trabajadores en situación de pobreza extrema no han disminuido”.

7. En el capítulo tercero, al examinar cuáles son los cambios que se observan en los patrones del comercio y del empleo, se subraya que los puestos de trabajo con vínculos comerciales, es decir los que se encuentran en el ámbito de la economía globalizada (que se calculaban en 2024 en alrededor de 465 millones en 80 países y territorios) “...  son generalmente de mayor calidad, con menos informalidad, mejores salarios y una mayor inclusión de mujeres y jóvenes en los países de ingresos bajos y medios, en comparación con los puestos de trabajo en sectores que dependen menos de la demanda extranjera”.

Lógicamente, el informe de la OIT no es ajeno a las preocupaciones manifestadas en casi todos los elaborados recientemente por organismos internacionales y europeos sobre las incertidumbres comerciales que derivan de la cada vez más cambiante realidad política y económica, apuntándose con precaución, si bien evidentemente con cierto fundamento ante el mapa político y económico con el que nos encontramos en la actualidad a escala mundial, que ello podría tener “un impacto significativo en los mercados laborales”.

Tal como se destaca en las conclusiones, “Es probable que la incertidumbre comercial siga siendo una característica persistente del panorama económico mundial, al menos a corto plazo. Esta dinámica se desarrolla en paralelo a procesos más amplios de transformación estructural y digitalización, que están remodelando el comercio, las cadenas de suministro y los sistemas de producción”, así como también que “La creciente participación del comercio de servicios está  alterando las demandas de competencias y redefiniendo los patrones de empleo,  mientras que la regionalización ofrece oportunidades para fortalecer los vínculos intrarregionales de empleo a través de una mayor integración, la inversión en cadenas de valor regionales y marcos coordinados para mejorar la infraestructura y la capacidad institucional. La intersección de la incertidumbre comercial con estos cambios a largo plazo será fundamental para comprender cómo anticiparse y prepararse para los desafíos de los mercados laborales en los próximos años”.

Datos relevantes de este capítulo son a mi parecer que los servicios de mercado representaban casi la mitad del empleo vinculado al comercio, con un 49 % en 2022, frente al 36 % en 1995, algo que, destaca el Informe, “refleja el papel cada vez más importante de los servicios y las actividades intensivas en conocimientos en las cadenas de suministro mundiales”, así como también que si bien los flujos comerciales y de inversión entre los países de ingresos bajos y medios han pasado del 6 % en 2005 al 14 % en 2024, ello no impide que “los esfuerzos por regionalizar el comercio para aumentar la resiliencia siguen siendo desiguales, y los países de ingresos bajos y medios corren el riesgo de quedarse atrás en la reconfiguración de las cadenas de suministro mundiales.”, afirmación que se concreta en el dato de que los países de bajos ingresos “siguen estando en gran medida excluidos de los flujos de inversión transfronterizos, ya que solo atraen el 1,2 % de las entradas mundiales de inversión extranjera directa (IED) en 2024”.

8. Para concluir, resalto que en la nota de prensa de presentación del informe se destaca, algunas recomendaciones que se formulan en el Informe, como son:  

“Aplicar políticas que impulsen la productividad, como la inversión en competencias, educación e infraestructura.

Abordar las brechas de género y de los jóvenes, eliminando los obstáculos a la participación y aprovechando la tecnología de manera responsable.

Fortalecer los vínculos entre comercio y trabajo decente para que todas las regiones se beneficien de los flujos globales.

Mitigar los riesgos derivados de la deuda, la IA y la incertidumbre comercial mediante políticas coordinadas a nivel mundial y nacional”.

Y también que en el resumen ejecutivo se concluye que los países no pueden esperar, en especial los de mediano y bajos ingresos, que decisiones adoptadas a escala mundial puedan resolver sus problemas y que serán necesarias medidas propias para abordarlos. Dicha conclusión se expone en estos términos:

“Pese a la resiliencia de las tasas mundiales de desempleo frente a un panorama de incertidumbre económica, el mundo sigue sin lograr reducciones significativas de los déficits de trabajo decente. Habida cuenta de la evolución demográfica en los mercados de trabajo mundiales, cabe prever que los déficits de trabajo decente vuelvan a aumentar tras el prolongado periodo de mejora observado en los decenios pasados. Por otro lado, ante la progresiva adopción de la IA, la incertidumbre en torno a la política comercial, los bajos niveles de inversión extranjera directa y la atonía del crecimiento del comercio, será difícil que mejoren las condiciones de trabajo mediante una expansión del empleo en los sectores relacionados con el comercio. En tiempos de escaso crecimiento mundial y de disminución de la ayuda oficial al desarrollo, los países deberán apoyarse cada vez más en políticas internas y otros factores de transformación económica para promover el trabajo decente”.

Buena lectura.   

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